Marco Aurelio, filósofo estoico: "La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos"

Vamos a entrenar mentalmente un poquito para que nuestro bienestar no se nos escape entre rumiación mental y bucles infinitos 

La Felicidad De Tu Vida Depende De La Calidad De Tus Pensamientos
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Anabel Palomares

Editor

Es complicado ver las situaciones que vivimos de una forma diferente a lo que las emociones nos dictan. Y no es que tengamos que prescindir de ellas, sino que podemos reconducirlas para conseguir así ser un poco más felices. La frase de Marco Aurelio, “la felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”, afirma que no son los hechos externos los que determinan nuestro bienestar, sino cómo los interpretamos y valoramos internamente. Es decir, lo que pensamos y estructuramos dentro de nuestra cabecita, da forma a nuestra felicidad sin darnos cuenta.

La frase funciona como un resumen de toda una idea central de la filosofía estoica, la dicotomía del control desarrollada por Epicteto. En ella lo que se hace es separar la vida en dos áreas, una que depende de nosotros -nuestros deseos, nuestras opiniones, nuestros pensamientos, nuestras acciones- y otra que no. Al enfocar nuestra energía en lo primero y aceptar lo segundo, reducimos la ansiedad y con ello, nuestra felicidad aumenta. 

Aunque la frase se ha convertido en una de las citas más compartidas atribuidas a Marco Aurelio, en realidad no aparece textualmente en su libro más famoso, ‘Meditaciones’, aunque aparece en traducciones inglesas posteriores como la de Jeremy Collier en el siglo XVIII. Sea una paráfrasis o una cita textual, esta reflexión del emperador romano es la síntesis perfecta de algo que no ha pasado de moda. Tiene más de 2000 años pero podemos seguir aplicándola sin ningún problema a la vida actual. 

Cuando Marco Aurelio hace referencia a la “calidad” de tus pensamientos, no lo hace desde una formulación optimista. No trata de que usemos el filtro del buen rollo y la positividad para enmascarar la verdad, sino que evaluemos lo que ocurre de una forma racional. De esta forma conseguiremos desarrollar juicios que no nos esclavicen emocionalmente a circunstancias externas. No es simplemente pensar positivo sino reflexionar teniendo en cuenta lo que realmente depende de nosotros y lo que no, porque sobre lo segundo no existe ningún tipo de control. 

Lo que imaginas, te moldea

Decía el estoico que “como sean las cosas que imagines frecuentemente, tal será tu inteligencia; pues el alma queda teñida por las representaciones”. Lo que pensamos termina por convertirnos en lo que somos porque la mente se moldea según los pensamientos que repite. En el estoicismo, esas “representaciones” (phantasiai) son las impresiones que hacemos de la realidad. Es decir, cómo interpretamos lo que ocurre. Si tuvieramos que explicarlo con palabras algo más actualizadas, podría decir que Marco Aurelio sostiene que “no solo reaccionas al mundo sino que te construyes internamente a partir de lo que decides pensar”.

Te pongo un ejemplo para que se entienda mejor. Tu jefe te dice que tu proyecto no está al nivel esperado y que hay que rehacer partes importantes. El hecho objetivo es que existe una crítica y hay trabajo extra. Pero eso no es lo importante. Si Marco Aurelio fuera tu pepito grillo te diría que lo que importa es la representación que haces de ese hecho. Ahí tienes dos opciones:

  1. Pensar en bucle cosas como “soy incompetente”, “nunca hago nada bien” o “mi jefe está pensando en despedirme”, y rumiar una y otra vez lo mismo. Si lo haces repetidamente, comenzarás a trabajar con miedo en esos cambios que te ha pedido tu jefe, evitarás asumir nuevas responsabilidades porque te sientes inseguro y hasta tu identidad girará en torno a un hecho (la crítica). 
  2. Con la que se aplicaría ese estoicismo de Marco Aurelio, lo que nos diríamos después de hacer un análisis racional de lo ocurrido es que han criticado nuestro trabajo pero no nuestra persona, que hay cosas a mejorar, que podemos aprender algo de esto. El hecho (la crítica y el posterior trabajo), es el mismo. La representación que hacemos de él, es diferente, y lo que nos provoca, también. Con esta representación la emoción baja de intensidad, el ego deja de ser el centro de atención, no te defines por un error y actúas con más claridad. 

Si es que somos lo que pensamos, aunque nos cueste creerlo. Y entrenarlo es accesible, solo hay que bajar un poco la intensidad de las emociones para intentar verlo con otra perspectiva, algo que podemos hacer con el journaling, por ejemplo. Si te cuesta, prueba el ejercicio de la otra cara de la moneda que propone el psiquiatra Fernando Mora. Cambiará radicalmente tu manera de pensar.

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Fotos | Flickr, Sage Friedman en Unsplash

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