Te ha pasado un millón de veces: no te gusta una canción (incluso puede que la odies) y, de repente, te descubres tarareándola mientras lavas los platos o sacas al perro. A mí me pasa constantemente. Yo, por ejemplo, llevo semanas torturando a todos los que me rodean con 'Superestrella' de Aitana y sin haber ni siquiera escuchado su último disco. Además, me consta que no soy la única. Sobre todo, teniendo en cuenta que más del 90% de la población sufre estos bucles musicales espontáneos.
Víctimas del hilo musical: lo que dice la ciencia
Quizá pienses que esto es algo que sucede por estar todo el rato expuestos a música de fondo. Que si el hilo musical del supermercado mientras haces la compra, la radio del bar en el que desayunas, los anuncios que se repiten una y otra vez a lo largo del día... Sin embargo, aunque la exposición es un factor importante, no lo es todo. Detrás de ese estribillo ridículo convertido en bucle mental se esconde un dato que probablemente desconozcas sobre tu cerebro: le encantan las melodías sencillas, repetitivas y predecibles.
De hecho, esos fragmentos de canciones que consiguen repetirse involuntariamente en la mente, ya sea durante horas o días, tienen nombre propio: "earworms", gusanos auditivos o, de forma más técnica, imágenes musicales involuntarias (INMI). Un estudio de la psicóloga Kelly Jakubowski descubrió que es música que suele tener ciertas características concretas: tempo rápido, melodía simple y familiar, pero con algunos intervalos singulares o novedosos como, por ejemplo, repeticiones o saltos y silencios inesperados que las hacen destacar de repente.
Un buen ejemplo de esto último lo encontramos en el que, hasta la fecha, puede considerarse el último gran "earworm" mundial. Si, hablamos de 'Despacito', el reguetón que todo el mundo tatareaba en 2017. Los expertos determinaron que el momento exacto en el que conseguía meterse en nuestro cerebro se encontraba exactamente en el minuto 1:23, cuando se rompe el ritmo antes del estribillo, o lo que es lo mismo: la primera vez en la que escuchamos a Luis Fonsi decir "des-pa-cito”. Es un momento en el que se crea un silencio en la música y el cantante se descompasa ligeramente del ritmo de la canción.
No obstante, hay estudios que dicen que las partes más pegadizas son las que se repiten machaconamente. Esta técnica se llama “contiguous repetition” (repetición contigua) y es una característica muy reconocible de infinidad de canciones pop: un fragmento de la música que se repite de forma inmediata y sin pausa. Por nombrar un clásico conocido por todos, tenemos un gran ejemplo en 'Can't Get You Out Of My Head' (con un título muy pertinente) de Kylie Minogue o. más recientemente, 'APT' de Rosé y Bruno Mars.
Cómo sacarte de la cabeza esa canción que tienes en bucle
Seguramente, ya lo hayas intentado todo para sacarte de la cabeza esa canción que no puedes dejar de canturrear sin ni siquiera gustarte. Tu cerebro está muy bien entrenado para retener esas melodías repetitivas y simples, así que no hay pócimas mágicas, pero sí algunas estrategias respaldadas por la ciencia.
Distráete con otras canciones
Para estos casos también podemos aplicar el dicho de que un clavo saca a otro clavo. Puedes ponerte otra canción o incluso pensar en ella solamente. Kelly Jakubowski explica que "es casi imposible a nivel cognitivo tener dos canciones distintas en la cabeza a la vez". Eso sí, tiene que ser una melodía conocida pero que no sea demasiado interesante. Una encuesta liderada por esta psicóloga determinó que 'God Save the King' (el himno del Reino Unido) era la más efectiva por ser tan aburrida que puedes pensar en ella pero no se te queda metida en la cabeza. ¿Servirá entonces también el himno de España? Realmente, cualquier tema que consideremos soso serviría.
Masca chicle
Suena a broma, pero funciona según un estudio de la Universidad de Reading. Los participantes que masticaron chicle después de escuchar canciones pop pegadizas pensaron y oyeron en su cabeza la canción con menos frecuencia que quienes no lo hicieron. Esto se explica porque cantar algo mentalmente activa nuestros músculos vocales incluso cuando no emitimos ningún sonido. Masticar chicle utiliza estos mismos músculos por lo que mantener la mandíbula ocupada significa usarlos en otra cosa, ayudando a interrumpe el "cantar mental" que mantiene el "earworm" activo.
Termina de cantar la canción
Una última estrategia que puedes aplicar, si nada de lo anteriormente dicho ha funcionado, es completar la canción en tu cabeza. Es decir, sigue imaginando el resto, más allá del trozo que se te ha quedado pegado, hasta llegar al final. Si tu cerebro siente que la ha completado, tal vez deje de repetirlo. Aunque solo sea ya por haberte distraído poniendo tu atención en otra cosa distinta que no sea repetir un millón de veces "manchild why you always come a-running to me? Fuck my life, won't you let an innocent woman be?"
Foto de portada | @aitanax
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