Henry David Thoreau, filósofo: “La riqueza superflua sólo puede comprar cosas superfluas. No se requiere dinero para comprar ni una sola necesidad del alma”

Hasta cumplir el sueño de irnos a vivir al campo con lo mínimo, podemos fijarnos en nuestras verdaderas necesidades y lo que nos hace felices

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Anabel Palomares

Editor

Pasar dos años viviendo completamente sólo tiene que ser una experiencia realmente transformadora. Para Henry David Thoreau, escritor y filósofo estadounidense, fue el germen de su libro más conocido y un experimento para averiguar cuánto de lo que damos por necesario es en realidad superfluo. De esa experiencia nació ‘Walden’, un libro publicado en 1854, y cuyas reflexiones siguen vigentes en una era en la que, como decía Zygmunt Bauman, “todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda”.

Durante dos años, dos meses y dos días, Thoreau vivió en una cabaña de menos de 14 m² en Walden Pond, en el bosque y junto al lago. Tras ese tiempo dio con la respuesta a cuánto de lo que creemos necesitar es en realidad necesario: “La riqueza superflua sólo puede comprar cosas superfluas. No se requiere dinero para comprar ni una sola necesidad del alma”. Demostró con su propia experiencia que la mayoría de la gente trabaja mucho más de lo necesario para pagar cosas que, en realidad, no le hacen falta.

"Pobreza voluntaria" para ser más felices

El capitalismo tardío ha reducido nuestra felicidad como seres humanos al consumo, convirtiéndola en algo externo, adquirible y medible. Pero el verdadero precio de las cosas que importan no se mide en euros. La mayor fuente de felicidad, según la Universidad de Harvard, no es algo que se compra con dinero sino con tiempo y dedicación, las relaciones, pero pensamos que la felicidad está condicionada por lo que podemos tener. Nos equivocamos en todo.  

Thoreau separa dos tipos de riqueza. Por un lado está el dinero que sirve para comprar comodidades y cubrir necesidades como comer o tener un techo, pero en esa riqueza también entran lujos que hemos normalizado como vitales, como la suscripción a Netflix, la cuota del gimnasio (aunque no necesitemos dinero para hacer ejercicio) o esos pantalones bombachos que se llevan este año. Todo esto se paga con dinero pero no es el tipo de riqueza que te hace verdaderamente feliz. 

El segundo tipo de riqueza según Thoreau está en cubrir lo que él llama “necesidades del alma”, y el alma necesita contacto con la naturaleza, soledad y silencio y libertad. Es importante aquí distinguir esa soledad de la que habla el filósofo como explica el médico Mario Alonso Puig. “Buscó la soledad, pero no una soledad de aislamiento, sino una soledad que es presencia, una quietud que nace del silencio interior. Descubrió que la verdadera quietud no se encuentra en la ausencia de sonidos, sino en la ausencia de ruido”. Esa soledad puede llevarnos por el camino del silencio y la quietud, que según el médico ha demostrado ser enormemente beneficioso, “por eso prácticas como la meditación tienen efectos tan positivos en la salud”.

@marioalonsopuig Thoreau buscó la soledad no como aislamiento, sino como silencio interior, donde la verdadera quietud surge. La soledad puede ser sanadora si nos conecta con nosotros mismos, pero el aislamiento aleja lo que más necesitamos: el encuentro con los demás. #Quietud #Silencio #Meditación #ReseteaTuMente #MarioAlonsoPuig ♬ sonido original - Mario Alonso Puig - OFICIAL

Si el dinero solo tiene poder sobre lo prescindible, según el filósofo, y cuanto más superfluo es lo que persigues, más dinero necesitas para conseguirlo, lo que ocurre es que entramos en una cinta de correr de la que nunca nos podemos bajar por la teoría de la adaptación hedónica de los psicólogos Philip Brickman y Donald Campbell, que describe que la única forma de garantizar una felicidad constante es experimentar nuevos acontecimientos positivos continuamente, y lo hacemos consumiendo. Pero Thoreau aseguraba que aunque tuviéramos más dinero, lo más dulce de la vida no está en lo que podemos comprar con él:

“Si se nos concediera la riqueza de Creso, nuestros objetivos seguirían siendo los mismos, y nuestros medios, esencialmente los mismos. Es más, si la pobreza limita tu alcance, si no puedes comprar libros ni periódicos, por ejemplo, no haces más que limitarte a las experiencias más significativas y vitales; te ves obligado a ocuparte de la materia que aporta más azúcar. Es la vida en su esencia, allí donde resulta más dulce. Te protege de convertirte en un frívolo”. 

Lo que de verdad influye en nuestro bienestar no está a la venta en ninguna tienda, y como dice el filósofo, “ningún hombre sale perdiendo jamás en un nivel inferior por mostrar magnanimidad en uno superior”, es decir, tener menos cosas materiales no nos empobrece si se gana la riqueza del criterio propio y el tiempo libre. Lo que propone es una "pobreza voluntaria" que de espacio a la esencia de la vida.

El psicólogo Tim Kasser, explica de forma científica que nuestra cultura contemporánea de consumismo y materialismo afecta nuestra felicidad cotidiana y nuestra salud psicológica. Asegura que la gente cuyos valores se centran en la acumulación de riqueza o posesiones materiales corren un mayor riesgo de infelicidad y peor es el bienestar subjetivo. Presentan más ansiedad y peores relaciones según los estudios que recoge en su libro, lo que demuestra que Thoreau tenía razón.

Algo parecido sostiene la teoría de la autodeterminación de Edward Deci y Richard Ryan, que sostiene que el bienestar depende de que se cubran tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y vínculo con los demás. Ninguna de las tres se consigue con una riqueza financiera, aunque sí es necesario que exista una tranquilidad financiera que nos permita tener ese tiempo libre del que habla el filósofo.

Evidentemente no todo el mundo puede hacer como Thoreau y largarse al monte a vivir. Hay personas con cargas familiares o con problemas económicos que solventar y la "pobreza voluntaria" de la que habla el filósofo sólo es así cuando quien la elige tiene la seguridad de que es reversible, y no cuando estamos forzados a vivir con lo mínimo. Pero su reflexión sobre lo que realmente necesitamos para ser felices sí que puede hacernos cambiar la perspectiva que tenemos sobre la vida y quizá, fijarnos más en disfrutar de esa esencia siempre que podamos.

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Fotos | Wikimedia Commons, Marek Studzinski en Unsplash, Андрей Гаврилюк en Unsplash

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