Pensaba que no me concentraba porque era infeliz. Ahora sé que es porque mi cerebro está aprendiendo

La divagación mental nos distrae y nos hace poco precisos, pero fomenta nuestra creatividad

divagar mejora nuestro aprendizaje
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Anabel Palomares

Editor

Cuando distraemos nuestra atención de lo que estamos haciendo tenemos lo que en psicología se conoce como “mind wandering” o divagación mental. Al distraernos, dejamos de prestar atención a lo que tenemos entre manos y nos sumergimos en pensamientos dispares, que pueden estar relacionados o no con hechos reales. Existen diferencias entre la divagación mental y soñar despiertos, pero la pregunta quizá es para qué sirve divagar y si tiene alguna relación o no con nuestra felicidad.

No nos centramos en lo que tenemos porque ¿somos infelices? Los psicólogos de Harvard Matthew Killingsworth y Daniel Gilbert realizaron un estudio con 2250 personas que controlaron en momentos aleatorios. El objetivo era saber qué estaban haciendo en ese momento y en qué estaba concentrada su mente. El 47% del tiempo, no estaban concentrados en lo que tenían delante, es decir, tenían mentes errantes. El problema es que esa mente errante no es una mente feliz según los expertos de Harvard.

El motivo es que esa falta de atención presente era la causa de la infelicidad reportada por los sujetos estudiados, y no la consecuencia. Esa divagación mental se convirtió en un predictor de la felicidad. Tal y como explicaba la Dra. Kathryn Ford en Psychology Today, tenemos dos sesgos neurológicos que dificultan la experiencia del "ahora": estamos neurológicamente programados para predecir el futuro a partir del pasado y estamos neurológicamente predispuestos a prestar más atención a lo negativo que a lo positivo. Esa “capacidad única para distraernos”, de la que hablaba Killingsworth en una charla TED, “nos permite aprender, planificar y razonar”, y después de los años y de aumentar la investigación se han visto ciertos matices a esa afirmación tan tajante.

En qué pensamos cuando nos distraemos, importa. La divagación mental se asocia con emociones negativas, pero según un metanálisis con datos de más de 23000 participantes publicado en 2024, su efecto depende del contenido emocional de los pensamientos en gran medida. Es decir, si los pensamientos durante la divagación son positivos, pueden mejorar el bienestar emocional. Si son negativos, empeorarlo. Pero lo más importante es que si esos pensamientos son intencionalmente positivos, la divagación afecta positivamente a nuestro estado de ánimo.

Esa distracción como una ventana a nuevas ideas. La Universidad de Berkeley descubrió una manera de rastrear nuestros pensamientos para saber si están dispersos (divagando) o concentrados, y la conclusión es que pasamos el 50% del tiempo divagando, pero esa divagación mental no es terrible, sino un proceso cognitivo que puede conducirnos a nuevas ideas. El autor principal del estudio, Robert Knight, profesor de psicología y neurociencia de UC Berkeley, asegura que es la primera vez que hay “evidencia neurofisiológica que distingue diferentes patrones de pensamiento interno, lo que nos permite comprender las variedades de pensamiento centrales para la cognición humana y comparar entre el pensamiento sano y el desordenado”. Con esto en mente, se descubrió que la divagación mental funciona de forma diferente a la que pensaba Harvard.

Según Zachary Irving, profesor adjunto de la Universidad de Virginia y filósofo de la ciencia cognitiva, la divagación mental puede parecer no tener un propósito, pero nuestros pensamientos se desvían hacia nuestras metas en lo que Irving llama el "Enigma del Vagabundo con Propósito". En este caso y de forma inconsciente, nuestra mente piensa en cosas que faciliten alcanzar esas metas, y se distingue de la rumiación mental, porque es “un tipo de atención guiada, ya que la mente se resiste a ser distraída”, y no una divagación.

"Si te concentras todo el tiempo en tus objetivos, puedes perderte información importante. Por eso, tener un proceso de pensamiento de libre asociación que genere recuerdos y experiencias imaginativas aleatoriamente puede llevarte a nuevas ideas y perspectivas", afirmaba Irving que también es coautor del estudio.

Divagar mejora nuestro aprendizaje. Un reciente estudio asegura que pasar tiempo divagando mejora el aprendizaje estadístico, mejorando nuestra capacidad predictiva. Puede que no aprendamos solo estando 100% concentrados. Según explicaba Peter Simor, autor principal de uno de los últimos estudios que analizan la divagación mental, la mayoría de los estudios cognitivos se centran en el aprendizaje cuando estamos plenamente implicados, pero pasamos mucho tiempo aprendiendo pasivamente porque pasamos mucho tiempo distraídos. “Al igual que nuestros cerebros necesitan dormir, quizá también necesitemos métodos de aprendizaje pasivo, o ‘descanso vigilante’, para recuperarnos de tareas que exigen que el cerebro esté activo e implicado".

Fotos | Joshua Lim

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