Confucio, filósofo chino: "El hombre superior se exige a sí mismo; el hombre inferior exige a los demás"

Tenemos que tener cuidado con las expectativas que tenemos sobre los demás porque su comportamiento, como decían los estoicos, no podemos controlarlo

Confucio Resentimiento Y Exigencias
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Anabel Palomares

Editor

Podríamos pensar que cuando un pensamiento filosófico viene de un hombre que vivió hace 2.500 años, está obsoleto. Pero en ‘Analectas’ de Confucio, el libro que recoge las enseñanzas del filósofo chino compiladas por sus discípulos, aparece una frase que lleva dos milenios sobreviviendo porque describe algo muy humano: la mayoría de nuestro sufrimiento no viene de lo que nos pasa, sino de lo que esperábamos que pasara

“Aquel que se exige mucho a sí mismo y espera poco de los demás, mantendrá lejos el resentimiento”

Por qué el resentimiento es una historia de expectativas

Esa idea de que tú eres el único terreno sobre el que tienes una autoridad real, es algo que también sostuvieron los estoicos con su Dicotomía del control. Afirmaban que hay cosas que dependen de ti y cosas que no. Sobre las primeras tienes autoridad y sobre las segundas, solo tienes la ilusión de tenerla. De hecho para Epicteto no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede porque “la felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no”. Lo que otras personas hacen es algo que escapa a nuestro control. El problema radica en algo que sí tenemos, y son las expectativas.

Según el Dr. Javier García Campayo, catedrático de psiquiatría, hasta “el 80% de nuestro sufrimiento viene de unas expectativas poco realistas”. Estas expectativas son construidas en base a nuestras experiencias pasadas, nuestros modelos familiares y nuestra cultura, y nacen de una necesidad humana de tener algo bajo control. Funcionan como un pronóstico. Nuestra mente nos dice cómo van a ser las cosas y cuando otra persona no cumple con eso que tenemos en la cabeza, nos decepcionamos y aparece en algunos casos el resentimiento. 

El resentimiento, una emoción muy compleja, no se genera por lo que hacen los demás, sino por el contraste entre lo que hacen y lo que esperabas que harían. Albert Ellis, uno de los padres de la terapia cognitivo-conductual, llamaba creencias irracionales a esa convicción de que el mundo y la gente a tu alrededor deben comportarse de una determinada manera. Cuando esa expectativa generada no se cumple, aparece la frustración y si la dinámica se repite, el resentimiento. 

La solución que proponía Ellis para evitar caer en ese resentimiento que nos genera malestar es similar a la de Confucio porque no consiste en cambiar a otros sino en revisar nuestras expectativas y lo que esperamos de los demás. Si tuviéramos que modernizar aún más lo que dijo el filósofo chino, diríamos "exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así vivirás más tranquilo". 

No se trata de resignación, sino de cambiar dónde invertimos nuestra energía

Es diferente pasar de las cosas, evitar poner límites o tragarse las cosas a cambiar dónde invertimos tiempo y energía. Confucio no habla de resignación, sino de cambiar el lugar desde donde actuamos. Podemos decir lo que está mal, poner límites y alejarnos de personas o situaciones que nos hacen daño, pero desde la calma en lugar de hacerlo desde la rabia acumulada. Concretamente desde el concepto ren.

Decía Confucio que “El ren es lo más hermoso. Si somos sabios y hay que elegir, ¿por qué no elegiríamos el ren?”. El Ren es el principio central del pensamiento confuciano y aunque se traduce habitualmente como benevolencia o humanidad, es más bien la capacidad de cultivarse a uno mismo para estar bien con los demás. Como quererse bien para querer a otros, porque no puedes dar lo que no tienes ni ser generoso desde la exigencia constante al otro. En otro de los pasajes de las Analectas lo dice de otra manera: "El hombre superior se exige a sí mismo; el hombre inferior exige a los demás". 

Hay una diferencia entre decirle a alguien "esto no me parece bien y me voy a alejar" desde la calma, y pasar semanas rumiando su comportamiento hasta que te consume. El primero es un acto de autorrespeto y nace de ti, de tus emociones. El segundo, en cambio, es una proyección externa. En lugar de vigilar si los demás cumplen tus estándares y enfadarte cuando no lo hagan, dedicas esa misma energía a cumplir tus propios estándares y alejarte si es necesario.

La frase de Confucio tiene 2.500 años pero sigue siendo válida porque describe un problema muy humano que no ha cambiado. El resentimiento siempre ha funcionado igual. Y nuestras expectativas, también.

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Fotos | Wikimedia Commons, Kseniya Budko y Mohammad Kashkooli en Pexels

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