Bad Bunny, primer Grammy a mejor álbum entero en español: "No somos salvajes, no somos animales. Somos humanos"

El puertorriqueño hace historia al ganar el premio más importante de la música en tiempos del ICE

Dl U599467 158
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
maria-yuste

María Yuste

Editor Senior

Sobre el escenario del Crypto.com Arena, en Los Ángeles, un hito de proporciones históricas ha tenido lugar durante la 68ª edición de los Premios Grammy. El puertorriqueño Bad Bunny no solo se ha llevado a casa tres gramófonos en una misma noche sino que se ha alzado con el Grammy más importante: el de Mejor álbum del año por 'Debí tirar más fotos'. O lo que es lo mismo: el primer disco completamente en español en lograrlo en la historia de los Grammy.

Este premio de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación, considerado la cúspide de los reconocimientos musicales a nivel global, siempre había sido territorio casi exclusivo de música pensada para el mercado angloparlante. Por lo tanto, que un disco íntegramente en español, con ritmos y narrativas tan profundamente arraigadas en Puerto Rico y en la diáspora latina, rompa y cruce esa barrera no es solo un triunfo artístico: es un reconocimiento al poder cultural de dicha comunidad.

Además de recibir este galardón, el repertorio de Bad Bunny salió victorioso en otras dos categorías: Mejor álbum de música urbana y Mejor interpretación de música global por 'EoO', consolidando una noche en la que el idioma y las historias boricuas fueron legitimadas por quienes marcan el canon de la industria.

"ICE out": el escenario como plataforma política

Pero si la victoria ya era histórica de por sí, el discurso de agradecimiento fue un acto político en sí mismo. Al recoger el Grammy por Mejor álbum de música urbana, Bad Bunny no arrancó con agradecimientos tradicionales, sino con una declaración de intenciones: "Antes de agradecer a Dios, voy a decir ICE out", algo que fue seguido por una ovación. 

De hecho, esta fue la consigna reivindicativa de la noche, replicada visualmente por otros artistas con broches y diferentes guiños en apoyo a la causa migrante en un momento de intenso debate sobre políticas migratorias en Estados Unidos y críticas al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Especialmente tras los graves incidentes recientes que han resultado en la muerte de ciudadanos y desatado protestas.

En su discurso, Bad Bunny también hizo alusión a la humanidad compartida por ambas culturas, la boricua y la estadounidense blanca: "No somos salvajes, no somos animales, no somos "aliens". Somos humanos y somos americanos", lo que, en una ceremonia que recibe tanta atención mediática en todo el mundo, se leyó también como una reivindicación de dignidad para cualquier persona en cualquier parte del mundo que haya tenido que dejar su hogar para buscar oportunidades en otro lugar o simplemente sobrevivir. De hecho, al recibir el premio a Álbum del año, le dedicó el galardón "a todas las personas que tuvieron que dejar su tierra para seguir sus sueños".

De Puerto Rico a la Super Bowl: reguetón como acto político

Que este reconocimiento llegue justo a una semana de la Super Bowl, donde Bad Bunny es el encargado del espectáculo del medio tiempo, no es anecdótico. La elección de un artista latino, que canta en español y que además usa su plataforma para hablar de identidades y denunciar injusticias, se presta a una lectura política tan potente como su propia música. De hecho, figuras conservadoras, como el propio Trump (que ni siquiera asistirá), han criticado públicamente el encargo del espectáculo al puertorriqueño.

Así que queda claro que esa mezcla de reguetón, salsa y trap que caracteriza el sonido de 'Debí tirar más fotos', no es solo entretenimiento. Es todo lo que el ser humano necesita del arte. Es narrativa, expresión identitaria y, como quedó claro anoche en los Grammy, también es política. Decir que las letras y los ritmos de Bad Bunny no solo se bailan, sino que tienen el poder de articular momentos de resistencia cultural y social, no es exageración. Es un recordatorio de que la música puede convertirse en la fuerza y el reflejo de un momento concreto de la historia.

La victoria de Bad Bunny no puede entenderse únicamente con cifras o galardones. Es un signo de cómo la industria musical y la sociedad  están reconociendo finalmente la riqueza y la universalidad del arte en español. Es una señal de que ya no hay que "traducir" o adaptarse para ser valorado. La música de Bad Bunny, en su idioma y en sus códigos propios, ha sido capaz de trascender los límites.

Ab67616d0000b273bbd45c8d36e0e045ef640411

Y por eso, hoy, más que celebrar una victoria o un disco, tenemos que celebrar un momento. El momento en el que un artista latino conquistó la cima del mainstream y aprovechó el momento para hablar de lo que importa: de humanidad, raíces y amor. Porque si algo quedó claro es que el arte no ha quedado reducido a lo monetizable, en 2026 el arte sigue vivo como acto político y motor de unión.

Foto de portada | Gtres

En Trendencias | Los 16 grupos de música más famosos de los 90


Inicio