Antes de saber qué rol concreto juega cada progenitor en el desarrollo de un niño, la ciencia siempre ha insistido en que todos los vínculos afectivos importan, pero ahora hay un estudio que pone sobre la mesa un ángulo que no muchos esperaban.
La paternidad importa, y no solo en lo emocional, sino también en la salud física a largo plazo de los niños, según una investigación publicada recientemente. En un estudio realizado por investigadores de la Penn State College of Health and Human Development, expertos observaron a cientos de familias desde que los niños tenían apenas meses hasta que cumplieron siete años.
Lo que descubrieron fue que la forma en que los padres interactúan con sus hijos en los primeros años puede dejar huella en indicadores de salud física como la inflamación o el control del azúcar en sangre cuando los pequeños ya están en edad escolar. Lo interesante es que estos vínculos se detectaron de forma clara con la paternidad, mientras que las conductas maternas no mostraron el mismo patrón en este análisis específico.
Los investigadores evaluaron cómo se daban las interacciones entre padres, madres y bebés cuando estos tenían alrededor de diez meses, y luego volvieron a hacerlo años después. Los padres que mostraron mayor sensibilidad y capacidad para responder a su hijo de forma cálida y atenta tendían a tener hijos con mejores marcadores de salud física al llegar a los siete años.
Esto sugiere que la relación temprana entre un niño y su padre tiene consecuencias que van más allá del afecto inmediato y podrían influir en cómo se desarrolla su organismo con el tiempo.
Foto de Danielle Torres en Unsplash
Este hallazgo ha sorprendido a muchos porque tradicionalmente se ha puesto más énfasis en la figura materna cuando se habla de salud y desarrollo infantil, quizá por el rol que suelen tener las madres como cuidadoras principales en muchos hogares.
Eso no quiere decir que las madres no importen, sino que cada figura parental aporta de forma distinta al bienestar de los hijos. Investigaciones anteriores han mostrado, por ejemplo, que la implicación paterna está relacionada con mejores habilidades sociales, rendimiento escolar, bienestar emocional y menos comportamientos de riesgo en la adolescencia, entre otros beneficios.
Al final, lo que este estudio viene a confirmar es algo que muchos padres ya intuyen en casa: estar presente, escuchar, responder con cariño y participar activamente en las actividades de los hijos no solo fortalece el vínculo emocional, sino que también podría tener efectos positivos sobre su salud física años después.
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