Entrar a una sala de entrevista puede generar un pequeño vuelco en el estómago: tienes claro lo que vas a decir, pero sientes que tu cuerpo te traiciona al enviar señales de nerviosismo, lo cual es completamente normal, aunque claro: puedes aprender y mejorar técnicas para que tu comunicación no verbal sea también parte de tu actitud y que tus manos hablen también por ti.
Lo que comunicas con ellas ,junto con tu postura, mirada y gestos tiene más peso del que imaginas: desde hace tiempo se reconoce que gran parte de nuestra comunicación es a través de los gestos y del comportamiento: se estima que más del 50 % del mensaje que recibimos proviene del lenguaje corporal más que de las palabras exactas que decimos, por lo que es importante saberlo usar a tu favor cuando te enfrentas a una entrevista de trabajo.
Frente a un reclutador, tus gestos con las manos, expresiones faciales y mirada están siendo leídos desde el primer segundo, mucho antes de que sueltes tu primera respuesta, por ello, convertir tus manos en aliadas no es solo un extra: puede inclinar la balanza a tu favor.
¿Cómo se logra eso en la práctica? Hay que adoptar gestos con intención y dejar da lado movimientos repetitivos por los nervios para enfatizar puntos clave. Un ligero gesto al hablar, como abrir suavemente las palmas hacia arriba cuando explicas algo, transmite apertura y sinceridad.
Segundo, mantén tus manos visibles: esconderlas tras la mesa, cruzarlas o apoyarlas rígidas puede dar sensación de que ocultas algo o de inseguridad. También evita gestos demasiado repetitivos o excesivos, ya que gesticular desesperadamente distrae más que aportar.
Por último, controla el "fidgeting": ese impulso de juguetear con objetos, con los dedos, con bolígrafos o móviles que tengas disponibles en tu escritorio: es una señal de nervios que distrae al entrevistador más de lo que crees.
La comodidad ante todo
Cuando no estás usando las manos para gesticular, colócalas en una posición neutra y relajada: sobre el regazo, apoyadas suavemente en la mesa o entrelazadas sin tensión. También puede ayudarte tener un objeto discreto como un bolígrafo en la mesa, si lo usas solo con moderación para subrayar ideas o tomar notas, pero que no parezca que estás jugueteando con él.
No olvides que tus gestos con las manos deben estar alineados con lo que estás diciendo: coherencia entre palabra y gesto refuerza tu credibilidad. Si dices "soy colaborativo" mientras cierras el puño o te encoges de hombros, habrá disonancia. En cambio, si acompañas con un gesto suave de acercamiento o de apertura, refuerzas ese mensaje.
Cuanto más consciente estés de tus manos y de cómo sacarles provecho, más posibilidades tendrás de que se conviertan en tus aliadas silenciosas, acompañando tus ideas con una presencia que genere confianza y profesionalidad.
Foto de Sebastian Herrmann en Unsplash
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