Muchos hombres se dejan la piel buscando el bálsamo definitivo o el aceite milagroso que prometa una barba de anuncio, pero lo cierto es que el secreto para lucir un vello facial tupido y aseado está mucho más cerca de lo que parece, porque no hace falta gastarse un pastizal en productos caros ni pasar horas frente al espejo con pociones mágicas cuando la solución reside en un manejo inteligente de la recortadora eléctrica.
El verdadero truco, ese que los barberos profesionales se guardan bajo la manga, consiste en realizar un sencillo paso de mantenimiento que cualquiera puede hacer en su cuarto de baño sin despeinarse.
La clave de todo este asunto no es otra que aprender a domar los pelos rebeldes que crecen a su bola y que hacen que la barba parezca descuidada o con calvas inexistentes. Para lograr ese efecto de densidad y limpieza, debemos pasar la recortadora siguiendo siempre la dirección del crecimiento del vello, utilizando un peine guía que sea un pelín más largo que la longitud real de la barba.
Al hacer esto, la máquina no corta el bloque principal del pelo, sino que solo se lleva por delante aquellos pelillos que sobresalen y crean un efecto de encrespamiento. Es una técnica de pulido que marca la diferencia entre llevar una barba "a lo loco" o lucir una imagen impecable y bien definida.
Foto de Antonio Reynoso en Unsplash
Este método es mano de santo porque, al eliminar únicamente las puntas que se disparan, la luz deja de filtrarse de forma irregular y la barba gana visualmente mucha más masa y uniformidad. Es fundamental entender que, si se corta a contrapelo, se corre el riesgo de dejar trasquilones o vaciar zonas que no queremos, mientras que al deslizar el cabezal suavemente a favor del pelo se consigue un acabado mucho más natural y pulido.
Este sencillo hábito de mantenimiento casero no lleva más de cinco minutos y ahorra un montón de quebraderos de cabeza a quienes buscan una imagen más pulcra. Al adoptar esta rutina, se consigue que la barba se vea mucho más compacta y densa, eliminando esa sensación de desorden que tanto molesta.
Es, en definitiva, la prueba de que muchas veces el mejor truco de belleza no viene dentro de un bote, sino que depende de saber utilizar bien lo que ya tenemos por casa para sacarnos el máximo partido posible.
Foto de Vitaly Gariev en Unsplash
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