Durante siglos, el perfume vivió cómodamente en el territorio del lujo y la seducción donde se elegía por su aroma, por el frasco o por el nombre del diseñador en la etiqueta. Pero algo está cambiando en la industria de las fragancias de nicho, y el cambio va mucho más allá de los ingredientes exóticos o los frascos de colección.
Hoy, algunas marcas están redefiniendo para qué sirve un perfume, y la respuesta ya no tiene que ver solo con oler bien, sino con sentirse bien, y todo gracias al fenómeno de la "fragancia funcional" y, aunque suene nuevo, tiene raíces más profundas de lo que parece.
La aromatología, la ciencia que estudia cómo los aromas afectan el comportamiento y el estado anímico, lleva décadas documentando la relación entre el olfato y el cerebro, y lo que está ocurriendo ahora es que marcas de nicho están tomando esa investigación y construyendo productos concretos sobre ella, apoyándose en neurociencia, inteligencia artificial y estudios clínicos para respaldar sus afirmaciones.
Antes, la fragancia era considerada un lujo, pero ahora se ha convertido en una pieza central del movimiento wellness, con personas que eligen sus aromas según el impacto que tienen en su estado de ánimo.
Cuando el perfume se convierte en medicina
La dimensión quizás más inesperada de este movimiento es la que coloca a las marcas de fragancias como actores en la conversación médica. En marzo de 2026, Initio anunció su apoyo al proyecto SMOTT, una investigación de tres años desarrollada junto al Hospital de Versalles y la Université Paris Cité para transformar el manejo de los trastornos olfativos.
Al respecto, hay un dato que resulta llamativo: se estima que cerca de una cuarta parte de la población global sufre algún trastorno olfativo, y que el 5% padece anosmia completa, la pérdida total del sentido del olfato. Lo que hace relevante este dato no es solo su dimensión sanitaria, sino lo que conecta con el argumento de las fragancias que evocan emociones: alrededor del 40% de quienes padecen problemas olfativos experimentan síntomas depresivos.
Una de las primeras marcas en llevar esta idea al mercado de forma seria fue The Nue Co. Su producto más icónico, simplemente llamado Functional Fragrance, no nació de una intuición creativa ni de una historia de origen inspiradora, sino de cinco años de investigación.
Desarrollado junto a la Universidad de Ginebra y creado por el reconocido perfumista Frank Voelkl, se posiciona como el primer suplemento antiestrés en forma de fragancia, formulado usando datos del Estudio de Emociones y Olores de Ginebra e imágenes neuronales para impactar positivamente en mente y cuerpo.
Los resultados de sus propios estudios de usuario son llamativos: el 96% de las personas que participaron en la prueba se sintió instantáneamente más tranquilo tras usar la fragancia, y el 89% reportó sentirse más calmado y menos estresado a los treinta minutos de uso.
Los escépticos dirán que el efecto placebo tiene mucho que ver, y no están del todo equivocados, pero eso tampoco invalida por completo el fenómeno. La marca no vende el frasco como una obra de arte, lo vende como lo que sería una cápsula de suplemento: algo que consumes porque funciona.
Vyrao y los "neuroscents"
En el otro extremo del espectro, pero en la misma dirección, está la marca Vyrao fundada en 2021 por Yasmin Sewell. Esta marca londinense mezcla neurociencia con sanación energética, lo cual puede sonar desconcertante, pero tiene más sustento del que parece.
Cada perfume de Vyrao comienza con una emoción específica, no con una nota olfativa. Sus llamados "neuroscents" han sido mediblemente probados para aumentar el estado de alerta (The Sixth), la autoconfianza (Sun Rae, ganador de un premio en los Fragrance Foundation UK Awards en 2024) y el sentido de arraigo (Mamajuju), que logran a través de una colaboración con el programa IFF Science of Wellness, que lleva más de cuatro décadas investigando el impacto de las fragancias en las emociones.
¿De verdad funcionan?
La pregunta inevitable, claro, es hasta qué punto todo esto es ciencia real y hasta qué punto es marketing muy bien construido. La respuesta honesta es: probablemente las dos cosas a la vez. Fiona Harkin, editora de prospectiva en The Future Laboratory, explica que las fragancias funcionales son un desarrollo creciente basado en la idea de que el aroma puede tener efectos psicológicos y físicos, y que las marcas están mirando si las fragancias pueden afectar al estado de ánimo.
Lo que nadie puede negar es que el olfato es el sentido más directamente conectado con el sistema límbico, la región del cerebro que procesa las emociones y la memoria, y eso no es marketing, es anatomía.
Así que, por ahora, la industria está apostando a que las fragancias te puedan hacer sentir mejor, y sí, la ciencia les está dando la razón.
Foto de Franco Monsalvo | Initio Parfums | The Nue Co.
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