La eliminación de Colombia en los octavos de final del Mundial 2026 ante Suiza ha derivado en algo mucho más grave que una simple decepción deportiva. El futbolista Jáminton Campaz, autor de la ocasión fallida que pudo haber cambiado el resultado del partido, se encuentra desaparecido desde hace varios días tras recibir una oleada de amenazas de muerte.
El jugador, de 26 años, decidió no abordar el vuelo que debía llevarlo de regreso a Bogotá junto al resto de la selección, y desde entonces nadie ha confirmado su paradero exacto, un episodio que ha reavivado uno de los capítulos más oscuros del fútbol colombiano, ocurrido hace más de tres décadas.
El error que lo cambió todo
El fallo se produjo en el minuto 115 de la prórroga, cuando el centrocampista suizo Granit Xhaka cometió un error defensivo poco habitual en él con un pase hacia atrás impreciso que Campaz logró interceptar, quedando solo frente al portero. En ese mano a mano, el colombiano intentó rematar con un toque suave buscando la escuadra, pero la pelota se elevó por encima del travesaño.
El marcador terminó igualado sin goles tras el tiempo reglamentario y la prórroga, obligando a resolver la eliminatoria desde el punto de penalti, donde Suiza terminó imponiéndose por 4-3, a pesar de que el propio Campaz sí logró convertir su lanzamiento.
Una sombra que Colombia no logra dejar atrás
La reacción de una parte de la afición no se limitó a la crítica deportiva. En cuestión de horas, Campaz comenzó a recibir mensajes que amenazaban directamente su vida y la de su familia, lo que llevó a los medios internacionales a establecer un paralelismo inevitable con la historia de Andrés Escobar.
En 1994, el defensor colombiano fue asesinado en Medellín apenas días después de haber anotado un autogol que contribuyó a la eliminación de su selección del Mundial disputado en Estados Unidos, un antecedente que convierte la actual desaparición de Campaz en algo más que una precaución exagerada, al volverse en una medida de supervivencia ante un patrón de violencia que el país nunca ha logrado dejar atrás.
Ante la magnitud de los mensajes, Campaz publicó un comunicado en su cuenta de Instagram pidiendo calma a sus compatriotas y recordando que ninguna frustración deportiva justifica el odio ni la violencia. En el mismo mensaje agradeció el respaldo recibido durante el torneo y pidió disculpas por no haber podido darle al país la alegría que todos esperaban, insistiendo en que su entrega y compromiso con la camiseta nunca estuvieron en duda.
Según reportes de medios, Campaz tenía previsto viajar desde Vancouver hasta Bogotá junto a compañeros como Davinson Sánchez, James Rodríguez y Juan Fernando Quintero, pero nunca subió al avión. Desde entonces se desconoce si permanece en territorio estadounidense o si viajó hasta Argentina, país donde milita en el Rosario Central, de ahí que la incertidumbre sobre su paradero ha alimentado aún más la preocupación de aficionados, colegas y autoridades deportivas.
La Federación Colombiana de Fútbol condenó públicamente las amenazas y solicitó a la Fiscalía General de la Nación que investigue a los responsables, haciendo que el caso de Campaz vuelva a poner sobre la mesa un problema que trasciende lo deportivo: el de una afición que en ocasiones confunde la pasión con la euforia desmedida, que treinta años después de la muerte de Escobar sigue sin encontrar del todo la manera de separar un error futbolístico de un linchamiento.
Fotos de @bicho08_
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