Tengo una nueva filosofía en la vida y es esta: ¿por qué limitarse a usar el calabacín solo en recetas saldas cuando puede ponérsele también al brownie? Sus propiedades nutricionales no van a obrar ningún milagro que anule que se trata de un dulce de consumo esporádico pero, oye, es otra forma más de consumir esta hortaliza fuente de vitaminas, minerales y fibra.
Aunque no lleva huevo ni leche, como sí lleva la receta tradicional, no se puede decir que sea un brownie vegano si se engrasa el molde con mantequilla. Así que, a elección del consumidor queda. Aunque hay que admitir que la mantequilla le da un toque de sabor divino al resultado final. Incluso se le pueden añadir perfectamente los huevos y la leche de la receta de toda la vida si queremos un dulce más proteico (y menos light).
Lo primero es poner a precalentar el horno a 180 grados y engrasar bien el molde que vamos a utilizar. En su defecto, también podemos forrarlo con papel vegetal para hornear. A continuación, pasamos a preparar el calabacín. Lo lavamos bien y lo escurrimos bien para evitar el exceso de agua. Después, lo rallamos.
Ahora le toca el turno a la masa. En un bol, mezclamos el azúcar y el aceite para luego añadir el calabacín junto al cacao en polvo. Integramos todo bien y entonces procedemos a añadir la harina, el extracto de vainilla, la sal y el polvo de hornear. Por supuesto, mezclamos todo hasta que se haya integrado a la perfección.
Una vez que tengamos lista la mezcla, añadimos unas nueces picadas y volvemos a remover. A continuación, ya podríamos verter la masa sobre el molde y hornear durante unos 30 minutos. Eso sí, hay que vigilar que no se haga demasiado por dentro y quede seco. El resultado ha de tener la textura jugosa característica de un brownie.
Foto de portada | Azmaan Baluch
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