Desde hace años, en casa de mis padres hay una tradición. Cuando alguien da huevos de los de verdad a mi madre, de esos que recoge alguna de sus amigas de sus propias gallinas en el pueblo, siempre los prepara de su forma favorita: huevos fritos con patatas. Ese momento en que mojas el pan en esa yema cremosa y te la llevas a la boca, es gloria bendita. Pero existen muchas (muchísimas) maneras de preparar unos huevos que van más allá de hacerlo fritos. Y una de las mejores es una receta de aprovechamiento.
No te hablo de aprovechar el pan duro para mojarlo en leche endulzada y aromatizada con limón y canela para hacer torrijas, sino de los repápalos extremeños, una receta tradicional de las abuelas de Extremadura con la que aprovechar las sobras de pan duro. Esta receta es una versión más jugosa de los huevos tontos de Aragón, porque después de freírlos, se añaden a una deliciosa salsa preparada con cebolla, vino, pimentón y caldo.
Explicaban en Directo al Paladar que “esta mezcla básica de pan y huevo recibe tantos nombres como zonas de España en las que se prepara: esponjillas, panecillos, rellenos o rellenitos, bolas de cucaracho, pelluelas, matahambre, albondigones, tortas, tortillitas de San José y, por supuesto, repápalos extremeños”. Para hacer los últimos comenzamos por la salsa.
Picamos la cebolla muy fina que vamos a pochar con un poco de aceite. Cuando esté transparente, añadimos el vino a fuego fuerte y dejamos que se evapore. Una vez listo, rehogamos la harina para tostarla ligeramente y cuando esté lista, el pimentón. No queremos que se queme y amargue, así que lo apartamos del fuego y removemos bien para incorporar enseguida el caldo de verduras. Salamos y dejamos que la salsa hierva a fuego lento durante unos diez minutos.
Mientras la salsa se pone a tono, vamos con los repápalos. Se trata de una masa que luego vamos a freír y que conseguiremos mezclando en un bol el ajo rallado, las hojas del perejil fresco, los huevos batidos y el pan duro rallado groseramente. Podemos trocear la miga con las manos y mezclamos todo en un recipiente hondo y amplio, añadiendo un poco de sal a la mezcla que moveremos muy bien hasta conseguir una mezcla homogénea. Si ves que la masa es demasiado mazacote, puedes añadir un poco de leche, pero hazlo poco a poco hasta que consigas una consistencia similar a la de la masa de croquetas.
Cuando esté bien mezclada, le damos forma de croquetas o pequeños buñuelitos y freímos en abundante aceite hasta que estén bien doradas. Las sacamos a un plato con papel absorvente y cuando tengamos toda la masa frita, añadimos a la salsa y dejamos que hierva durante unos cinco minutos.
Prepara pan como lo harías para unos huevos fritos porque ya te digo que te va a hacer mucha falta.
Fotos | DAP
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