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He pasado un mes con la dieta Realfooding: estos son los alimentos que he eliminado y así ha impactado en mi salud y mi peso
Dietas y Nutrición

He pasado un mes con la dieta Realfooding: estos son los alimentos que he eliminado y así ha impactado en mi salud y mi peso

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¿Cada cuánto os planteáis vosotras un cambio de hábitos y de vida? Porque yo, al menos dos veces al año, siento la necesidad imperiosa de cambiar todos los hábitos y las cosas de mi vida que no me gustan. Así es que, cada seis meses, me planteo que voy a empezar a acostarme temprano, para poder levantarme antes y estar descansada. También voy a empezar a hacer deporte y a no pasar todo el día sentada y, por supuesto, voy a comer saludable.

Así ha sido mi vida durante años, llena de propósitos que a los dos días dejaba de cumplir porque no hay nada de fácil en conseguir cambiar nuestros hábitos. Sin embargo, hace unos meses decidí que quizás la mejor idea que podía tener era ir cambiando hábito por hábito en vez de intentar cambiarlo todo de golpe. Mi primera misión era cambiar mi estilo de alimentación.

Primero porque tengo un estómago muy delicado y el estilo de alimentación que seguía hacía que me encontrara mal a menudo. En parte también porque había empezado a trabajar desde casa y eso implica que paso muchas horas sentada sin apenas moverme, por lo que había empezado a ganar peso y a no encontrarme bien. Pero también porque mi trabajo y mi vida me han llevado a interesarme cada vez más por la nutrición y había descubierto el realfooding.

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Qué es el reto de 'comida real' o realfooding

Desde un tiempo a esta parte cada vez ha ido tomando más fuerza la divulgación de la nutrición en redes sociales, en medios como el de nuestros compañeros de Vitónica, etc. Y dentro de esta divulgación cada vez se ha hecho más fuerte la recomendación de basar nuestra alimentación en lo que denominan 'comida real' o real food.

El nutricionista Carlos Ríos, propone en su cuenta de Instagram un reto en el que nos anima a comer durante 30 días tan solo comida real. ¿Qué queremos decir exactamente cuando nos referimos a la comida real? Se trata de un estilo de alimentación que se basa en el consumo de alimentos lo más frescos y lo menos procesados posible. Esto incluye verduras, frutas, hortalizas y tubérculos, pero también legumbres, semillas, frutos secos y cereales enteros integrales y sin refinar.

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Además de esto, podemos completar nuestra alimentación con lo que denominan "buenos procesados". Es decir, alimentos que llevan algún tipo de procesamiento, pero no altera la calidad nutricional del producto: aquí entrarían las legumbres de bote, el queso - siempre que se limite a llevar lácteos y cuajo -, el pan integral, etc. Uno de los puntos clave de esta alimentación es alejarnos drásticamente de los alimentos ultraprocesados y de los azúcares añadidos.

Estaba decidida a cambiar mi estilo de alimentación y el realfooding me atraía, primero porque supone un cambio de hábitos, pero no es una dieta estricta como tal, sino una nueva y más saludable forma de comer. Además, las investigaciones científicas avalan su eficacia. Una de las cosas que busco con mi alimentación es cuidarme a mí misma y a mi salud, independientemente del peso, y este estilo de alimentación me permitía hacerlo. Así que me decidí y me embarqué en el reto de 30 días comiendo 'comida real'.

Lo que supuso en mi vida seguir el reto de 30 días comiendo comida real

No es voy a mentir, cambiar mis hábitos durante 30 días resultó complicado, especialmente al principio. Comenzar a alimentarme de manera saludable supuso hacer un cambio en toda mi rutina relacionada con la comida. Tuve que aprender a organizarme mejor, no solo para hacer la compra, sino también para cocinar.

Por ello, tuve que aprender a planificarme: semanalmente realizaba un menú de todas las comidas que iba a hacer durante esa semana y a partir de ello realizaba un lista de alimentos que comprar necesarios para esas comidas. En este menú apuntaba todo lo que iba a comer y, por lo tanto, solo comprábamos los productos que apuntábamos en la lista. Esto nos ha evitado comprar otros alimentos por impulso o tener en casa comida que no fuera adecuada.

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Además de eso, tuve que hacerme a la idea de cocinar más y durante más tiempo. Hasta ahora mi estilo de cocinado era de supervivencia. Una de las cosas que tuve que hacer para motivarme a cocinar más fue encontrar nuevas recetas e ir variando para no caer en el aburrimiento. La realidad es que la primera semana fue complicada, supuso mucho investigar, asegurarme de que los alimentos que estaba comprando eran los adecuados - gracias a las cuentas de Instagram de numerosos nutricionistas esto fue más sencillo - y conllevó tiempo, pero después de un par de semanas cada vez se volvió más sencillo e, incluso divertido.

Cómo ha impactado en mi salud y en mi peso

La realidad es cuando me plantee hacer el reto de 30 días comiendo comida real no pensaba en la posibilidad de perder peso tanto como en la necesidad de encontrarme bien. No se trata de una dieta tal y cómo las conocemos , sino de un estilo de vida. Y, aunque a largo plazo ayuda a mantener un peso adecuado y saludable, lo hace sin caer en milagros.

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Sin embargo, después del primer mes puedo decir que sí me ha ayudado a perder peso. Este primer mes comiendo comida real se ha saldado con 2,5 kilogramos menos en mi báscula. Pero la mejor parte de todas no es la pérdida de peso, sino lo que ha hecho por mi salud y por mi bienestar estomacal. Desde siempre he tenido un estómago sensible, pero de unos años esta sensibilidad ha ido empeorando y evolucionando en problemas de reflujo gástrico entre otras cosas.

Por mucho que a mi boca le gusta - y creedme, le gusta - cenar un par de porciones de pizza, una hamburguesa o cualquier otro alimento sabroso, pero ultraprocesado y colmado de grasas trans y azúcares añadidos, suele acabar en muchas molestias, malestar, dificultades para dormir, etc. Seguir una alimentación que yo consideraba bastante limpia, tampoco me estaba ayudando y pasaba semanas enteras con reflujo e hinchazón de vientre.

Sin embargo, durante el mes en el que estuve haciendo el reto, las molestias estomacales desaparecieron, lo que mejoró mi calidad de vida notablemente. Dormía mejor, estaba menos cansada, me encontraba bien y eso también influyó en mi humor, mi energía y mi bienestar general. Además, haber perdido peso es agradable, pero estéticamente lo que más agradecía era que era raro el día en el que estaba hinchada o en que sintiera que mi vientre no era el mío.

Por otro lado, no he pasado hambre en ningún momento. Más bien al contrario, me he sentido saciada con mucha más facilidad, no he sentido antojos, ni ganas de dulce ni caprichos. La comida también ha empezado a saberme diferente. Las verduras y la fruta ahora me saben más dulces, los alimentos con azúcar añadido me resultan empalagosos y han comenzado a gustarme alimentos que antes no me gustaban (lo siento calabacín por todos los desplantes que te he hecho en la vida).

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Lo que más dificultades me ha traído, sorprendemente, no ha sido seguir el estilo de alimentación, buscar recetas o cocinar, sino contárselo a la gente. Al final ha resultado mucho más sencillo - y ha conllevado menos explicaciones y menos debates - decirles que estoy a dieta que explicar el cambio de hábitos. Las ocasiones en las que lo ha hecho se han llegado a crear comentarios juzgando mi decisión, indicando que "por un día no pasa nada", "eso son obsesiones" e incluso miradas extrañadas por no edulcorar de ninguna forma el café.

Y después del real food qué

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Llegado a este punto y habiendo pasado un mes siguiendo el reto, tengo claro que, en la medida de lo posible, voy a seguir alimentándome así. Es fácil, es cómodo, es agradable e, incluso, divertido y me hace sentir bien. Aun así, seguramente sea un poco más flexible en ocasiones puntuales, como al ir invitada a comer a casa de alguien o salir a cenar con amigas.

En cualquier caso, ahora tengo las herramientas para elegir cuáles son las opciones más adecuadas a mi disposición. Lo que sí sé seguro es que el alcohol y las bebidas azucaradas van a abandonar mi vida, porque este mes sin consumirlas me ha hecho darme cuenta de que no las echo de menos. Más bien las consumía porque estaban ahí y porque todavía te miran raro cuando pides un botellín de agua en un bar, y no digamos en una discoteca.

En cualquier caso, aquellas que estéis dispuestas a probar el realfooding sabed que, si yo he podido, vosotras también vais a poder.

Imágenes: Trendencias

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