Las mujeres con más éxito del mundo evitan tener esta actitud en el trabajo. Tiene la culpa de que no ascendamos

El síndrome de la tiara es un obstáculo para conseguir nuestros objetivos y ascender, por muy bien que lo hagamos en el trabajo. Y tiene mucho que ver con la brecha laboral entre hombres y mujeres

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Desde que entraste a trabajar en tu actual empresa, eres una trabajadora ejemplar. Haces bien tu trabajo, y hasta podríamos decir que vas un paso más allá y lo haces mejor que bien. No faltas nunca. Te esfuerzas. Estás comprometida. Muy comprometida.

Tienes todas las soft skills que necesita tu puesto y alguna más. Llegas puntual a tu trabajo (no como la Generación Z), tus superiores saben que trabajas mucho y bien. ¿O no lo saben? El reconocimiento debería llegar. Te esfuerzas por sacar adelante tu trabajo de forma excelente y hasta regalas horas a la empresa. Te sientas en silencio cada día, centrada en currar. Pero tu jefe nunca aprecia ese trabajo. El ascenso debería llegar solo con tu esfuerzo día a día. Lamento darte una mala noticia: sufres el síndrome de la tiara.

Qué es el síndrome de la tiara

El síndrome de la tiara consiste en una actitud pasiva en el trabajo en el que la persona espera que si sigue haciendo bien su trabajo, alguien se fijará en ellas y les colocará una tiara en la cabeza. Es decir: hago bien mi trabajo, me lo curro, me esfuerzo y pongo todo lo que está en mi mano, pero no lo hago de forma evidente sino en silencio. No valoro yo misma mis logros ni vendo mi trabajo, pero sí espero que los superiores reconozcan mi trabajo y me lo valoren.

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Este término, acuñado por Carol Frohlinger y Deborah Kolb, expertas de la consultora estadounidense Negotiating Women, es mucho más común de lo que parece, especialmente en mujeres. Como dice Carol Frohlinger: “Las mujeres esperan que si siguen haciendo bien su trabajo alguien se fije en ellas y les coloque una tiara en la cabeza. Eso nunca sucede”.

Su comentario se refería en particular a la negociación del salario inicial y de los aumentos salariales, algo que los hombres suelen hacer con más comodidad que las mujeres. Como escribe Sheryl Sandberg, ex COO de Facebook, en su libro ‘Vayamos adelante (Lean in): Las mujeres, el trabajo y la voluntad de liderar’, "Las mujeres también son más reticentes a solicitar ascensos incluso cuando los merecen, creyendo a menudo que el buen desempeño laboral conducirá naturalmente a recompensas".

La experta asegura que en el colegio ocurre lo mismo ”donde la escrupulosidad de las niñas a menudo conduce a resultados académicos más altos que los logrados por los niños”, lo que hace que cuando somos adultas, muchas creamos que esta misma estrategia es la clave del éxito en el trabajo. “Muchas mujeres con las que trabajo explican que están tan ocupadas haciendo los aspectos operativos de su trabajo que no tienen tiempo para dar un paso atrás y centrarse en prioridades estratégicas, por ejemplo.” Nos centramos en hacer bien nuestro trabajo descuento aspectos fundamentales si hablamos de promocionar.

Además, para triunfar hay que saber venderse y vender nuestros logros y habilidades. Sin embargo las mujeres no sienten, según explicaba la experta, “que tengan espacio en sus ajetreadas semanas laborales para hacer networking, lo que se considera un uso innecesario -y a menudo incómodo- de su valioso tiempo. Del mismo modo, no buscan mentores que las guíen ni el apoyo de patrocinadores que les den la inestimable exposición y las oportunidades que necesitan para ascender a puestos de liderazgo de alto nivel”.

Muchas mujeres creen que con "hacer un buen trabajo" será suficiente para ascender y promocionar en su lugar de trabajo. Como bien explican desde PsicoActiva, cuando sufrimos el síndrome de la tiara esperamos que “el éxito en el ámbito laboral se logre exclusivamente a través de la competencia y la capacidad de trabajo” y esperamos que todo nuestro esfuerzo sea reconocido por nuestros superiores de manera automática y con su correspondiente recompensa por el trabajo bien hecho y sin que se promocione nada por nuestra parte. Pero como bien dice el refranero español, en esto del mundo laboral “quien no llora no mama”.

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Las mujeres en los puestos de poder en España

Las mujeres no están alcanzando la cima de sus profesiones en ningún lugar del mundo. Según datos de la ONU Mujeres, sólo 15 países están presididos por una jefa de Estado y 16 países tienen jefas de Gobierno. Apenas el 13% de todos los líderes electos han sido mujeres desde 1945, el año en que empezaron Naciones Unidas.

Desde el comienzo del informe Women in Business, hace 20 años, la presencia de mujeres directivas en España ha aumentado 26 puntos. Las mujeres ocupan por primera vez el 40% de los puestos directivos en España, la mayor tasa de la UE. Sin embargo, el liderazgo femenino se estanca en las posiciones estratégicas de poder: este puesto de responsabilidad está ostentado sólo por un 27% mujeres y en España, el número de mujeres CEO se ha reducido del 29% al 27%. En el caso del análisis global todavía empeora más, pasando del 28% al 19%.

Cambiarlo está en nuestra mano, pero no es solo trabajo nuestro

En España, la brecha salarial de género se sitúa en torno al 24%, según un informe de Comisiones Obreras. Además, diversos estudios han encontrado que, a diferencia de los hombres, a las mujeres les cuesta más negociar sus salarios y obtener aumentos de sueldo. Una vez dentro de la empresa, y según diversas encuestas que aparecen en ‘Women don’t ask’ de Linda Babcock y Sara Laschever, las mujeres son más reticentes a pedir un aumento. Y cuando lo piden, y según un artículo de Harvard Business Review, las mujeres lo consiguen en un 15% de los casos y los hombres en un 20% de los casos.

Sheryl Sandberg explicaba en una charla TED que para las mujeres es especialmente difícil permanecer en el mercado laboral porque las mujeres subestiman sistemáticamente su capacidad. “Si uno examina a hombres y mujeres y se les pregunta algo totalmente objetivo como el promedio de calificaciones los hombres se equivocan sobrestimando y las mujeres se equivocan subestimando”, explicaba, y añadía que “las mujeres no negocian por sí mismas en el trabajo”.

Además, la experta aseguraba que lo más preocupante es que los hombres se atribuyen el éxito a sí mismos y las mujeres lo atribuyen a factores externos. “Si uno le pregunta a un hombre por qué hizo un buen trabajo dirá: "Porque soy genial. Es obvio. ¿Acaso lo dudas?" Si uno le pregunta lo mismo a una mujer dirá que alguien le ayudó, que tuvo suerte, que trabajó realmente mucho”, aseguraba. ¿Por qué importa este tema? Porque según afirma la experta “nadie consigue un puesto importante sentándose a un lado y no en la mesa de negociación. Nadie consigue un ascenso si no piensa que se merece el éxito o si al menos no reconoce su propio éxito”, afirmaba.

Como explicaba la psicóloga integradora Laura Ruiz Mitjana a La Vanguardia: “Tenemos que empoderarnos, hacernos valer, sacarlo a luz y no tener que esperar a que sea alguien que lo reconozca, sino nosotras reconocerlo”. Y ojo, que como bien apunta Ruiz, no es que todo el peso caiga sobre nosotras, sino que también existe un sistema estructural que cambiar. “El machismo también pesa mucho aunque ahora cada vez es menos marcado y las mujeres cada vez más nos hacemos ver y luchamos para que se reconozca nuestro trabajo, pero sí que es verdad que creo que hay mucho peso y que se tiene que visibilizar y empezar a trabajar para que esto no ocurra”, añade Ruiz.

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