Hay parejas que al jubilarse compran una autocaravana. Otras se apuntan al Imserso una vez al año. Marty y Jessica Ansen, en cambio, decidieron embarcase en un crucero y no volver a pisar tierra firme de forma permanente, y cuatro años después siguen sin arrepentirse.
La pareja lleva casi 60 años casados, y comparte una gran afición: viajar en crucero. Durante décadas, las obligaciones laborales y familiares les impidieron dedicar todo el tiempo que les hubiera gustado a recorrer el mundo por mar. Pero todo cambió tras la pandemia, cuando se jubilaron en 2022. Entonces tomaron una decisión poco habitual: embarcar en el Coral Princess y permanecer a bordo el mayor tiempo posible, convirtiendo el barco en su hogar durante una larga temporada.
Desde aquel momento no han dejado de navegar. Ya suman más de un centenar de cruceros, y han convertido estas auténticas ciudades flotantes en su lugar de residencia durante buena parte del año. De hecho, ya tienen viajes reservados hasta septiembre de 2027. Según explican sus familiares, esta forma de vida no solo les resulta más económica que vivir en una residencia para mayores, sino que además les permite disfrutar de una experiencia de lo más enriquecedora.
De Brisbane a dos vueltas al mundo
Lo que empezó como un crucero se ha convertido en dos vueltas completas al planeta. En el camino, Marty y Jessica han hecho escala en Irlanda, Canadá, Países Bajos, Alaska o Nueva Zelanda, y aprovechan cada puerto australiano para ver a hijos, nietos y bisnietos.
Para mantenerse en forma durante esta larga aventura, la pareja sigue una rutina diaria marcada por la actividad física. Cada mañana dedica una hora a jugar al tenis de mesa, un hábito que les ayuda a conservar la agilidad y a mantenerse activos. El resto del día lo pasan disfrutando de las vistas, participando en las actividades organizadas a bordo y aprovechando las numerosas comodidades que ofrece el barco.
Jessica resumía la experiencia en una entrevista con The Telegraph: "Es vivir el sueño. Nos hacen la cama, las opciones gastronómicas son infinitas y el entretenimiento es de primer nivel". Marty, por su parte, bromeaba en una entrevista para la televisión australiana con que ya ni siquiera recuerda cómo se friega un plato, aunque también reconoce que hay algo que sí echa de menos: poder coger el coche e ir a donde le apetezca cuando le apetezca. Es, dice, el único inconveniente real de vivir sobre el agua.
El continuo cambio de husos horarios a medida que recorren el mundo es otro inconveniente, ya que en ocasiones, pierdan la noción del tiempo y les resulte difícil saber en qué día o a qué hora se encuentran.
¿De verdad sale más barato que una residencia?
La comparación económica es la parte que más ha circulado, y es importante analizarla. Según relatan sus propios hijos y nietos, el paquete que pagan incluye alojamiento, comida ilimitada, limpieza diaria del camarote, entretenimiento y acceso a servicios médicos básicos a bordo, algo especialmente útil a partir de cierta edad. Frente al coste de mantener una vivienda, suministros y cuidados en una ciudad australiana cara, la ecuación les sale a favor.
No son un caso aislado. Cada vez más jubilados, sobre todo de países anglosajones, están sustituyendo la vivienda tradicional por largas temporadas en un crucero. Como ejemplo, Sharon Lane, una jubilada californiana de 77 años que decidió dejar su vida de siempre para vivir viajando en barco durante los próximos 15 años, o Laura Butler, quien afirma que le sale por unos 1.000 euros al mes vivir en un crucero.
Una comunidad flotante que se repite
Hay otro factor que Marty y Jessica destacan tanto como el económico: la sensación de pertenencia. Jessica asegura que buena parte de la tripulación "nos hace sentir parte de su familia", y a eso se suma la red de amigos que han hecho entre pasajeros en distintas travesías.
Para Marty y Jessica, el reto ahora no es decidir si seguir o no. Con las reservas ya cerradas hasta 2027, la pregunta que les queda por responder es otra: qué harán cuando ese calendario también se termine.
Fotografías | Princess Cruises
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