Los expertos en herencias coinciden: "hay que renovar el testamento cada diez años"

El testamento no es algo inmutable, debe recoger la situación y los cambios vitales que se van sucediendo en nuestra vida

Hay que rehacer el testamento cada diez años
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Nacho Viñau

Editor

La vida no se queda quieta. Cambian las familias, aparecen hijos, hay separaciones, nuevas parejas, compras una casa, vendes otra, montas un negocio o cambias de ciudad. Lo que hoy encaja perfectamente, dentro de unos años puede no tener nada que ver con tu realidad.

Y, sin embargo, hay decisiones que se toman una vez y se olvidan, como si fueran definitivas. El problema es que, cuando no se revisan, dejan de reflejar lo que de verdad quieres y las necesidades de cada momento. Y ahí es donde empiezan los desajustes, sobre todo cuando hablamos de algo tan sensible como un testamento.

El testamento no es un documento que no se pueda tocar

Muchas veces pensamos que cuando hacemos testamento, este documento ya se queda de por vida. Y eso es un completo error. La abogada Carmen Pérez-Pozo, ha explicado en una entrevista en Onda Regional que "Nosotros recomendamos que hay que hacer un testamento cada diez años, o cada vez que cambia tu situación vital".

No es una cuestión de previsión extrema, sino de sentido común: actualizar un documento que, en muchos casos, se redacta una sola vez y se olvida. Porque, aunque el testamento no caduca, sí puede quedarse completamente desfasado. A lo largo de los años cambian los bienes, las relaciones familiares o incluso la normativa fiscal. Y eso puede acabar generando problemas justo en el momento en el que más claridad se necesita. Lo que tenía sentido cuando se firmó puede no reflejar en absoluto lo que se quiere o se necesita en el momento actual.

Cada cuanto hay que renovar el testamento

De hecho, como explican los expertos, lo importante no es solo tener testamento, sino entender bien todo lo que implica una herencia: desde los plazos hasta las obligaciones fiscales o la situación patrimonial completa.

En ese sentido, Pérez-Pozo insiste en un punto clave que muchas familias pasan por alto: cómo se reparte. “No hay que dejar pisos a medias entre varios hermanos, no dejar sociedades en las que ya veremos cómo se apañan en un futuro...”. Es decir, evitar decisiones ambiguas que trasladan el problema a quienes vienen después.

Porque repartir no es solo dividir. También es prever conflictos. Y ahí entra otra de sus recomendaciones: “Hay que establecer cómo hacemos ese reparto para que todos salgan beneficiados, y para que compense las necesidades vitales de cada uno”. Además, el factor fiscal es determinante. El impuesto de sucesiones no funciona igual en todas las comunidades autónomas, y una mala planificación puede traducirse en costes innecesarios.

Las cinco claves para gestionar una herencia sin que se convierta en un problema

Más allá de la actualización periódica del testamento, Pérez-Pozo señala que recibir una herencia también exige tomar una serie de decisiones con cabeza, y para ello hace falta información. Desde el Grupo Pérez-Pozo, la abogada resume en cinco puntos lo esencial:

Lo primero es conocer bien qué se ha heredado antes de tomar ninguna decisión: no solo los bienes inmuebles, sino también los productos financieros, las posibles deudas o las cargas asociadas. Tener esa visión global desde el principio evita errores que luego son difíciles de revertir.

Cada cuanto hay que renovar el testamento

Lo segundo es calcular el impacto fiscal. El impuesto de sucesiones varía mucho según la comunidad autónoma, y no tenerlo en cuenta puede generar sobrecostes que nadie había previsto. Los plazos también son estrictos: seis meses desde el fallecimiento para presentar la declaración, aunque existe la posibilidad de solicitar una prórroga.

El tercer punto es definir qué se quiere hacer con lo heredado: si generar ingresos, preservar el capital, invertir o planificar transmisiones futuras. La herencia tiene que encajar en una estrategia más amplia, no gestionarse de forma aislada.

El cuarto tiene que ver con la reorganización del patrimonio. No siempre es recomendable mantener la estructura heredada tal cual. Adaptarla al perfil y al horizonte temporal de cada persona puede marcar una diferencia importante en términos de rentabilidad y gestión a largo plazo.

Y el quinto, aunque a veces se subestime: contar con asesoramiento profesional independiente. Alguien que pueda combinar la visión legal, la fiscal y la patrimonial para ayudar a tomar decisiones con criterio, y no solo en el momento en que llega la herencia, sino antes.

Fotografías | Katemangostar para Freepik, Freepik, Freepik

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