Los que nacimos en los 70 y crecimos en la década de los 80, recordamos una televisión muy distinta, con tardes enteras pegados al sofá siguiendo series que hoy ya son casi míticas, como El coche fantástico, con aquel coche inteligente que parecía capaz de resolver cualquier situación por sí solo, o las misiones imposibles de El equipo A, con su mezcla de acción y personajes imposibles de olvidar.
Esta serie de aventuras, comenzaba capítulo tras capítulo con esta entradilla: "En 1972, un comando de élite del ejército fue enviado a prisión por un delito que no habían cometido. Estos hombres escaparon de una prisión de máxima seguridad de Los Ángeles. Hoy, aún buscados por el gobierno, sobreviven como soldados de fortuna. Si usted tiene algún problema y se los encuentra, quizá pueda contratarlos." Y entre esos hombres, destacaba Fenix, el personaje que era el guaperas de la serie y que era interpretado por Dirk Benedict.
El papel que le dio la fama
Antes de que el mundo lo conociera como Fenix, Dirk Benedict ya había dejado huella en la ciencia ficción. Su papel como el teniente Starbuck en Battlestar Galactica, a mediados de los setenta, le dio una primera dosis de fama que pocos actores consiguen en su primera gran oportunidad.
Pero fue en enero de 1983, cuando la NBC emitió el primer episodio de El equipo A, cuando la popularidad de Benedict se disparó a otra dimensión. La serie se mantuvo en antena hasta marzo de 1987 y, durante esos cuatro años, el actor se convirtió en uno de los galanes más reconocibles del planeta.
Lo curioso es que Benedict ni siquiera fue la primera elección para el papel. Tim Dunigan, un condecorado héroe de guerra, interpretó a Fenix en el episodio piloto, pero los productores decidieron que parecía demasiado joven para resultar convincente como veterano de Vietnam. También era bastante más alto que el resto del reparto, un detalle que en televisión importa más de lo que parece. Así fue como Dirk Benedict terminó convirtiéndose en el estafador más elegante y carismático de la pequeña pantalla en los 80.
A Dirk Benedict no le importaría interpretar un papel de viejo cascarrabias
Con el final de la serie en 1987, la carrera de Benedict tomó el camino que toman muchas carreras de actores ligados a un personaje icónico: intermitente, irregular, con papeles menores que nunca llegaron a igualar lo anterior. Participó en el remake cinematográfico de El equipo A en 2010, y su última aparición registrada es 'Charlie's Christmas Wish', en 2020.
Su carrera, quizás no es lo que se esperara de alguien que alcanzó el éxito. Y él lo sabe, y lo dice sin rodeos. En una entrevista con Geeks of Doom, Benedict fue muy claro sobre su situación en la industria: "No guardo ningún secreto. Me encantaría volver a actuar, me encantaría tener un papel en una película, un buen papel en una película, como el de un viejo cascarrabias." Pero el problema, explicaba, no es la falta de talento ni de ganas. Es el sistema. "Tengo visibilidad, soy más famoso que todos los actores que utilizan aquí en Estados Unidos en la televisión. Siempre utilizan a los mismos cuatro o cinco. Es un club y, para entrar en él, tienes que presentarte, decir lo que hay que decir, acudir a las oficinas adecuadas y, después de un tiempo, te cansas de empezar de cero cada vez."
Con esas declaraciones, el actor está describiendo un mecanismo que impide trabajar a muchos actores. "Llegas a cierta edad y ya no puedes hacerlo. Te dices: 'Bueno, debería tener una reputación, un historial...', pero ese no es mi caso. No funciona así porque El equipo A no era una serie muy apreciada en Hollywood. No es una serie que nadie admitiría haber visto, así que el hecho de que yo la protagonizara no significa nada en Hollywood. De hecho, es algo negativo."
Una vida en Montana lejos de los focos de Hollywood
Hoy Dirk Benedict vive en Montana, en Sulphur Springs, la misma pequeña localidad donde nació el 1 de marzo de 1945. Lejos de los focos de Hollywood y de todo aquello que en su día le dio fama mundial. Y a juzgar por las imágenes que circulan, se le ve en forma, activo, en buena forma física para alguien que ha pasado la barrera de los 80.
Su historia personal tiene, además, un capítulo que muy poca gente conoce. En 1975, cuando tenía apenas 30 años y todavía no era una estrella, le diagnosticaron cáncer de próstata. La forma en que decidió afrontarlo fue poco convencional: rechazó los tratamientos médicos convencionales y adoptó una dieta macrobiótica estricta, retirándose durante meses a una cabaña en New Hampshire. Lo contó en su libro autobiográfico Confessions of a Kamikaze Cowboy.
Fotografías | NBC, @TheKingofTime
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