El 10 de agosto el Gobierno cifraba en 138.000 las hectáreas quemadas en los incendios de España. Ahora la cifra, tras 224 incendios y con los datos actualizados por EFFIS, es de casi 350.000 hectáreas quemadas. A día de hoy, ya se ha quemado más de lo que se quemó en todo el año 2022, el mayor desde que se registran datos en 2006. Además de las hectáreas, los desalojos y las vidas perdidas (cuatro ahora que un bombero forestal ha fallecido en Yeres), hay un riesgo invisible que también causa muertes. Las partículas finas (PM2.5) que se generan en un incendio son responsables de un promedio de 535 muertes anuales en Europa.
El riesgo oculto en el humo de los incendios. El incendio en Jarilla, Cáceres, se ha “olido” en Guadalajara, Toledo y Madrid debido a los vientos de componente suroeste-oeste que desplazaban la columna de humo en dirección este. El problema es que ese humo (la contaminación visible) viene acompañado de contaminación invisible. El aire contiene unas pequeñas partículas en suspensión que no vemos, pero sí afectan a nuestra salud. Las más peligrosas son las partículas ultrafinas PM2.5, capaces de recorrer kilómetros y degradar el aire, aunque las PM10 que se detectaron tras el incendio de Cáceres, también tienen riesgo para la salud como informaba el Plan Infocam de extinción de incendios forestales en Castilla-La Mancha y recogía La Ser.
No es que huela a humo y empeore la calidad del aire, es que nos mata. Como asegura el Servicio de Calidad del Aire de Madrid estas partículas finas empeoran la calidad del aire. Las PM10 “se quedan en los tramos altos del sistema respiratorio”, pero las más pequeñas y peligrosas, las PM2.5 llegan hasta los alvéolos pulmonares. Una vez allí, “desencadenan inflamación, estrés oxidativo y, en algunos casos, atraviesan a la sangre y se distribuyen por todo el organismo”, explica Gemma del Caño. Al pasar a nuestro organismo, empeoran enfermedades respiratorias como el asma o la EPOC, aumentan el riesgo de infecciones respiratorias y bronquitis y se asociado con el cáncer de pulmón. También aumenta la probabilidad de sufrir infartos, arritmias e hipertensión.
Las PM2.5 pueden pasar completamente desapercibidas porque no las vemos y terminar provocando problemas graves de salud. Tan graves que un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), asegura que la exposición a niveles más altos de PM2.5 relacionadas con incendios forestales aumenta el riesgo de muerte en la semana posterior a la exposición.
¿Quién está en riesgo? Los más vulnerables a las partículas en suspensión son niños, ancianos, personas que tengan enfermedades respiratorias o cardíacas, embarazadas y evidentemente, trabajadores al aire libre, especialmente aquellos que están encargándose de apagar los fuegos. El riesgo no es solo para aquellos que están cerca de los focos de incendio. Las zonas urbanas alejadas de los incendios también se ven afectadas. Emergencias ya advertía que en Madrid, por ejemplo, había empeorado mucho la calidad del aire y recomendaba no pasar tiempo en exteriores.
En Ponferrada ya hay alerta sanitaria por la mala calidad del aire, ya que se superan los 300 en los índices de calidad del aire (AQI), lo que es peligroso para toda la población. Es más, Héctor Castiñeira, conocido como Enfermera Saturada, explicaba que respirar en Ponferrada, O Barco o Astorga equivale a fumar nueve cigarrillos al día.
Los datos clave en la calidad del aire tras un incendio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niveles de PM2.5 no superen los 5 microgramos por metro cúbico como media anual, y los valores límite para la protección de la salud si hablamos de partículas en suspensión PM10 es de 50 μg/m3 al día (durante 35 días al año) y de 125 μg/m3 durante solo tres días al año si hablemos de las PM2.5. Un índice de calidad del aire (AQI) por encima de 100 ya es motivo de precaución seria y por encima de 300 es muy peligroso.
Para saber en qué punto estamos en nuestra zona, podemos consultar los índices de calidad del aire (AQI) a través de aplicaciones como ICA o o IQAir, o en portales oficiales como AEMET, los visores autonómicos de tu comunidad, el Ministerio de Transición Ecológica o Copernicus. Si notamos síntomas físicos como dificultad para respirar, dolor en el pecho, mareos, fuertes dolores de cabeza o tos persistente, es el momento de acudir al médico.
Qué hacer si ya estamos en riesgo. En el caso de que se haya establecido un riesgo para la salud, y aunque no siempre es posible evitar la exposición, podemos reducirla quedándonos en casa y manteniendo puertas y ventanas cerradas. Nada de realizar actividades físicas en exterior y es recomendable usar mascarillas FFP2 cuando salgamos de casa y si tenemos filtros HEPA para casa u espacio de trabajo, usarlos. Evidentemente deberemos tener especial cuidado con la pobablación más vulnerable y consultar los índices de calidad del aire y atender a las recomendaciones de protección civil y de las diferentes autoridades sanitarias.
Todas estas precauciones son bienvenidas, pero es necesario que atajemos el verdadero problema y es que cada vez hay más riesgos de incendios en España. Fomentar la economía rural y luchar contra el abandono rural que sufre la España vaciada, hacer labores de prevención como la gestión activa del paisaje y añadir fondos tantos humanos como materiales al cuidado de nuestra naturaleza, es algo que está encima de la mesa y que pide a gritos que nos pongamos las pilas con ellos a nivel político. Cuando apaguemos esa España que arde, pensemos en cómo queremos recordar el verano de 2026 en el futuro porque está claro que este verano de 2025 será recordado como el que más hectáreas hemos perdido.
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