Tener una conversación emocionalmente complicada con otra persona no siempre es fácil. Hablar con una amiga o un familiar sobre algo concreto. O con un ex. Te pongo un ejemplo concreto para que entiendas el contexto al que me refiero. Has roto con tu pareja pero aún queda entre vosotros sin resolver una última conversación que te ayudará (a ambos en realidad), a cerrar ese ciclo y empezar superar la ruptura. “Sabes perfectamente lo que quieres decirle a alguien pero sabes que esa persona tiene la inteligencia emocional de una lenteja”, afirmaba en uno de sus vídeos, la psicóloga Beatriz Ruiz.
A lo que se refiera Ruiz, es a lo complicado que resulta tener una conversación con alguien con una inteligencia emocional diferente a la tuya. Te preguntas para qué necesitas hablarlo más o qué necesidad tienes de pasar por ello si ya sabes cómo va a terminar. Conocer la reacción que existirá por la otra parte, puede condicionar hasta la forma que tienes de enfrentarte a ello y el intento de resolver el conflicto puede terminar generándote más frustración.
Cuando la conversación nunca llega a ninguna parte
“Vas a expresar todo lo que querías expresar y, al final, la conversación va a terminar hablando sobre cómo lo estás diciendo, que si siempre eres igual, que no se puede hablar contigo…” reflexiona la experta. El foco pasa del problema a cualquier otra cosa que nada tiene que ver con el problema. El problema, en el caso que expone Ruiz, no es el conflicto en sí, sino que el hecho de que “se vuelve agotador porque parece que esa conversación simplemente no va a llegar nunca a ninguna parte”, explicaba. Se convierte en una discusión que se repite una y otra vez.
En muchos casos, no es un problema de que no sepas cómo expresarte. “A veces pensamos que si encontramos las palabras exactas o perfectas, la otra persona finalmente podrá entender lo que le quiero transmitir”, reflexionaba, pero hay conversaciones que no necesitan una forma mejor de explicar las cosas, “simplemente necesitamos que haya una persona al otro lado que esté dispuesta a escuchar lo que tienes que decir”, asegura. Cuando discutimos con otra persona, entiendo la discusión no como una pelea sino como una forma de solucionar un conflicto, la psicóloga Mamen Jiménez nos explica que la mejor manera de hacerlo es pasar de oír a escuchar.
Esto es lo que muchas veces falla en estas conversaciones según Ruiz, porque puedes explicar las cosas perfectamente y diciendo exactamente lo que querías decir “pero la otra persona está demasiado centrada en defenderse y no tanto en comprender lo que tú le estás diciendo”. La gente con más inteligencia emocional tiene comportamientos al hablar con otros como la empatía o la capacidad de escucha, y cuando no existe, es como darse de bruces con una pared.
Y aunque hay diferentes razones por las que nos cuesta escuchar durante una discusión en la que escuchamos opiniones contrarias a la nuestra (como por ejemplo los nervios, el estrés o el miedo), y que influye en nuestra forma de reaccionar, lo que sostiene Ruiz es que “es imposible tener una conversación con una persona sin inteligencia emocional", porque por mucha que tengas tú, el desequilibrio entre ambos va a notarse.
Ruiz ya nos explicó que no se trata de ganar las discusiones, sino de intentar solucionar el conflicto desde el respeto y el amor, pero siento decirte que no siempre se puede. Cuando llegamos a la conclusión de que no queremos o no podemos tener esa conversación con alguien no significa que nos estemos rindiendo. Según la experta, “simplemente significa que hemos conseguido entender o hemos aceptado que el hecho de que yo sepa explicarme no me garantiza que la persona que tengo delante esté dispuesta a escucharme”.
Puede que necesites tener una última conversación con tu ex para cerrar las cosas, pero quizá el cierre no depende de tu ex, sino de ti. “Quizá el cierre que realmente necesitas o que estás buscando es decirte a ti misma: sé lo que viví, sé cómo ha sido esto para mí aunque la otra persona nunca llegue a entenderlo o a reconocerme que lo está entendiendo”. Una forma de cerrar un ciclo sin necesitar que otro te ayude a cerrarlo.
Fotos | @bearuiz.psicologia, Cemrecan Yurtman en Pexels
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