El fin de una era: Stefano Gabbana se divorcia de Dolce & Gabbana y se despide como director creativo

De romper tras 20 años de relación a seguir dirigiendo juntos una firma de lujo dos décadas mas ante de divorciarse empresarialmente

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María Yuste

Editor Senior

Últimamente parece que las firmas cambian de director creativo como quien cambia de playlist. Sin embargo, mientras que JW Anderson cambiaba Loewe por Dior o Demna Gvasalia salía de Balenciaga y llegaba Pierpaolo Piccioli, en Dolce & Gabbana absolutamente todo parecía inamovible: desde la estética hasta la narrativa, y pasando por el dúo al frente. Hasta ahora.

La noticia ha pillado hoy por sorpresa a la industria: Stefano Gabbana deja la presidencia de la firma que fundó en 1985 junto a Domenico Dolce. Aunque realmente lo hizo en diciembre de 2025, no ha sido hasta ahora cuando se ha sabido. Porque si algo define este movimiento no es solo el cambio en sí, sino el secretismo que lo ha envuelto.

Durante décadas, Dolce & Gabbana ha sido una rara avis. Una casa que, pese a la ruptura sentimental de sus fundadores, crisis de reputación y vaivenes del lujo, seguía bajo el control directo de sus creadores. Una especie de matrimonio empresarial sin divorcio oficial. Hasta hoy.

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El relevo: familia, poder y apellidos

El testigo lo recoge Alfonso Dolce, hermano de Domenico y, hasta ahora, consejero delegado. Desde enero, también presidente. Todo queda en casa, pero este cambio no es solo nominal: es la primera vez que Stefano Gabbana se aparta formalmente de la estructura de poder. Y eso, en una marca construida sobre la dualidad Dolce-Gabbana, no es un detalle menor. Es un cambio de ADN.

El timing en el que ha sucedido tampoco es casual. La firma atraviesa un momento delicado, con una deuda que ronda los 450 millones de euros y nuevas negociaciones abiertas con la banca. En paralelo, se barajan fórmulas para reforzar liquidez: desde refinanciaciones hasta posibles ventas de activos.

En este escenario, el propio Gabbana (que mantiene alrededor de un 40% del capital) estaría estudiando qué hacer con su participación. Y aquí es donde la historia se vuelve todavía más interesante porque no está claro si este paso atrás es estratégic o el principio de una desvinculación mayor.

Mientras tanto, el lujo global vive una desaceleración que ya no perdona ni a los grandes gigantes de la moda. Ni siquiera a quienes han hecho del exceso su seña de identidad.

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Nuevos nombres, nuevas reglas

A este tablero todavía habría que sumarle otro movimiento: la posible incorporación de Stefano Cantino, ex de Gucci, a un puesto de peso aún por definir. Lo que podría traducirse en una nueva manera más estructurada y profesionalizada de gestionar una casa que siempre ha funcionado más por intuición que por organigrama. Porque si algo sugiere esta reconfiguración es una transición: de firma de autor a empresa que necesita jugar con normas más corporativas.

Por lo tanto, la pregunta no es si Dolce & Gabbana cambiará. Eso ya está pasando. La pregunta es cómo. Por ahora, Gabbana sigue presente (al menos públicamente) en desfiles y apariciones. La imagen del dúo saludando en Milán sigue intacta, como si nada hubiera ocurrido. Pero la realidad es otra: la firma ya no es como antes.

Foto de portada | Renan Katayama

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