Los hombres están cada vez más preocupados por dormir mejor, pero hay un problema: esa necesidad de descanso les está quitando el sueño

La cultura wellness ha hecho que dormir ya no sea natural, sino otro objetivo que hay que hackear y perfeccionar

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Joel Calata

Editor

Desde fuera puede parecer una paradoja de manual: cuanto más obsesionados están muchos hombres por dormir mejor, más les cuesta coger el sueño. Esa espiral entre el deseo de descansar de verdad y la ansiedad por no lograrlo, se ha convertido en un fenómeno real que va mucho más allá de la simple necesidad de echar la siesta después de currar. 

Y es que, en realidad, hay una nueva tendencia que mezcla gadgets, datos y buenos propósitos, pero que también está dejando a más de uno dando vueltas en la cama bien despierto.

Lo que algunos expertos llaman "sleepmaxxing", se ha convertido en una obsesión por optimizar al máximo el descanso,, tanto que ha ganado terreno en redes y entre quienes usan dispositivos que monitorizan el sueño como smartwatches o apps móviles. 

La última encuesta de la American Academy of Sleep Medicine reveló que casi la mitad de los adultos utiliza estos dispositivos y que la mayoría ajusta su comportamiento basándose en lo que estas herramientas les dicen sobre sus patrones de sueño.

La idea en principio suena bien: saber cuánto y cómo se duerme para poder mejorar esos números y (en teoría) levantarse con más energía por la mañana. Pero hay un giro: según ese mismo estudio, una gran mayoría de personas acaba perdiendo sueño precisamente por preocuparse demasiado por dormir bien. Un 76 % de los encuestados admitió que las inquietudes relacionadas con su descanso (la llamada "ansiedad del sueño" o orthosomnia) les había dejado despiertos en algún momento.

Esta ansiedad por dormir perfecto puede convertirse en un problema en sí misma, porque en vez de ayudar a relajarse y desconectar, muchas personas se quedan comprobando métricas, comparando datos de fases de sueño o preocupándose por no alcanzar cierto número ideal de horas. 

Ese efecto rebote ha hecho que algunos expertos alerten de que los rastreadores de sueño, si se usan con obsesión, pueden trastocar más que mejorar el descanso.

Y ojo, porque no es solo cuestión de tecnología. La obsesión por medir cada aspecto de la vida, desde los pasos hasta calorías, está alimentando una cultura en la que dormir ya no es lo natural que debería ser, sino otro objetivo que hay que hackear y perfeccionar, con el riesgo de que ese esfuerzo por tener un sueño "ideal" acabe robándote las horas de sueño que tanto querías recuperar.

Foto de Bianca Castillo en Unsplash

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