En los últimos años, el mapa global del emprendimiento ha empezado a mostrar contrastes llamativos. Mientras algunos territorios redoblan esfuerzos para atraer talento e inversión, otros comienzan a notar grietas en modelos que antes parecían inquebrantables. En este punto de inflexión, dos realidades avanzan en direcciones opuestas y ayudan a entender hacia dónde se inclina hoy la balanza.
En ese aspecto, Madrid brilla con luz propia como polo de startups. Según el informe más reciente del South Summit 2025, el 45% de las startups en fases tempranas de la capital facturan entre 150.000 y 500.000 euros, muy por encima del 20 % del resto de España.
En total, la Comunidad madrileña cuenta con unas 2.100 empresas emergentes activas, que en conjunto generaron 21.000 empleos en 2024 y alcanzaron una facturación estimada de 3.500 millones de euros. Estos datos revelan que Madrid no solo produce ideas nuevas: muchas de esas ideas logran traducirse en negocios viables con músculo desde etapas tempranas, algo que años atrás sonaba más utópico que real.
Ese dinamismo convierte a Madrid en un imán para talento, inversión y ambición internacional. Además, un porcentaje significativo de estas startups utiliza tecnologías punteras, lo que da a la ciudad un aire moderno, tecnificado y competitivo a escala europea.
Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, muchas empresas de tamaño medio, las llamadas "middle-market companies", están desapareciendo de forma silenciosa. Un reciente análisis publicado en Inc. revela que ese tipo de compañías, con decenas o centenares de empleados, ahora representan menos del 1 % de todas las empresas estadounidenses.
Entre 2020 y 2025, la proporción de empresas medianas con entre 250 y 499 empleados se ha reducido en más del 22,5 %.
Ese declive no viene solo del empuje de las grandes corporaciones ni del auge de los emprendedores: parece obedecer a una combinación de razones estructurales. A mayor tamaño, más complejidad en finanzas, administración o ventas; muchos negocios quedan atrapados entre la rigidez de los grandes y la agilidad de los pequeños, sin la capacidad de escalar adecuadamente. El resultado es que el tradicional "tejido industrial y empresarial de tamaño mediano" (tan importante en las economías de posguerra) pierde relevancia.
Así pues, la imagen global es la de un cambio de paradigma. Donde antes existía una robusta clase media empresarial, hoy parece imponerse una polarización: por un lado, startups ligeras, flexibles, tecnológicas; por otro, gigantes que concentran capital y mercado. Las empresas "de en medio" quedan fuera, ni lo suficientemente pequeñas para adaptarse con agilidad, ni lo bastante grandes para competir con los grandes.
Puede que el auge de Madrid no sea casualidad: quizá refleja un replanteamiento global del tejido empresarial, en el que las startups ya no son sólo distritos de un mapa económico, sino las nuevas arterias de empleo, innovación y crecimiento. Y al mismo tiempo, puede servir como aviso: cuando las medianas empresas desaparecen, la economía se vuelve más frágil, más concentrada y más desigual.
Foto de Annie Spratt en Unsplash
En Trendencias | El Reino Unido vive una fuga de millonarios sin precedentes mientras en España se multiplican los adinerados llegados desde un destino inesperado: México
En Trendencias | En Latinoamérica la bachata es fuego puro, mientras en España se baila luchando por no pisar los pies a nadie
Ver 0 comentarios