La gran mentira de los bares españoles: sus servilletas siempre han tenido un objetivo distinto al de limpiar

La ciencia detrás de por qué esa servilleta te ensució más aún de lo que ya estabas

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María Yuste

Editor Senior

Hay pocas experiencias más españolas que intentar limpiarte las manos con una servilleta de bar después de comerte una croqueta y que lo único que consigas sea extender más la grasa por todos los dedos. Da igual cuántas uses, terminas con una montaña de papel arrugado delante, las manos pringadas y la sensación de que esa servilleta solo ha trabajado activamente en tu contra.

Y, sin embargo, ahí siguen. Resistiendo modas, reformas de interiorismo y la llegada de los locales de café de especialidad. Hablamos, por supuesto, de esas miniservilletas finísimas y ásperas que siguen formando parte fundamental de los bares de España. Lo que probablemente no te esperes es que exista una explicación para el fenómento de estas antiservilletas.

Llamadas oficialmente servilletas de papel sulfito satinado por una cara, su razón de ser reside precisamente en ese acabado satinado. A diferencia de las servilletas de celulosa normales, que son más porosas y ásperas, estas tienen una superficie mucho más lisa, pensada más para la estética que para la absorción. El resultado es un producto que desplaza el líquido en vez de absorberlo.

Lo curioso es que ni siquiera son especialmente más baratas. Según explican fabricantes del sector, su permanencia en el sector de la hostelería tiene más que ver con la costumbre y con la imagen clásica del bar tradicional que con una cuestión económica. El logotipo impreso luce mejor sobre ese acabado satinado.

Además, aunque sean pésimas en su función de servilletas, también esconden una función práctica. Precisamente porque absorben poco, son excelentes para envolver bocadillos grasientos o con salsa. En lugar de empaparse y deshacerse, actúan como una barrera que evita que el aceite o el jugo atraviesen el papel. Del mismo modo, son una buena opción para que los camareros puedam manipular alimentos sin tocarlos directamente. 

De todos modos, si siguen existiendo es porque, aunque no sean buenas servilletas, representan algo más. Una estética. Una nostalgia. Una manera muy concreta de entender el bar español, del que ya son prácticamente un souvenir.

Foto de portada | Ojos de buey

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