Conservar el queso y el embutido una vez abierto sin que se seque o aparezca moho es muy fácil con estos trucos

Conservar el queso y el embutido una vez abierto sin que se seque o aparezca moho es muy fácil con estos trucos
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Conservar bien el embutido y el queso es un arte, más aún cuando lo cortamos entero y luego solo nos quedan rodajas sueltas. Como en todo producto, lo más importante es moderarnos en el corte porque luego se van a secar y malograr a marchas forzadas. El embutido, salvo que lo vayamos a comer, como mejor está es en entero y sin cortar. No obstante, para evitar que nuestros embutidos se sequen más de la cuenta, hay remedios. Y no, no pasan por el papel film o por envolverlos a conciencia en aluminio.

El famoso "guardar en lugar fresco y seco" se hace más importante que nunca a la hora de conservar en plenitud estas barras de carne cargadas de sabor. También importa que sea un lugar oscuro y que cuidemos el jamón o el chorizo de turno antes de darle salida. Aunque, el problema, como casi siempre, viene después y es que el maltrato al que sometemos a los embutidos empezados en la nevera puede pasar factura.

Cómo evitar tener que conservar el embutido

Prevenir es mejor que curar, y con el embutido es preferible no pasarse de frenada. Aunque sea incómodo no emplatar todo de una vez, es conveniente que vayamos cortando lonchas a medida que la vayamos necesitando, aún estando en la mesa.

Sabemos que siempre es inevitable que algún trozo de jamón o de chorizo quede suelto (el famoso "de la vergüenza"), pero si consumimos a medida que cortamos, mejor.

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@Wesual click (Unsplash)

Recurrir a los loncheados que ya venden muchas empresas también es útil para casas relativamente pequeñas, o que directamente apostemos en el súper o en nuestra tienda de confianza por que nos corten el embutido. Además, si nos lo envasan al vacío, mejor que mejor.

Y es que el aire y el oxígeno son dos de los peores enemigos que cualquier embutido abierto tiene. Básicamente, dejarlo al aire libre y sin proteger (aunque sea con un poco de papel film) expondrá el producto a bacterias y el aire, que lo secará y deshidratará en demasía. Por eso, muchas veces tenemos que prescindir de esa primera loncha que ha empezado a ponerse mohína.

Cómo conservar bien el embutido en casa

No obstante, si nos hemos pasado de frenada y nos sobran lonchas a tutiplén o, aún siendo previsores, tenemos una media caña de lomo muerta de risa en casa, las soluciones son sencillas: imitar en la medida de lo posible las condiciones de vacío. Podréis pensar que es una locura que estemos abriendo y cerrando sobres (lo que quizá no sea ni ecológico ni económico) así que busquemos la alternativa barata. Eso sí, si no tenemos problema de dinero, lo mejor es reenvasar al vacío.

Nuestra mejor opción económica para conservar el embutido ya abierto en casa es el tupper (o cualquier recipiente lo más hermético posible) que nos permita evitar que el producto en cuestión esté en contacto con el aire. Después, guardamos la tartera en el frigorífico.

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@Edi Libedinsky (Unsplash)

Eso sí, como consejo, los expertos de Directo al Paladar recomiendan que no metamos distintos tipos de embutido en el mismo tupper porque van a acabar cogiendo otros aromas. Si esto fuera inevitable, alternad cada capa de embutido con papel sulfurizado (el de horno) y así evitaréis que los sabores se transmitan. Al estar en frío, la grasa no se fundirá y los sabores no serán tan intensos.

Cómo conservar el queso

Al queso le pasa exactamente lo mismo que le embutido, pero sufre todavía aún más en una nevera porque sus condiciones de curación a veces pueden desembocar en la generación de mohos que, si son en un queso que no debe tenerlos, no son buenos para la salud.

Tampoco le va a sentar bien que lo dejemos fuera de la nevera una vez abierto, ni con las clásicas queseras. Por mal que nos pese, el mejor amigo del queso es un espacio refrigerado. Si de nuevo hemos patinado con las cantidades en las tablas de queso, lo mismo que con el embutido.

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@Enrique Vidal Flores (Unsplash)

A tupper o a recipiente hermético y a ir cortando de allí a pequeños trozos según lo vayamos necesitando. Como es lógico, tampoco conviene que mezclemos quesos en un mismo tupper porque se van a viciar los olores. Huelga decir que el queso, sea del tipo que sea, no debe estar abierto en la nevera porque tiene la inoportuna capacidad de convertir toda nuestra nevera en una cava. Estar en un tupper permite y que no proliferen mohos, que no contamine con su olor.

Foto de portada | Jaimie Harmsen

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