Bad Bunny está deconstruido pero quiere vender discos: cómo con sus invitadas a la casita perpetúa la mirada masculina

El mismo artista puede ser feminista y a la vez reproducir los cánones de belleza que nos oprimen

La Paradoja De Bad Bunny Deconstruidos
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Anabel Palomares

Editor

Pocos nos acuerdamos ya de que el primer éxito de Bad Bunny en 2017, antes de su deconstrucción, fue ‘Soy peor’. En esa canción declaraba sin ambigüedad ser infiel, irresponsable y un tipo que no merece la pena. Un personaje construido sobre los pilares más viejos de la masculinidad urbana. Después, su canciones empezaron a hablar de liberación femenina. Pero la socióloga Silvia Díaz, autora de la primera tesis en España sobre Benito Antonio Martínez Ocasio ya lo advertía: “Bad Bunny tiene canciones sobre la violencia de género, el empoderamiento personal, la libertad sexual… Su imaginario es feminista, pero también refuerza ideas patriarcales”. 

Aquí nace la paradoja: ¿puede el mismo artista ser feminista y a la vez reproducir con precisión los cánones de belleza que oprimen a las mujeres? La casita de sus conciertos y todo lo que vemos en ella te da la respuesta: rotundamente sí. 

Deconstruido, pero queriendo vender discos 

El relato de la "deconstrucción" en la cultura pop se sostiene cuando un artista masculino llora sin miedo y muestra sus emociones. Cuando usa ropa que el sistema codifica como femenina o se hace las uñas. También decimos que está deconstruido cuando defiende a las mujeres o cuando besa a otro hombre frente a las cámaras como parte del show. Así, Bad Bunny se ha convertido con todo el derecho en un hombre deconstruido, lo que no implica que su relato no pueda tener contradicciones. Bad Bunny puede ponerse falda porque esa “deconstrucción” opera en el eje del género del artista, lo que no hace es operar en el eje del deseo que proyecta. Y ese deseo sigue siendo patriarcal, le guste o no.

En el videoclip de ‘Yo perreo sola' de 2020, Bad Bunny aparece como drag sin ironía ni comedia. En el mainstream del reguetón que se vivía en ese momento, el gesto fue recibido como valiente. Pero si analizamos la trayectoria visual de Bad Bunny aparece un patrón muy consistente y que no se examina. Los cuerpos femeninos de su imaginario siguen un canon muy preciso. Mujeres delgadas en las que las curvas solo aparecen en determinados sitios. Pieles perfectas. Nada de arrugas. Sólo mujeres jóvenes. No es un código exclusivo de Bad Bunny, claro. Es el código estándar del reguetón. Pero es también es exactamente el código que se supone que la "deconstrucción" debería haber cuestionado.

Al elegir mujeres de una belleza normativa y clásica, algo que hemos visto en sus recientes conciertos, y evitar subir al escenario de su casita rosa a personas con cuerpos diversos, está lanzando un mensaje: ese es el tipo de cuerpo femenino que merece ser deseado

Seguimos siendo un decorado en el deseo masculino

Existe un concepto llamado male gaze o mirada masculina, una teoría feminista que explora cómo las artes visuales suelen representar el mundo desde una perspectiva masculina, lo que afecta a cómo se representa a la mujer. Sara Ruiz lo describe perfectamente: “las mujeres en el cine parecen estar hechas para ser miradas”. Y no solo en el cine. Esa gramática visual aparece en los videoclips de reguetón y es perfectamente compatible con que el artista sea un hombre con uñas pintadas y un discurso progresista.

Esos cuerpos femeninos que aparecen en la casita durante sus conciertos son justo eso y reflejan a mujeres que parecen estar hechas para ser miradas. Casualmente entran en un canon de belleza preciso como representa Esther Expósito. El cuerpo femenino funciona en la casita exactamente igual que siempre ha funcionado en el género: como decorado del deseo masculino.

@antoniosntana_

@chiaraferragni. @ester_exposito en la casita de @Bad Bunny #badbunny #dtmf #madrid

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Quizá el problema sea cómo la industria musical lleva años usando la disrupción como una herramienta de marketing más. La transgresión vende, siempre que sea la transgresión correcta y en la dosis correcta. Un estudio del London College of Fashion sobre la colaboración Gucci × Harry Styles describió que las marcas de lujo "se benefician de trabajar con individuos que encarnan valores progresistas en términos de expresión de género" porque genera valor comercial y mejora su percepción entre la Generación Z. Bad Bunny es el ejemplo más eficiente de eso en este momento. Y no es que esos hombres deconstruidos sean unos impostores y merezcan una condena, sino que el mercado tiene una capacidad innata para coger esa transgresión y convertirla en un producto.

En preguntarnos si Benito es auténtico o no está la trampa, porque lo importante aquí no es que él crea que sus gestos son feministas, sino lo que aprende quién lo mira. Al mirar a los invitados a esa casita de ensueño en Puerto Rico aprendemos que esas son las mujeres que físicamente deberíamos ser. 

Soy feminista y la primera que ha celebrado la deconstrucción del género masculino en la música. La primera que perrea hasta el suelo. Pero me he dado cuenta de que no exijo lo mismo al deseo que ese género produce de lo que exijo al género en sí mismo. No me pregunto si estoy ante un hombre que genuinamente ha cambiado su mirada sobre el mundo, o solo estoy ante la industria siendo exactamente lo que siempre ha sido, patriarcal. Probablemente las dos cosas a la vez y esa es, exactamente, la paradoja de Bad Bunny.

Fotos | GTres, NFL

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