Comer no es una enfermedad, aunque TikTok quiera meter tu almuerzo en un pastillero

A propósito de los trends virales que buscan a toda costa que nuestros cuerpos sean una tendencia

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Noemí Valle

Editor

Hace dos noches, deslizando por TikTok, me topé con una chica preparando su almuerzo saludable para ir al trabajo. Plátano deshidratado, una onza de chocolate y almendras. Hasta aquí, nada aparentemente alarmante. Lo curioso es que en lugar de utilizar un tupper, colocaba estos alimentos en pastillero minúsculo. En consecuencia, las cantidades eran escandalosamente ridículas. Si te pica el gusanillo en el colegio, la universidad o la oficina, la solución es un snack a medida del estómago de un bebé. 

Estos vídeos ya son un trend viral en redes. Las mujeres se graban haciendo un croquis imposible en una cajetilla de metal a primera hora de la mañana. De nuevo a sistematizar el hambre como un fallo en tu cuerpo. Pensaba que estábamos en paz con nosotras mismas, pero resulta que solo era una tregua. La sociedad, incansablemente misógina, siempre tiene un as bajo la manga para hacernos flaquear. Nos quiere ver adelgazar hasta los límites, finitas como el canto de un folio. Nos quieren, en el fondo, hacer desaparecer a todas. 

@lautanasiaa

si pasas hambre es porque no te estás nutriendo lo suficiente 🤝🏻

♬ sonido original - lautanasia

Tu comida no cabe en un pastillero

Veo estos vídeos absurdos y no paro de pensar en las chicas adolescentes que están normalizando este tipo de conductas. Un día en lugar de hacerte un bocadillo de jamón serrano y tomate para el recreo del instituto, empiezas a colocar en un pastillero tres almendras, media onza de chocolate 90% cacao y, con suerte, dos dátiles. Si eres más de salado, dos olivas, un pedacito de queso y pan del tamaño de una nuez y dos anacardos. Y a aguantar siete horas con eso en el cuerpo. 

Me dan escalofríos cada vez que aparece en mi teléfono un TikTok de estos. El pastillero donde metes los ibuprofenos, al que recurres cuando estás enferma, no puede ser tu tupper. No puede serlo porque el deseo de comer no es una enfermedad, es tu organismo mandándote señales de que estás viva, sana y entera y tienes que alimentarlo para seguir viva, sana y entera. Y aquí no hay espacio para la belleza, porque la belleza no tiene nada que ver, por mucho que nos intenten convencer de lo contrario, con el perímetro de tu cintura

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Vuelta a los 2000: el cuerpo como tendencia

Este trend viral no aparece en las pantallas de nuestros smartphones por casualidad, viene de la mano del resurgimiento de tendencias que abogan por la delgadez extrema. El heroin chic está de moda, solo hace falta que eches un vistazo a las alfombras rojas de estos últimos meses. Desde la gala de los Oscars hasta las Fashion Weeks más recientes. Las modelos vuelven a ser esqueléticas y las celebrities se pasean por los photocalls marcado cada vez más clavícula.

Escribiendo esto, pensaba mucho en las palabras que compartió en Instagram la directora de cine Chloé Wallace hace una semana. Una publicación donde tecleaba con rabia y profundamente triste, sobre la normalización de los cuerpos enfermos mientras señalaba la delgadez como capital social. Hacía alusión, por supuesto, al Ozempic, el cambio de las restricciones alimentarias de los 2000 por una inyección semanal en 2026. El resultado es el mismo: un TCA a la espalda que te acompañará de por vida. Luego suscribía una frase de Naomi Wolf, de hace más de tres décadas: "la belleza no es un estándar neutro, sino un sistema de control, cada vez que las mujeres ganan terreno en algún sitio aparece una nueva exigencia física para devolvérnoslo." Nos quieren con la mente distraía en esta basura, alejadas todo lo posible de los engranajes del poder.

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¿Por qué no ha calado el discurso body positive?

Quizás es la etapa de recesión que atravesamos, un debilitamiento inminente de derechos básicos que creíamos conquistados. El mundo se está tornando un escenario poco apetecible y el pasado conocido nos parece un lugar idílico donde tornar la mirada. El discurso body positive se está quebrando porque nos ha puesto a las mujeres sobre los hombros la carga de estar cómodas con nuestros cuerpos tras décadas enseñándonos a detestarlos. Ahora ódialo y luego ámalo y ódialo otra vez. Y hay algo que falla porque creo que no es nuestro cometido ir en busca de esa autoestima, aparentemente patrimonio exclusivo de las figuras normativas y canónicas. Hay otros culpables en la escena del crimen, nosotras solo hemos sido unas cómplices de rebote.

No tengo la respuesta de nada, solo sé que en esta vida hay que estar nutridas, porque nos pasan cosas apasionantes y hay que comentarlas y celebrarlas en una mesa con nuestra familia, nuestras amigas y nuestra pareja. Nuestro almuerzo no cabe en un pastillero. Hay que estar todo el rato con ojo avizor para que no nos vuelvan a colar que ocupar poco espacio es tendencia. Y a las miradas inquisitorias, puñetazo. Si no te gusta mi talla, menos te van a gustar mis opiniones. Yo estoy en paz con ambas. Hazme el favor y levántate de la mesa, que me quiero comer tranquila este bocata de lomo queso. 

Fotos | Netflix, IMDb

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