Un diseñador español: Elio Berhanyer

Un diseñador español: Elio Berhanyer
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Estamos acostumbrados a alabar sin reparos a maestros internacionales de la aguja, pero parece que con los de casa, nos volvemos rácanos. Hacemos la vista gorda y nos dejamos seducir por nombres con acento francés o siglas con historia centenaria. Por eso ya es hora de hablar alto y claro del señor de la moda por antonomasia en España: Elio Berhanyer.

A muchos les sonará a antiguo, a pasado, a otra época, y es que Berhanyer es el gran desconocido de un panorama español actual del que tirán Delfines, Arzuagas, y otras pseudo-modernidades. Hijo de provincias, Elio fue un niño de mente privilegada que enseguida se dio cuenta de cuál era su verdadera vocación: la moda (aunque estuvo a punto de meterse a arquitecto y su amor por lo arquitéctonico se nota en su precisión).

A día de hoy es el único creador español con más de cien colecciones presentadas a lo largo de su extensa trayectoria y el más veterano en activo.

A los diecisete años se traslada a madrid desde su Córdoba natal aunque no fue hasta diez años después cuando hiciera su primera incursión en la Alta Costura. Tras hacer sus pinitos entre bambalinas de ballets y obras de teatro, así como colaborar con una publicación de moda de la época, en 1960 abre dos tiendas en Madrid y Barcelona, respectivamente, y ese mismo año, su labor ya fue reconocida internacionalmente con el Premio Cadillac.

Poco después sería galardonado además con un master Honoris Causa por la Universidad de Harvard, reconocimiento al que seguirían infinitos más: entre ellos, "La Medalla de Oro a las Bellas Artes".

Para entender el esplendor de sus primeros pero firmes pasos, hay que contextualizar: los sesenta eran una época de grandes bailes y fiestas en palacios. Una época en el que la moda no era un fenómeno de masas sino el privilegio de unos pocos. Una época en el que la moda se entendía como un proceso artesanal y no como un ejercicio consumista desenfrenado. Una época en la que el Mesías no se apellidaba Ortega, sino Balenciaga.

Durante esa esplendorosa década, Elio pasea sus colecciones por todo el mundo: Estados Unidos, Méjico, Suiza, Sudáfrica, Alemania, Japón, Israel y Chile son solamente algunos de los países cuyos gobiernos requieren la presencia del diseñador.

Amplia mercado y presenta su primera colección masculina en 1967 y dos años después, en 1969, lanza una línea de complementos: bolsos, pañuelos, corbatas, guantes y perfumes.

Ava Gardner, Cyd Charisse o Dolores del Río, además de la Reina Sofia o la Condesa de Romanones son solamente algunos de los nombres que viste y que vistió.

"Toda la artesanía que había entonces ha desaparecido: los bocetos, borradores... Yo intento hacer costura, reproducir los bordados... Los de alta costura hay que hacerlos a mano. Pero es francamente caro. Hoy se ha dejado de vestir muchísimo" afirmaba en una reciente entrevista el diseñador. Eso y que los tiempos cambiaban, los setenta eran época de revolución y espíritu hippie, le empujaron a ceder al prêt-à-porter. Pero al "listo para llevar" bien hecho. Nada de rebajar calidad.

El prêt-à-porter le acercó al mundo de los uniformes, y es que viste a las azafatas de Iberia, a las del mundial de fútbol y hasta al Grupo 45 de las Fuerzas Aéreas Españolas por deseo expreso de S.M el Rey Juan Carlos.

En los setenta su trayectoria se trunca: "En 1974, el Gobierno decidió que España no debía tener lujo. Nos pusieron un impuesto muy fuerte y cerramos todos los que nos dedicábamos a ello". En ese momento acabó la tradición de Alta Costura en España. Sin más.

Pero en 1994 renace de sus cenizas y presenta su primera colección en Cibeles. Y hasta hoy ha seguido al pié del cañón, haciendo doblete entre el "listo para llevar" y las novias, deleitándonos con uno de los más meticulosos ejercicios de moda en su sentido más clásico.

Incansable, enfundado en su mítica bata blanca de sastre pulcro, meticuloso y curtido, Elio es con mayúsuclas y rotundamente el último superviviente de una generación de modistos que ha dejado un legado y una huella que permitirá algún día que en España, la moda sea considerada arte.

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