Los thrillers judiciales, desde su explosión en los años noventa y durante los dosmiles, se han ganado un sitio como género propio: peliculones como 'El informe pelícano', 'Algunos hombres buenos' o 'Las dos caras de la verdad' ahondan en la problemática de cómo se ejerce la justicia o cuánta corrupción hay alrededor de jueces, fiscales y abogados defensores.
Si hay un thriller judicial al que vuelvo una y otra vez (y del que hago abierto proselitismo, todo sea dicho), ese es 'El jurado' ('The jury', 2003), dirigido por Gary Fleder ('Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto') y con un reparto de excepción: Gene Hackman, Dustin Hoffman, Rachel Weisz, John Cusack y su inseparable Jeremy Piven, entre otros.
La historia gira en torno a un juicio en el que se dirime si una compañía fabricante de armas puede ser responsable de un tiroteo ocurrido en una oficina. El juicio se lleva a cabo con un jurado popular, algo bastante habitual en Estados Unidos, que intentará ser manipulado desde dentro y desde fuera de la sala. Y hasta aquí puedo leer.
Cómo se elige un jurado (porque no todas las personas interesa que estén allí para el fiscal o para el bogado de la defensa), cómo se organizan entre ellos para llegar a dar su veredicto (lo cual recuerda, salvando las distancias, claro, al clásico 'Doce hombres sin piedad', que no podía dejar de nombrar al hacer esta recomendación) o cómo se puede influir en las personas a través del juego psicológico son los pilares de este thriller en el que el dilema ético está servido.
Una película ágil y muy recomendable para los amantes de las salas de juicio (al menos desde la distancia) que podéis ver en Netflix.
Imagen | El jurado
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