El precioso pueblo blanco de Almería con más flores que vecinos (y sin los turistas de Mojácar)

Recorrer cada calle es como atravesar un vergel

Calle De Lucainena De Las Torres 09
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María Yuste

Editor Senior

Almería es mucho más que ese laberinto blanco mirando al Mediterráneo que es Mojácar o la tradición artesana y las calles llenas de color de Níjar. Los viajeros más experimentados saben que hay otro rincón que no tiene nada que envidiarles y que, además, no está masificado. Se trata de un pequeño pueblo blanco donde las flores no son decoración, sino casi una forma de vida.

Se llama Lucainena de las Torres y tiene algo difícil de encontrar incluso en Andalucía: una estética impecable de calles llenas de macetas en las que a veces incluso parece que haya más flores que vecinos. Y no es una exageración tan grande si se tiene en cuenta que aquí apenas viven unos 690 habitantes.

El pueblo blanco escondido entre montañas

Lucainena de las Torres se encuentra en plena Sierra Alhamilla, en el interior de la provincia de Almería, a unos 50 kilómetros de la capital. El paisaje que rodea el pueblo mezcla montañas ocres, barrancos y una naturaleza áspera que contrasta con la limpieza casi luminosa de pueblo blanco del casco urbano.

Pueblo almeria PhotoLanda

De hecho, desde lo alto de algunos miradores, las casas parecen pequeñas motas blancas salpicando el paisaje. No es de extrañar que forme parte de la lista de los pueblos más bonitos de España, un reconocimiento del que dentro de la provincia solo pueden presumir Mojácar y esta pequeña localidad serrana.

Lo primero que llama la atención al pasear por Lucainena es el cuidado extremo con el que lucen sus calles. Las fachadas de un blanco impecable están cubiertas de macetas que cuelgan de las paredes, descansan en los alféizares o se alinean a lo largo del suelo. Geranios, buganvillas y flores de temporada convierten cada esquina en un pequeño jardín improvisado

Son los propios vecinos quienes se encargan de mantenerlas, regarlas y sustituirlas por otras cuando hace falta. El resultado es un pueblo-vergel donde prácticamente no hay rincón sin una planta o una flor.

pueblo almeria PhotoLanda

Qué ver Lucainena de las Torres (además de flores)

El paseo suele empezar en la plaza del pueblo, el corazón de la localidad. Muy cerca se encuentran los antiguos lavaderos públicos, donde durante décadas los vecinos se reunían para lavar la ropa o recoger agua. A pocos pasos aparece también la Iglesia de Nuestra Señora de Montesión, levantada sobre una antigua mezquita y reconstruida en el siglo XVII.

Aunque hoy el turismo rural y la tranquilidad definen el pueblo, durante el siglo XIX y principios del XX Lucainena vivió un auténtico auge gracias a la minería. El mineral extraído se procesaba en los hornos de calcinación, unas enormes estructuras industriales que todavía se conservan y que hoy forman parte del paisaje histórico del municipio. Desde aquí, el material se transportaba en tren hasta la costa.

Lucainena PhotoLanda

En la actualidad, aquella antigua línea ferroviaria se ha transformado en una Vía Verde que puede recorrerse a pie o en bicicleta. El tramo que atraviesa la zona minera permite entender cómo este pequeño pueblo llegó a superar los 2.400 habitantes en 1900.

El entorno natural también tiene bastante protagonismo. Desde el mirador del Poyo de la Cruz o el mirador del Garruchete se obtienen algunas de las mejores panorámicas del pueblo y de la sierra que lo rodea. En particular, dominando el paisaje aparece el Peñón de Lucainena, que supera los mil metros.

No muy lejos se encuentra el barranco del Juagarí, donde nace una fuente de aguas sulfurosas a la que la tradición popular atribuye propiedades curativas. La historia cuenta que todo empezó cuando un cerdo enfermo se revolcó en dichas aguas y se recuperó poco después. A partir de ahí, incluso se construyeron unos baños públicos en el siglo XIX.

Puebo Almeria Alicia Camacho Adarve

¿Y para comer?

Entre los platos más típicos destacan los gurullos con conejo, una pasta tradicional que se cocina en guiso. También la olla de trigo, el potaje de calabazas o las pelotas de maíz. Para terminar o llevar como souvenirs son famosos sus roscos, los bollos de nata o los cuajaos de almendra.

Con todo esto queda claro que, aunque aunque Lucainena de las Torres no tenga la fama turística de otros pueblos de la provincia, tiene algo difícil de imitar. Queda apuntado para una escapada de primavera.

Foto de portada | Eduardo Milla

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