Hay una pregunta que odio y que cada verano vuelve con la misma puntualidad que las olas de calor. Es el comodín estrella del small talk de temporada. Te la hacen amigos, compañeros de trabajo, familiares e incluso ese vecino con el que apenas intercambias un par de palabras cuando no queda más remedio: "¿Te vas a algún lado de vacaciones?".
La mayoría de los veranos mi respuesta ha sido exactamente la misma: no me voy a ninguna parte. Lo que automáticamente me resta aura ante un interlocutor que espera escuchar el nombre de alguna isla griega. Últimamente, me da la sensación de que la palabra "vacaciones" se ha convertido prácticamente en un sinónimo de "viajar" y que es casi una obligación tener un destino siempre reservado.
Sin embargo, yo nunca he sentido esa necesidad. No porque no me interese conocer el mundo. Al contrario. Me fascinan las historias que esconden los lugares, las tradiciones que sobreviven al paso del tiempo o la manera en la que una ciudad puede explicar siglos de historia con solo pasear por sus calles. De hecho, he hecho viajes durante mis vacaciones de verano. El último, a Berlín en 2022.
Lo que nunca he entendido es que sea tan popular la idea de viajar porque toca, porque se tiene tiempo libre o porque incomoda tener que decir siempre que aún no has estado en ese sitio del que todo el mundo habla. En esa lista hay muchos destinos muy populares en Instagram que no me generan ningún tipo de fomo y que me da igual si me muero sin haber estado nunca. Si voy quiero hacerlo cuando sienta que ese lugar tiene algo que decirme y yo también tenga algo que llevar hasta él.
Por ejemplo, nunca he pisado París y, sinceramente, tampoco me quita el sueño. Si algún día voy, estupendo. Y si nunca ocurre, mi vida seguirá siendo exactamente igual de feliz o infeliz. Por muy bonita o turística que sea, actualmente no tengo ningún motivo personal para hacer un viaje que me permita tacharla de la lista.
No viajar no es no tener nada que hacer
Quizá sea una opinión poco popular, pero creo que hemos empezado a confundir sitemáticamente viajar con consumir destinos. Las vacaciones sse han convertido en otra forma de rendimiento y el verano se evalua por el número de kilómetros recorridos o las fotografías que podemos enseñar al volver. Descansar se ha quedado corto; hay que optimizar el tiempo libre.
El viaje te da la oportunidad de hacer algo nuevo y ganar una especie de hito vital. Sin embargo, detrás de esos viajes, muchas veces hay más una lista de tareas que curiosidad genuina. No es casualidad que en tanto sitios miles de personas terminen haciendo exactamente la misma ruta, la misma fotografía y hasta el mismo desayuno viralizado por el algoritmo.
Así que tampoco pienso que viajar convierta automáticamente a nadie en una persona más culta o más abierta de mente. He conocido personas que apenas han salido de su provincia porque la vida, la salud o la economía nunca se lo han permitido y que, aun así, tenían una conversación infinitamente más interesante que otras que ya han estado en los cinco continentes.
Interesarte por otras culturas, conocer la historia del mundo y ser capaz de hablar durante horas de literatura, cine o filosofía no tiene nada que ver con haber viajado o no. Puedes ser un viajero incansable que ha recorrido medio planeta sin haberse detenido realmente a comprender ninguno de los lugares por los que pasaban más allá del cliché y el souvenir. Y viceversa.
No voy a coleccionar imanes de destinos en el frigorífico
Así que me da igual poder decir que he estado allí o aquí, yo para viajar necesito que exista una razón que vaya más allá del propio acto. Un concierto que llevaba años esperando, una gastronomía que me fascina, una lengua que quiero aprender, una historia que despierte mi curiosidad por la cultura o incluso un pasaje de la historia del mundo que me deja con la sensación de que necesito ver ese rincón con mis propios ojos. Quiero sentir que ese lugar tiene algo que decirme y yo también tenga algo que llevar hasta él.
Solo entonces aparece el deseo de viajar para mí. No porque el calendario marque vacaciones ni porque he encontrado un vuelo barato, sino porque ese lugar ya ha empezado a formar parte de mi historia antes incluso de poner un pie en él. Ese es el único tipo de viaje por el que estoy dispuesta a sacrificar horas de sueño sin alarmas o el poder entregarme sin horarios a mis aficiones y pasiones.
Los viajes importantes de mi vida siempre me han encontrado ellos primero, no he salido a forzarlos. Tampoco necesito conocer todos los países posibles antes de cumplir una determinada edad, prefiero pensar que los lugares tienen su propio momento y que algunos aparecen en nuestra vida cuando estamos preparados para escucharlos. Puede que tarde años en visitar sitios que otros conocen con veinte. Puede que nunca pise algunos de los destinos que aparecen una y otra vez en todas las listas de imprescindibles. Y no siento que eso me haga perderme nada.
Foto de portada | María Yuste
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