Soy experto en decoración, y estos son los trucos que uso para mantener la casa ordenada sin esfuerzo

Con una sencilla rutina podemos tener la casa recogida y evitar pegarnos una tarde entera para recoger

Cómo ordenar la casa sin esfuerzo
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Nacho Viñau

Editor

Tengo que reconocer que soy un poco maniático con el orden. Sobre todo, con el que se ve. Porque una cosa es abrir un cajón y encontrarse con que aquello necesita una buena puesta a punto y otra muy distinta entrar en el salón y ver una manta tirada, los cojines descolocados, varios objetos sobre la mesa y cosas que deberían estar en otro sitio.

Y aquí viene la contradicción: no soy especialmente meticuloso con lo que queda escondido dentro de armarios y cajones, pero necesito tener bastante controlado todo aquello que está a la vista. El salón, el recibidor, el dormitorio, la cocina... Y trabajar buena parte del día desde casa tampoco ayuda. Cuando teletrabajo, necesito que el entorno esté despejado para poder concentrarme. Si veo algo fuera de lugar, mi cabeza se va hacia esa tarea pendiente y muchas veces termino levantándome para recogerlo antes de continuar trabajando.

El problema es que mantener una casa ordenada cuando vives con otra persona no siempre es sencillo. Especialmente cuando esa persona tiene la costumbre de dejar el bolso en la butaca de la entrada, la chaqueta sobre una silla del salón o las llaves y la cartera en cualquier lugar menos en el que deberían estar. 

Y hay algo más: el orden de la casa también tiene mucho que ver con el orden mental. Una habitación despejada transmite calma, mientras que una superficie llena de cosas pendientes puede generar justo la sensación contraria. Por eso, con los años, he ido incorporando pequeñas rutinas que me permiten mantener la casa razonablemente ordenada sin tener que dedicar una tarde entera a recoger.

Si tardo menos de un minuto, lo hago en ese momento

Esta es probablemente la regla más sencilla y también una de las que más noto en el día a día. Si algo me va a llevar menos de un minuto, intento hacerlo inmediatamente en lugar de dejarlo para después. Colgar un abrigo, guardar un libro, tirar un papel, cerrar una tapa, llevar un vaso a la cocina o devolver un objeto a su sitio son acciones tan pequeñas que parece que no merece la pena levantarse para hacerlas. El problema llega cuando dejamos diez de esas pequeñas cosas para más tarde, ya que el resultado es la acumulación y el desorden. 

Por eso intento aplicar una especie de regla del minuto. Si llego a casa con correo, lo reviso y tiro lo que no necesito o guardo lo que quiero conservar. Si termino de tomar café, recojo la taza. Si utilizo unas tijeras, vuelven a su sitio cuando termino. Y si me pongo las cremas delante del espejo del baño, no las dejo sobre el lavabo durante horas: las guardo inmediatamente. 

También hago lo mismo si abro un paquete que acaba de llegar, ya que intento deshacerme inmediatamente de los cartones y plásticos que no necesito. Evidentemente, no siempre consigo hace esas pequeñas rutinas de orden dentro del estrés del día a día. Pero convertirlo en una costumbre hace que el desorden tenga muchas menos oportunidades de crecer. Y aunque pueda parecer tedioso, cuando coges el hábito, sale de forma natural. 

También ayuda aprovechar momentos muertos. Si estoy trabajando desde casa y necesito hacer una pausa, puedo aprovechar para poner el robot aspirador, limpiar el espejo del baño o recoger alguna habitación. 

Antes de irme a dormir, dejo el salón recogido

Guardar mando a distancia

Tengo una pequeña rutina antes de acostarme que intento mantener incluso cuando estoy cansado o aunque me vaya a la cama tarde: dejar el salón como me gustaría encontrarlo al día siguiente. Antes de irme a acostar, dejo el mando de la televisión en el lugar en el que suelo guardarlo, coloco bien los cojines sobre el sofá, y en invierno, doblo la manta que he utilizado para taparme mientras veo una serie y la guardo en una cesta para tenerla lista para ser utilizada al día siguiente. También procuro que la mesa de centro quede despejada.

En cuestión de un par de minutos, dejo el salón recogido, evitando que al día siguiente esta estancia de la casa esté desordenada de una forma sencilla. De hecho, creo que uno de los errores es pensar que para tener la casa ordenada hay que dedicar mucho tiempo a ordenar. Muchas veces son cinco minutos de pequeñas acciones.

ordenar salón

La cocina se recoge después de cada comida

La cocina es uno de los espacios donde más rápidamente se nota el desorden. Basta con dejar un par de platos sobre la encimera, un paquete abierto, una taza y algún utensilio para que la sensación cambie por completo.

Por eso intento recoger después de cada comida, aunque sea de una manera muy básica. Los platos van al lavavajillas, la encimera se limpia y los alimentos vuelven a la despensa o al frigorífico. Si he cocinado, procuro no dejar todos los utensilios para el final, recogiendo y limpiando a la vez que cocino.

Las superficies despejadas cambian por completo una habitación

Con el tiempo he comprobado que una de las formas más rápidas de conseguir que una casa parezca ordenada es tener despejadas las superficies que vemos continuamente. La mesa de centro, la consola del recibidor, la encimera, la mesilla de noche o la mesa del comedor suelen convertirse en lugares donde vamos dejando cosas sin darnos cuenta. Unas llaves, unas monedas, el correo, un cargador, unas gafas...

Y cuando todos esos pequeños objetos terminan juntos, la sensación visual es de desorden aunque cada cosa tenga una utilidad. En la mesilla de noche esto sucede especialmente. Puede acabar acumulando libros, cremas, cargadores, vasos, gafas o cualquier otra cosa que utilizamos antes de dormir. En lugar de intentar tenerla completamente vacía, prefiero limitar lo que dejo encima y, cuando necesito agrupar varias cosas, utilizar una bandeja pequeña.

El recibidor necesita un lugar para cada cosa

El recibidor es otro de los puntos conflictivos de cualquier casa. Es el primer lugar al que llegamos y, precisamente por eso, tiene muchas papeletas para convertirse en un punto de acumulación.

El bolso, las llaves, la cartera, los zapatos, el abrigo o la cazadora... Si no existe un sitio concreto para cada una de estas cosas, acabarán ocupando cualquier superficie disponible. Por eso creo que el recibidor tiene que estar pensado más allá de la estética. 

Bandeja para dejar las llaves

Una consola bonita ayuda, pero también necesitamos algún elemento que permita dejar las llaves o las cosas que llevamos en el bolsillo. Y eso es importante, porque a la hora de guardar algo, no hay que pensar dónde hacerlo, ya que ese sitio ya existe. Y además, no me gusta tener percheros en este punto, ya que cuando se llenan de abrigos, cazadoras, bolsos y chaquetas, me transmiten sensación de desorden. En ese sentido, prefiero guardar estas prendas en el armario correspondiente. 

Las sillas no son percheros

Supongo que os pasará a muchos en casa. Siempre hay alguien que cuando llega a casa, deja la chaqueta en la silla del salón, el bolso en recibidor, o la camiseta sobre la cama antes de irse a duchar. Y si no tienes a alguien en casa que hace eso, es que eres tú. Esos pequeños gestos generan una sensación de desorden que que es fácil evitar, al no convertir las sillas en un armario improvisado.  

Si esa ropa está para lavar, lo mejor es echarla directamente al cesto de la ropa sucia. Y si todavía podemos utilizarla, podemos meterla de nueva al armario o al lugar que tengamos destinado para esa ropa. 

Las monedas, los papeles y otras pequeñas cosas también necesitan su sitio

Hay objetos que parecen insignificantes pero que terminan contribuyendo mucho al desorden visual. Las monedas son un buen ejemplo. Podemos encontrarlas sobre una consola, en un bolsillo del pantalón, encima de la mesa o en un cajón.

En lugar de ir acumulándolas en diferentes lugares, podemos tener un pequeño recipiente para reunirlas. Lo mismo podemos hacer con determinados papeles, llaves o pequeños objetos que utilizamos habitualmente. La clave está en que ese recipiente no se convierta en un cajón de sastre. Si todo tiene un lugar concreto, recoger deja de ser una decisión que tenemos que tomar cada vez.

Son tareas pequeñas, pero tienen un efecto acumulativo

Al final, creo que mantener una casa ordenada no consiste tanto en estar recogiendo constantemente como en evitar que el desorden llegue a acumularse. Cada cosa que vuelve a su sitio en el momento adecuado es una cosa menos que tendremos que recoger después.

Y aunque reconozco que soy bastante maniático con el orden que se ve, también he aprendido que no hace falta vivir pendiente de él. Con unas cuantas rutinas muy sencillas, la casa puede mantenerse razonablemente recogida durante todo el día. Y, en mi caso, entrar en una habitación despejada no solo hace que la casa se vea mejor: también me ayuda a sentir cierta paz mental. 

Fotografías | Nacho Viñau, Magnific

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