El pequeño cementerio de Bandujo se convierte en un jardín de composiciones geométricas, hecho por los vecinos para recordar a los que ya no están. Para ello, colocan flores sobre la tierra formando dibujos. Previamente, las familias han preparado el terreno de las sepulturas: han alisado la tierra y han trazado los motivos que después rellenarán de color. Es la bonita tradición que este pueblo asturiano mantiene de generación en generación para el día de Todos los Santos.
La costumbre en sí y ya sería motivo suficiente para organizar una visita, pero no es la única. Alrededor del camposanto comunal se encuentra una aldea cuyo patrimonio va mucho más allá de su torre medieval. Bandujo (oficialmente Banduxu, y perteneciente al concejo de Proaza, en el interior de Asturias) conserva un entramado de barrios, viviendas y construcciones agrarias que es un recorrido por las distintas etapas de su historia. De hecho, está protegido como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjunto Histórico.
La ubicación también tiene mucho que ver con su encanto. El pueblo ocupa una loma entre montañas y durante mucho tiempo dependió de un camino de subida para comunicarse con el valle. La electricidad, el agua corriente y las carreteras modernas no llegaron hasta los años ochenta del siglo XX. Detrás de la imagen rural que sigue atrayendo a los visitantes hubo, hasta no hace tanto, un estilo de vida muy distinto al actual.
Qué ver en Bandujo
La iglesia de Santa María y su entorno son un buen punto de partida para empezar la visita. Su construcción data de los siglos XII y XIII, en pleno desarrollo medieval de la aldea. El paseo por los alrededores permite acercarse a ese paisaje de casas, hórreos y paneras en el que las construcciones señoriales conviven con otras vinculadas al trabajo del campo.
A pocos metros está el cementerio, donde las familias preparan tierra oscura y la extienden sobre los enterramientos la víspera de Todos los Santos. Después realizan los dibujos y las flores, cultivadas también en sus casas durante todo el año para esta fecha. Este cuidado se aplica incluso a las sepulturas que ya no tienen familiares que se ocupen de ellas y son el resto de vecinos quienes las adornan. De hecho, las tumbas no tienen propiedad individual y, cuando alguien fallece, ocupa el lugar de quien llevaba más tiempo en el cementerio.
La otra gran parada obligatoria es la torre de Bandujo o de Tuñón, junto a la casona conocida como El Palacio. Su planta circular, sus cuatro alturas y el escudo con las armas de los Miranda, los Bandujo y los Tuñón la distinguen entre los tejados. Se trata de una de las torres defensivas bajomedievales mejor conservadas del Principado, aunque ya no sirve ni de ayuntamiento ni de cárcel como antaño.
Dónde comer rico y barato en Bandujo
Para comer y degustar la gastronomía local, proponemos bajar a la localidad de Proaza. Allí, la carta del restaurante Traslavilla, en la plaza de la Abadía, ofrece cachopo tradicional. Aunque si se viaja con niños o no apetece algo tan contundente, también tienen opciones más universales comp hamburguesa con pan artesano y patatas, croquetas de jamón o ensalada.
Otra dirección interesante es La Senderuela, en la calle del Puente, cuya cocina protagonizan los guisos y las setas. Su carta incluye pote asturiano, fabada y pote de castañas. También sirven menú diario, por lo que podemos elegir entre darnos un homenaje de cuchara o comer más ligero.
Turismo de Asturias
Qué hacer en los alrededores de Bandujo
La excursión a la zona puede empezar incluso antes de llegar a las primeras casas del pueblo. El camino medieval asciende desde las inmediaciones de la Senda del Oso siguiendo el arroyo de Bandujo, entre castaños, avellanos y robles. Son unos tres kilómetros de subida, por lo que regresar por el mismo trazado supone aproximadamente seis kilómetros, además del paseo por la aldea. El ascenso se completa en menos de dos horas, aunque hay que tener en cuenta su terreno resbaladizo y las cuestas, especialmente al bajar.
Para ampliar la escapada con algo más que paisaje, el Museo Etnográfico de Quirós es el lugar al que ir si se quiere conocer bien la vida campesina y la transformación industrial de estos valles. Está instalado sobre antiguos altos hornos y documenta el peso de la agricultura, la ganadería y la minería durante los siglos XIX y XX. En el recinto también hay un hórreo, un lavadero y una escuela rural. Todo espacios que ayudan a entender cómo se trabajaba, se aprendía y se compartía la vida antes en los pueblos de la montaña asturiana.
Foto de portada | Turismo de Asturias
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