Antes de ocupar el Ministerio de Igualdad y de llegar al Parlamento Europeo como eurodiputada de Podemos, Irene Montero fue una niña que sacaba buenas notas, ejercía de delegada de clase y acompañaba a su abuela a misa. Sobre esa etapa habló hace unos meses con Pablo Tallón en 'Políticos en Bermudas', la sección de verano de Hora 25. Una conversación en la que los recuerdos de familia llevaron hasta La Elipa, el barrio madrileño donde nació, permitiendo conocer algo más que su trayectoria institucional.
Hija de un mozo de mudanzas y de una maestra de educación infantil, Montero recordó una infancia en la que era "alegre, empollona y bastante obediente". También contó que fue delegada durante varios cursos y que empezó a militar antes de entrar en la universidad. Por entonces, sus planes de futuro pasaban por la docencia y la investigación: quería hacer una tesis doctoral, un proyecto que sigue considerando pendiente. Sin embargo, la política institucional acabaría ocupando el espacio de aquella carrera académica que había imaginado.
Entre esos recuerdos también hay una educación católica e incluso practicante. Hizo la Primera Comunión y, durante sus estancias en el pueblo, acompañaba a su abuela a la iglesia. "Iba a la iglesia regularmente con mi abuela en el pueblo. Era hasta monaguilla en la iglesia de mi pueblo", explicó. Una actividad que, según contó, convivía con su ausencia de fe: "Nunca he creído en Dios, pero sí me he criado en una familia creyente y practicante".
La figura de su abuela aparece estrechamente ligada a estas costumbres, también fuera de la iglesia: "Mi abuela me decía: 'Vamos a rezar' por la noche", recordó. Montero aún se sabe algunas de aquellas oraciones y reconoce la huella que la liturgia dejó en su educación. De este modo, los rezos forman parte de los momentos compartidos que atesora con su abuela, aunque ella no compartiera sus creencias.
La conversación sobre aquella diferencia llegaría años más tarde. "Cuando ya me fui haciendo mayor le explicaba que no creía", contó. Al recordar cómo lo recibió su abuela, evitó dar por hecho lo que pensaba pero lo sintió así: "Yo creo que ya lo asumió como: 'Pues la niña no cree en Dios". Así que aquella distancia religiosa no interfirió con la relación familiar.
El paseo por su infancia dejó también una descripción de sí misma alejada de la firmeza con la que suele intervenir en el debate público. Montero se definió como una persona "mucho más vulnerable" de lo que muestra, que ríe con facilidad y llora con frecuencia. Entre los recuerdos de la niña estudiosa y los de la abuela que la llamaba para rezar, la entrevista recupera una parte de su biografía que nadie se esperaría dentro de la conversación política.
Fotos | @i_montero
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