Bajas la escalera con las bolsas de la compra en las dos manos y, de repente, el pie no pisa el escalón exactamente como esperabas. Durante un instante pierdes el equilibrio, echas mano de la barandilla y continúas como si nada. Son apenas unas décimas de segundo, pero en situaciones así el cuerpo está haciendo mucho más de lo que parece: ajusta la postura, coordina los movimientos y recupera el equilibrio casi sin que lleguemos a pensarlo.
Y precisamente ahí puede estar una de las claves para entender cómo envejecemos. No tanto en cuántos pasos damos al día o en los kilómetros que acumulamos, sino en nuestra capacidad para reaccionar cuando algo se sale de lo previsto. Una capacidad que cobra especial importancia a partir de los 60, cuando mantener la fuerza, la coordinación y el equilibrio puede marcar una diferencia enorme en la autonomía.
Felipe Isidro, catedrático de Ejercicio Físico y uno de los especialistas españoles más conocidos en entrenamiento de fuerza y salud, ha puesto el foco precisamente en esta cuestión en una publicación de su cuenta de Instagram. Y su reflexión invita a fijarse en algo que solemos pasar por alto hasta que empieza a fallar.
El momento en que el cuerpo pasa factura
Isidro parte de una idea sencilla de enunciar pero difícil de aceptar: hay una edad en la que moverse deja de ser suficiente. "Llega un momento en la vida en el que no basta con moverse, el cuerpo te recuerda que la autonomía también se entrena", afirma el catedrático.
Lo explica poniendo ejemplos muy concretos, de esos que cualquiera reconoce sin esfuerzo porque a partir de cierta edad, comienzan a sucedernos de repente y como quien no quiere la cosa: el escalón que aparece donde no lo esperabas, la silla de la que cuesta más levantarse, las bolsas que convierten cada escalera en una pequeña ascensión, o la dificultad para coger algo de la parte alta del armario que antes alcanzabas sin problema . Situaciones que, según el experto, tienen algo en común: exigen "poder responder a tiempo", una capacidad que no se entrena caminando despacio por el parque los domingos.
Un problema que no es solo de sedentarismo
Para Isidro, el problema no es únicamente que la población se mueva poco. Hay algo más específico detrás: "el problema es que vivimos con un enorme déficit de fuerza útil aplicada a tiempo", sostiene.
Los números respaldan esta reflexión. Un metaanálisis publicado en el British Journal of Sports Medicine, con datos de más de 3,3 millones de personas en 32 países, cifró en apenas el 17% la proporción de adultos que cumple a la vez las recomendaciones de fortalecimiento muscular y de actividad aeróbica marcadas por la Organización Mundial de la Salud. Dicho de otra forma: solo alrededor de una de cada seis personas adultas entrena fuerza y hace ejercicio cardiovascular en la medida que se considera saludable.
Esa fuerza a la que se refiere Isidro, insiste, no tiene nada que ver con la que se exhibe en un gimnasio ni con levantar más peso por ego o por publicar la foto en Instagram. Es, dice, "la que aparece en silencio, justo antes de caer", la que permite levantarse rápido del suelo si hace falta, subir escaleras sin miedo o mantener la independencia cuando el cuerpo ya no perdona los descuidos como antes.
Las piernas como indicador de salud general
El catedrático lleva tiempo defendiendo, también en otras entrevistas, que la fuerza de piernas funciona casi como un termómetro del estado general del organismo. En este vídeo lo lleva un paso más allá y conecta esa capacidad con procesos que van mucho más allá del músculo: "esto no habla solo de músculo, habla de cerebro, de metabolismo, de reserva funcional, de longevidad real", explica.
La idea de fondo es que las piernas no se limitan a sostener el peso del cuerpo. Según Isidro, también reflejan cómo está envejeciendo el sistema nervioso que las controla, de ahí que insista tanto en trabajar la fuerza aplicada, no solo la resistencia o el volumen de movimiento diario.
Construir capacidad antes de necesitarla
El experto advierte que "no se trata solo de moverse más, se trata de construir capacidad", y añade que ese trabajo tiene un único objetivo, "para seguir siendo tú".
La advertencia final es la que más resuena entre quienes se dedican a la salud del envejecimiento activo. El día en que el cuerpo pida esa fuerza útil de forma repentina, avisa Isidro, no habrá margen para empezar de cero. "Hay que haberla entrenado antes", concluye.
Fotografías | Felipe Isidro, Magnific, Magnific
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