Pasar por una ruptura es, de alguna forma, pasar por un duelo. Ya sea una relación familiar (es posible romper con tus padres como nos enseñó Inés Hernand), con una amiga o con una pareja. La psicóloga Galena Rhoades relacionó la ruptura con un aumento de la angustia y una disminución en la satisfacción vital de las personas afectadas y según los estudios, ese momento vital puede llegar a afectar al sistema inmune. Perdemos una de las relaciones más importantes de nuestras vidas y eso tiene un precio. Pero no te preocupes porque como ocurre con el duelo, el dolor no será siempre tan intenso.
Más allá de conocer los consejos para superar una ruptura de pareja, es recomendable saber las etapas por las que pasaremos al romper con el que creíamos que era el amor de nuestra vida. Como alguien que ha vivido todo el proceso, te confirmo que pasarás por todas ellas, pero que después tendrás el final feliz que mereces
Duda
Las etapas de una ruptura son bastante similares a las del duelo, aunque con matices diferenciadores. El primero de ellos pertenece a la primera de las etapas, la duda. Nos preguntamos si romper fue lo correcto, si pudimos hacer más, si recuperar ese amor es posible o una quimera. Como explican los expertos de VeryWellMind, inmediatamente después de una ruptura “tu corazón y tu mente compiten entre sí, llevándote en direcciones opuestas”. Es común que nos preguntemos una y otra vez si hemos tomado la decisión correcta después de decidir romper con nuestra pareja, te imaginas todos los escenarios posibles en los que hubieras actuado de otra forma y llega la rumiación mental. Pensamos y pensamos en todo lo vivido, dándole vueltas a la cabeza una y otra vez.
En esta fase, vivimos lo que en psicología se conoce como labilidad emocional. Una especie de montaña rusa emocional que como explican las psicólogas de Somos Estupendas, consiste en “cambios abruptos en nuestro estado de ánimo que se sienten como un latigazo descontrolado”. Pasamos de la euforia a la tristeza en un abrir y cerrar de ojos. En esta fase, el autocontrol emocional es clave y reconocer tus sentimientos es el primer paso. Recuerda que es completamente normal y está bien tener sentimientos contradictorios y permítete sentirlos plenamente.
Negación y shock
El shock emocional es una reacción natural y se experimenta como “una avalancha de emociones abrumadoras que tu mente no está preparada para comprender ni para responder, lo que puede hacer que entremos en un estado de shock”, como explicaba la psicóloga y doctora Aimee Daramus. “Suele formar parte de la respuesta de lucha o huida, una forma normal pero dolorosa en la que el cerebro reacciona ante algo que considera una amenaza para el bienestar”, aseguraba la doctora. El cerebro no puede procesar la situación, y se bloquea para proteger mente y cuerpo.
Esta fase se acompaña de la negación, un mecanismo de protección que busca evitar el dolor mientras lidiamos con una realidad que está cambiando. En esta fase nos negamos a aceptar la realidad y evitamos las emociones dolorosas. Lo hacemos reprimiendo el dolor y ocupando nuestra mente con todo tipo de actividades para llenar todas las horas del día y con ello, evitar pensar en lo que ocurre. Nos centramos en el trabajo, en salir, en ver la tele… En cualquier cosa que nos evite pensar en lo que ocurre. Tampoco se lo cuentas a tu entorno porque en tu cabeza piensas o bien que no está pasando o que podéis arreglarlo.
Es posible que momentáneamente olvidemos lo que está pasando y nos veamos abriendo whatsapp para contar a nuestra ex pareja algo gracioso que hemos visto, que busquemos su cuerpo en la cama al dormir o que esperes que aparezca en casa de un momento a otro, como si nada hubiese pasado y es ahí donde radica uno de los mayores riesgos tras la ruptura: recuperar el contacto.
En este punto lo ideal es mantener el contacto cero por mucho que nos cueste porque si hemos tomado la decisión de romper se da por sentado que ha sido después de haberlo pensado y meditado y porque es lo mejor para ambos miembros de la pareja. Es importante que en esta fase trates de adaptarte a tu nueva realidad poco a poco y que siempre que puedas, evites el contacto.
Ira y resentimiento
Llega un momento en que dejas de sentir tristeza y pasas al resentimiento y el enfado hacia tu ex. Te sientes herida y te preguntas cómo se ha atrevido a hacerte esto. Evidentemente esta fase gana potencia si la ruptura ha sido después de una infidelidad, por ejemplo. La terapeuta Claudia de Llano explicaba en el artículo comentado al inicio que puede que te sientas herida o herido por las acciones de tu ex y que ese dolor se manifieste en forma de ira. “Tu enfado puede impulsarte a actuar de manera reactiva”, mandando mensajes hirientes o lanzando indirectas en redes sociales solo para buscar pelea.
Necesitas un culpable de lo que ha pasado, y lo buscas con fervor. Tu pareja por no luchar por la relación, su amante por meterse en medio, tu familia por no aceptar lo que teníais, tus amigos, o hasta ti mismo. Revives una y otra vez vuestras peleas, sus desprecios, los errores que cometió y cada gesto que hizo. Todo se suma y agranda ese estado de ira en el que te encuentras. Esta es la fase en que decides quemar sus fotos y sus cosas en una hoguera con tus amigas porque sientes que odias a la persona de la que estabas enamorada.
De Llano explica que es natural sentir enfado en estas circunstancias, pero aunque sea incómodo, debes experimentar esa emoción para que nazca y muera por sí sola, canalizando tu ira con el ejercicio, el arte o la música. Tus conversaciones deberían ir más centradas en reconstruirte que en destruir a tu ex hablando mal de esa persona a todas horas.
Negociación
En esta fase piensas que las cosas pueden o podrían llegar a ser diferentes. Según la psicóloga y profesora Sabrina Romanoff, en la etapa de negociación buscamos “llegar a acuerdos como una estrategia para manejar el dolor”, y esa negociación puede ser con tu ex o contigo. Puede que te encuentres prometiendo un cambio a tu ex, deseando una nueva oportunidad o negociando los términos de la relación (proponerle una amistad solo para que no desaparezca de tu vida, por ejemplo). Pero también puede que negocies contigo y te comprometas con hacer las cosas diferentes.
Cuando empieces a pensar que debería volver a tu vida, analiza las razones por las que ya no estáis juntos. Esas razones os llevaron a tomar la decisión y recordarlas, sin idealizar la relación ni a la persona, es una forma de evitar volver a una relación tóxica, por ejemplo. Recuerda lo bueno y lo malo de vuestra relación de pareja y no comprometas los valores importantes para ti. En esta etapa de tu vida, tú eres la persona más importante y mereces tener una relación saludable, plena y que te haga feliz.
Depresión y tristeza
La ruptura puede llegar a ser tan dolorosa que genere una depresión. No es lo más habitual, pero ocurre. Lo normal es que sientas una tristeza abrumadora de De Llanos describe de una forma excelente: “en esta fase, sientes como si te hubieran quitado la alfombra de debajo de los pies y el suelo que alguna vez pisaste ya no está allí para sostenerte”. Dejas de disfrutar de cosas que antes disfrutabas, lloras con frecuencia y empiezas a sentir desesperanza. De tu boca salen frases como “nadie me amará así”, “nunca volveré a enamorarme” o “no puedo con esto”. Socializar puede resultarte abrumador en este momento y tu cuerpo puede experimentar “cambios en el apetito y los patrones de sueño” como explica De Llano.
De nuevo es momento de abrazar tus emociones y permitirte estar triste. Experimentar el dolor, llorar y dejar que la tristeza te invada es capaz de acelerar el tiempo de recuperación de una ruptura de pareja, así que no temas ese dolor y transítalo como harías con cualquier otra emoción. "Sé paciente contigo mismo y con el proceso", asegura De Llano, pero trata de redirigir los pensamientos negativos para que no te abrumen. Cuando te encuentres pensando que nunca volverás a enamorarte, replantea la frase y cámbiala por un “tengo la oportunidad de conocerme y saber lo que quiero de una relación en el futuro. O si piensas que te vas a quedar sin pareja para siempre, prueba con "no tener pareja es una gran oportunidad para construir una vida plena a mi manera".
No dejes de cuidarte al llegar a esta fase. Haz ejercicio, come sano, intentar dormir lo suficiente y acércate a tus seres queridos. Busca consuelo en ellos y concéntrate en el presente y si esta fase te cuesta, no descartes pedir ayuda psicológica que te ayude a transitar por esta o por cualquier otra fase de la ruptura.
Aceptación y sanación
Cuando llegamos a esta fase, y como explica De Llano, nos permitimos integrar los sentimientos, experiencias, lecciones y recuerdos de la relación y llegamos a la conclusión de que ha seguido su curso. Es decir, aceptamos la nueva normalidad en la que esa persona ya no forma parte de nuestra vida. Esto provoca que sintamos una mayor estabilidad, sin las idas y venidas emocionales de las fases anteriores. Sentimos calma porque puede que este punto hayas conseguido comprender y aceptar las razones de la ruptura, lo que te permite cerrar y te ayuda a crecer.
En esta fase te sientes lo suficientemente fuerte como para perdonar y perdonarte, asumir lo que se hizo mal y aceptar tu responsabilidad de una forma honesta. Lo mejor de esta fase es que ahora sientes que puedes seguir adelante.
Crecimiento y superación
Piensas que nunca llegará, pero la última fase tras la ruptura siempre aparece, nos cueste más o menos tiempo. Este precioso momento es en el que tu mente te indica que está lista para seguir adelante, y preparada para crecer. Tu autoestima se recupera, reconectas con tu vida social de una forma sana, y hasta puede que te abras a nuevas relaciones o que te hayas dado cuenta de que el amor romántico no es la antítesis de la soledad y que no estás sola a pesar de no tener pareja.
Fotos | 500 days of Summer; Separados; Friends; historia de un matrimonio
En Trendencias | Cómo reconocer a un misógino: 22 claves que te ayudarán a detectarlo
En Trendencias | Ghosting: en qué consiste y qué tipo de persona lo suele realizar
Ver 0 comentarios