Reem Rouda, experta en crianza consciente: “Esta es la “frase mágica” que realmente enseña a los niños inteligencia emocional”

Cuando damos espacio para que sus emociones se expresen en un espacio seguro, nos estamos asegurando de que tendrán un futuro prometedor

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Anabel Palomares

Editor

La inteligencia emocional hace referencia al conocimiento de nuestros sentimientos y emociones, además de los de las personas que nos rodean, y cómo nos influyen en nuestro día a día. Es una cualidad que nos sirve para tener relaciones más saludables no solo con otros, sino con nosotros mismos, y lo mejor es que no es algo con lo que nazcamos, sino que puede desarrollarse y aprenderse a lo largo de los años. Esa inteligencia emocional se desarrolla, según Reem Rouda, “cuando los niños se sienten lo suficientemente seguros como para reflexionar”. 

Reem Rouda es experta en crianza y formadora certificada por el Conscious Parenting Coaching Institute del Dr. Shefali Tsabary y enseña cómo practicar crianza consciente. Como experta sabe que cuando un niño está molesto, “la mayoría de los padres instintivamente hacen la misma pregunta: ”¿Qué pasa?” Y aunque tiene buenas intenciones y surge del cariño, esa pregunta tiene el efecto contrario al que los padres esperan”, explicaba en la CNBC. Conseguimos es que el niño no se abra, sino que se aísle más. 

En cambio, “hay una frase que invita a los niños a hacer una pausa, reflexionar y comunicarse más abiertamente” y funciona porque “se ajusta a cómo los niños experimentan las emociones en la vida real”. No les pide explicaciones sino que genera un espacio de escucha. Se trata de “Dime qué te resulta difícil ahora mismo”, y te contamos por qué funciona según la experta.

Reduce la actitud defensiva incluso antes de que comience la conversación

Pongámonos en situación. Tu hijo tiene un berrinche de esos históricos y tú no sabes ni cómo acercarte. Lo que explica Rouda es que “durante las crisis, las salidas emocionales o los momentos de irritabilidad repentina, los niños ya están nerviosos”. Cuando le decimos que nos cuente qué es lo que resulta difícil en ese momento, le estamos diciendo dos cosas según la experta: que no está en problemas y que no necesita justificar sus sentimientos. Esto consigue reducir una posible actitud defensiva y evita que se aísle.

Establece seguridad emocional y ayuda a que se calme

Lo que afirma Rouda es que “antes de resolver problemas, antes de aconsejar, antes de corregir, esta frase le dice a un niño que podemos manejar lo que siente”, y eso ayuda a que el sistema nervioso del niño se calme. “Cuando los niños se sienten emocionalmente seguros, su respuesta al estrés comienza a estabilizarse”, asegura la experta. Estamos favoreciendo que crezca con un apego seguro.

Permite que el lenguaje emocional se desarrolle

El lenguaje emocional es algo que se desarrolla con el tiempo. Identificar y nombrar las emociones es complejo y cuando damos espacio a un niño para que se expresen, “pueden describir una situación, una sensación o un momento que les resultó abrumador”, explica Rouda, lo que con el tiempo “amplía gradualmente el lenguaje emocional, permitiendo que la comprensión se desarrolle de forma natural en lugar de forzarla antes de que el niño tenga las palabras”.

Les da a los niños autonomía sobre lo que comparten

“En lugar de exigir una explicación, esta pregunta invita a la reflexión”, asegura Rouda. El simple hecho de que el niño decida cuánto y cómo quiere compartir, “refuerza su sentido de autonomía sobre su experiencia emocional, base esencial para la autorregulación y la confianza”. Y es que para regular las emociones pasa también por aprender a transitarlas. 

Normaliza las emociones

Tenemos mucha tendencia a clasificar las emociones como positivas y negativas. Aplaudimos las positivas y como padres, nos preocupamos por las negativas, tratando de evitar que nuestros hijos pasen por ellas. Pero se nos olvida que todas las emociones son válidas, y pidiéndole a nuestro hijo que nos diga qué le resulta difícil en ese momento, lo que haces es enseñarles “que los sentimientos pueden experimentarse y superarse en lugar de evitarse o reprimirse”, asegura la experta.

Demuestra inteligencia emocional

Una de las formas de aprender de un niño es viendo cómo actúan los adultos que le rodean. Rouda insiste en que “los niños aprenden inteligencia emocional a través de la experiencia, no de la instrucción”, es decir, se les educa con el ejemplo. Si respondemos con serenidad en lugar de con control o con urgencia, el niño aprenderá de nosotros lo mismo, a “abordar las emociones con firmeza y reflexión”, sentencia la experta. 

Fotos | High Love Parenting, Jordan Whitt en Unsplash

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