En el cine el significado no está solo en la obra sino en la mente del espectador. Más allá de lo que quiera decir el equipo con la película, la interpretación por parte del público es única y depende del contexto de cada uno. Pero hay algo que impacta de forma directa con la percepción que tenemos de una película: sus nominaciones y premios. Factores externos como el engagement que provoca ‘Cumbres Borrascosas’, por ejemplo, o el reconocimiento externo del que hablamos con un premio, influyen en las valoraciones del público. Cuando una película está nominada nuestra mente modifica la percepción de su calidad y la intención de ver la película. Detrás de ello no hay solo una explicación psicológica.
El premio como señal de calidad
Igual que nos ocurre con cualquier otro producto, el hecho de que algo reciba un premio nos hace asumir que es bueno. Por ejemplo, vas al supermercado y un bote de garbanzos tiene un “sello de calidad” de mejor producto del año. Inmediatamente piensas que tendrá que ser bueno solo porque alguien ha dicho que lo es. Esto funciona como un atajo mental para nuestro cerebro: si alguien con prestigio reconoce que algo es bueno, lo vemos como mejor o más valioso de forma automática.
Evidentemente depende de quién otorga el premio y de la credibilidad de la fuente. En el caso de los Premios Goya o los Oscar, la autoridad percibida es mayor y el impacto en nosotros, también. Es lo que se conoce en psicología como sesgo de autoridad y no solo se ve en el cine, sino en cualquier ámbito. Hacemos caso a una nutricionista que nos dice qué comer en TikTok solo por el hecho de ser nutricionista, por ejemplo. En el caso del cine, además, existe un acuerdo significativo entre las instituciones sobre qué películas son mejores, lo que refuerza esa legitimidad percibida por el público.
El efecto halo
El efecto halo, acuñado en 1920 por el psicólogo Edward L. Thorndike, es un sesgo cognitivo que influye en nuestra percepción y juicio y que nos lleva, sin ser conscientes de ello, a hacer una generalización en base a la impresión positiva o negativa que se tiene de algo. Es decir, una película se lleva un premio y eso hace que evaluemos todo lo demás favorablemente. No solo está nominada a los Premios Goya, en nuestra cabeza podemos pensar que tiene un guion redondo, un reparto magnífico o una fotografía impresionante solo porque existe un atributo positivo (el premio) y en base a eso nos creamos una imagen positiva general.
El premio como prueba social
Rober Cialdini, psicólogo, estudió la prueba social, un fenómeno social y psicológico que se produce cuando copiamos el comportamiento de otros. El mainstream es el ejemplo más claro que puedo darte y el marketing lleva décadas usándolo. Tendemos a pensar que algo es bueno si muchas personas lo dicen porque ese criterio funciona como una señal de consenso y de validación cultural. Puedes verlo en las tendencias, que suben poco a poco sin darnos cuenta y terminamos todos con un labubu colgando en el bolso o con el mismo lip combo.
Lo cierto es que esa prueba social tiene un impacto directo en el cine y en su economía. Las nominaciones cambian el comportamiento del público y eso se traduce en más tiempo en taquilla, más dinero y, por supuesto, más atención mediática, lo que explica porque parece que el cine español solo existe en temporada de premios.
Las expectativas cambian la experiencia (para bien y para mal)
Las nominaciones pueden cambiar la forma en que experimentamos una película por las expectativas que tenemos sobre ella. Cuando sabes que una película ha ganado premios la ves con una mentalidad diferente y la interpretas de una forma más favorable o, como contrapunto, de una forma más crítica. Según un nuevo estudio, las muestras de calidad, como son las nominaciones o los premios en este caso, pueden tener un efecto negativo por las expectativas creadas. Cuando estas son elevadas (la peli tiene que ser buena porque se ha llevado x premios) pueden hacer que las evaluemos con más dureza.
La reputación cultural de un premio
Cuando una película gana premios ocurre lo que se conoce como legitimación cultural. No es solo que pensemos que es bueno, es que socialmente entra en una categoría simbólica distinta. La película pasa de ser una película más a una obra relevante dentro de la historia del cine. El premio crea un marcador de prestigio y nuestro cerebro interpreta que pertenece a un nivel cultural alto. Además, los premios actúan como un capital simbólico que ayuda a crear canon cultural.
Pero no pensamos en algo, y es que los jueces que otorgan uno u otro premio tienden a reconocer como más brillantes aquellas actuaciones con las que se sienten socialmente más identificados según la investigación. Sin embargo, nos dejamos “engañar” por el criterio de otros que son diferentes a nosotros. Una película no necesita ganar un Goya para ser buena película, así que lo mejor será cultivar nuestro propio criterio y elegir nuestras películas favoritas no por los premios que haya ganado, sino por cómo nos hacen sentir.
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