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Las 3 claves de 'The Good Fight', la serie feminista en la era Trump

Las 3 claves de 'The Good Fight', la serie feminista en la era Trump
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Cuando una serie tiene mucho éxito, es inevitable que la cadena y los productores quieran continuarla de alguna manera. 'The Good Wife' se había convertido, tras siete años en antena, en una de las mejores series de la actualidad, una que había creado alrededor de Alicia Florrick un mundo lleno de personajes memorables que merecían todos tener su propia serie.

Pues dicho y hecho. Esta semana llegaba a Movistar Series en España, y al servicio de streaming CBS All Access en Estados Unidos, 'The Good Fight', el spin-off de 'The Good Wife' que pone en su centro a Diane Lockhart (Christine Baranski), la elegante y poderosa abogada que había sido mentora, socia y, al final, amiga y agraviada por la señora Florrick. Diane es nuestro punto de entrada a un mundo sacudido por la victoria inesperada de Donald Trump en las elecciones presidenciales del pasado noviembre.

De qué va 'The Good Fight'

La serie, co-creada por Robert y Michelle King (creadores de 'The Good Wife') y Phil Alden Robinson, arranca un año después del final de su serie madre. Diane Lockhart está en la cima de su profesión; su bufete se ha convertido en uno de los más grandes y poderosos de Chicago y ella parece haberlo conseguido todo en su carrera, así que se plantea jubilarse y comprarse una casa en el sur de Francia. Pero entonces, del mismo modo que asiste asombrada a la toma de posesión de Trump (una escena inicial brillante y divertida), Diane lo pierde todo.

'The Good Fight' arranca un año después del final de 'The Good Wife' y entrega el protagonismo principal a Diane Lockhart

El dinero que había guardado para su retiro dorado estaba invertido en la firma de unos amigos que habían montado una estafa piramidal (o esquema Ponzi para los estadounidenses), unos viejos amigos cuya hija, Maia Rindell, no sólo es la ahijada de Diane, sino que acababa de empezar a trabajar como abogada en su bufete. El resultado es que la señora Lockhart se queda en la ruina, no puede jubilarse y tiene que buscar trabajo como si fuera una joven que acaba de aprobar el examen para obtener su licencia.

Y al mismo tiempo que Diane tiene que volver a empezar, Maia se ve arrastrada al huracán mediático que es el escándalo originado por sus padres. Su vida privada deja de serlo y, como le ocurrió a Alicia Florrick antes que a ella, se convierte en pasto de programas sensacionalistas y bulos por internet. La única opción que tienen ambas de reconstruir sus vidas es trabajar en una firma de abogados formada mayoritariamente por afroamericanos, y en la que está Luca Quinn, la colaboradora de Alicia en la séptima temporada de 'The Good Wife'. Y ya está listo el punto de partida de la historia.

La historia de tres mujeres

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'The Good Fight' es la historia de tres mujeres en diferentes puntos de sus vidas, y de cómo se adaptan a que éstas hayan dado un vuelco. Diane y Maia se ven afectadas, indirecta o directamente, por un escándalo a lo Bernie Madoff, mientras Luca ve cómo vuelve a estar bajo la sombra de una Diane a la que respeta, pero cuya relación no es demasiado amistosa. Las dos primeras ocupan un poco el puesto del underdog, la persona que tiene que enfrentarse a un montón de adversidades y, casi sólo por su fuerza de voluntad, las acaba superando.

Si 'The Good Wife' era una serie feminista por su esfuerzo en presentar un retrato tridimensional y complejo de su protagonista, 'The Good Fight' abre sus miras para incluir tres experiencias vitales femeninas muy distintas. Diane (Christine Baranski), por ejemplo, es la liberal progresista tradicional, que apoyaba a Hillary Clinton y pensaba que el techo de cristal estaba muy cerca de romperse, que su lucha por ser reconocida por sus méritos se había acabado. Tener como protagonista más o menos central a una mujer que pasa de los 60 años es toda una declaración de intenciones en la televisión estadounidense.

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Después nos encontramos con Luca Quinn (Cush Jumbo), una mujer negra con ambición por ascender en su profesión, pero a la que su color de piel siempre la va a poner en desventaja (algo que se aprecia en una pequeña y sutil escena en el segundo episodio). Y, por último, está la novata, Maia Rindell (Rose Leslie), que viene de una familia privilegiada, está empezando en su carrera como abogada y que es lesbiana, con una novia estable que es arrastrada con ella por el fango del escándalo. La diversidad de estos tres personajes da una pista de que 'The Good Fight' no quiere que sus mujeres sean personajes unidimensionales, ni que se plieguen a un cliché determinado.

Además, hay que mencionar también a Barbara Kolstad (Erica Tazel), socia del nuevo bufete, que ve con cierto recelo la incorporación de Diane y que presenta un retrato de una mujer afroamericana de éxito en una profesión como la abogacía que tampoco es común en las series estadounidenses.

Una serie feminista en la era Trump

Los temas que 'The Good Fight' toque pueden ofrecer un interesante contraste con el clima en el que está sumido Estados Unidos desde la victoria de Trump como presidente. El propio Robert King, co-showrunner de la serie, afirmaba que la serie no iba a arrugarse a la hora de tratar asuntos política y socialmente de actualidad, pero que no lo haría afrontándolos directamente. Ya sólo conceder todo ese protagonismo a Diane, Luca y Maia es algo significativo con un presidente que no para de dar declaraciones polémicas sobre su visión del papel de la mujer en la sociedad.

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Aunque el lenguaje que utilice la serie vaya a ser más directo al estar en una plataforma de streaming por suscripción como CBS All Access, y no en la televisión en abierto, que 'The Good Fight' sea feminista no quiere decir que vaya a estar sermoneando constantemente a su público. Una mirada de Barbara Kolstad o de un potencial cliente a Luca ya están repletas de connotaciones raciales sin que nadie las explicite, y los desagradables y soeces ataques anónimos que sufre Maia adquieren un tinte aún más perturbador por el hecho de que se centran en su condición de mujer homosexual.

Tener como protagonistas a tres mujeres en diferentes etapas de sus vidas es toda una declaración de intenciones

Es interesante ver a un bufete de socios mayoritarios negros moviéndose en los Estados Unidos de la alt-right y el aumento en asaltos motivados por cuestiones racistas, y es igualmente atrayente ver a una mujer liberal socialmente como Diane Lockhart reconstruir su vida en una élite social que creía que Hillary Clinton sería la primera presidenta del país. La sombra de Trump va a sobrevolar, inevitablemente, 'The Good Fight', pero eso no quiere decir que vaya a ser una serie muy seria e importante.

Si los dos primeros episodios son indicativos de algo, es de que el sentido del humor que desplegaba 'The Good Wife' va a seguir siendo muy importante, y que el retrato de sus tres protagonistas va a ser tan poco complaciente como lo fue el de Alicia Florrick. El viaje de Diane, Luca y Maia es el principal punto de enganche a la serie. Eso y que, siendo frívolos, nunca nadie ha vestido tan bien y con tanta clase como Diane Lockhart. Y nadie se ríe mejor en la televisión estadounidense.

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