En el verano de 1913, en un valle alpino al este de Suiza, dos genios compartieron sus vacaciones. Marie Curie estaba recuperándose de unos problemas de salud y paseaba junto a sus hijas Irene y Eve. Albert Einstein iba con su hijo Hans Albert. Caminaban todos juntos cuando Einstein agarró el brazo de Curie, paró y le dijo: "Comprenda que lo que yo necesito saber es qué les ocurre exactamente a los pasajeros de un ascensor cuando cae al vacío".
Ambos se conocieron en octubre de 1911 durante la primera Conferencia Solvay en Bruselas, donde el tema central fue "Radiación y cuantos" y abordaba el choque entre la física clásica y la naciente teoría cuántica. Su amistad duró 20 años y, como escribía en la biografía ‘Madame Curie’ su propia hija menor Eve, "se admiraban el uno al otro; su amistad era franca y leal y les encantaba mantener interminables charlas sobre física teórica, algunas veces en francés, otras en alemán". Esas cartas ahora están al alcance de cualquiera que quiera leerlas porque 100 años más tarde se han recopilado en otro libro.
Las cartas de Marie Curie y Albert Einstein
Ewa Łabno-Falęcka ha recopilado 25 cartas y una postal intercambiadas entre Curie y Einstein entre 1911 y 1932 y con él se ha hecho un libro, ‘Maria Skłodowska-Curie Albert Einstein The Letters’. Editado por la Fundación para el Desarrollo de la Educación para la Industria en colaboración con el Museo Maria Skłodowska-Curie de Varsovia, contiene correspondencia inédita y desconocida entre Maria Skłodowska-Curie y Albert Einstein. Él revolucionó la física con su teoría de la relatividad y ella es la única mujer que ha ganado dos premios Nobel en dos campos científicos diferentes. Lo curioso es que rara vez hablaban de ciencia.
Para reunir todas, la autora tuvo que rastrear entre los más de 85.000 documentos que dejó Einstein y las cartas de Curie, algunas aún cubiertas con polvo radiactivo como sus cuadernos, pero en ellas se percibe lo diferentes que eran. Las de él estaban mecanografiadas y en alemán, y rebosan expresividad y respeto hacia su colega. Las de ellas, escritas a mano y en francés, revelan que era una persona pragmática y discreta.
Poco después de conocerse, Curie escribió una carta de recomendación para Einstein, que en aquella época solo tenía 31 años. Ya ahí, mostraba un profundo respeto por su trabajo cuando la ETH le pidió referencias para una cátedra de física teórica. En la carta, fechada el 17 de noviembre de 1911, escribía lo siguiente:
“Tengo una gran admiración por los trabajos que el señor Einstein ha publicado sobre cuestiones de física teórica moderna. Creo que los especialistas en física matemática coinciden en considerar su obra de primerísimo orden. En Bruselas, donde asistí a una conferencia científica en la que participó el señor Einstein, pude apreciar la claridad de su inteligencia, la finura con que interpreta los hechos y la profundidad de sus conocimientos. [...] La universidad que sepa atraer a este joven maestro está segura de obtener de ello gran honor”.
Aunque Curie afirmó que “la vida no es fácil para nadie”, la época en que comenzaron a mandarse correspondencia fue especialmente complicada. La científica estaba viuda, pero corrían rumores de que mantenía una relación con un hombre casado y además, más joven que ella. Einstein le escribió una primera carta que hacía referencia a la campaña de desprestigio de los medios franceses contra la científica, y en la que se mostraba como un verdadero fan de su trabajo:
Muy estimada señora Curie:
No se ría de mí por escribirle sin tener nada sensato que decir. Pero estoy tan enfurecido por la manera tan vil en que el público se atreve actualmente a ocuparse de usted, que es absolutamente necesario que dé rienda suelta a este sentimiento. Sin embargo, estoy convencido de que usted desprecia sistemáticamente a esta chusma, tanto si le prodiga servilmente respeto como si intenta saciar su ansia de sensacionalismo.
Me veo obligado a decirle lo mucho que he llegado a admirar su intelecto, su empuje y su honestidad, y que me considero afortunado de haberla conocido personalmente en Bruselas. Cualquiera que no se encuentre entre estos reptiles se alegra, ahora como antes, de que tengamos entre nosotros a personajes como usted, y también a Langevin, personas reales con las que uno se siente privilegiado de estar en contacto. Si la chusma sigue ocupándose de usted, simplemente no lea esa bazofia, sino déjela para el reptil para el que ha sido fabricada.
Con los más cordiales saludos para usted, Langevin y Perrin, muy atentamente,
A. Einstein
P.D. He determinado la ley estadística del movimiento de la molécula diatómica en el campo de radiación de Planck mediante una ocurrencia cómica, naturalmente bajo la restricción de que el movimiento de la estructura sigue las leyes de la mecánica estándar. Sin embargo, mi esperanza de que esta ley sea válida en la realidad es muy pequeña».
– Albert Einstein, 23 de noviembre de 1911.
Después de esta, las cartas se siguieron mandando y en ellas hablaron de los problemas sociales y políticos de su época. Por ejemplo, cuando ambos trabajaban en un acuerdo transnacional en la Comisión de Cooperación Intelectual Internacional de la Sociedad de Naciones en Ginebra, Einstein se mostró escéptico sobre la posibilidad de dicho acuerdo porque estaba preocupado por el creciente antisemitismo en Alemania. Curie intentó convencerlo de que solo así la ciencia podría ayudar a resolver los problemas de la humanidad.
Como dijo Einstein en su libro ‘Mis ideas y opiniones’, “fue una gran suerte para mí poder relacionarme con la señora Curie durante 20 años de sublime y perenne amistad. Ahora, gracias a las cartas se puede percibir un poquito más de una relación única en la historia.
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