Nunca pensé que diría esto pero hay una cosa con la que estoy completamente de acuerdo con María Pombo: no eres mejor solo porque te guste leer. Y que conste que esto lo dice alguien que hasta tiene un diario de lectura... Lo comento porque la influencer está recibiendo un aluvión de críticas bastante esnob por haber confesado públicamente que no le gusta leer, todo después de a muchos les llamara la atención lo vacías que se veían las estanterías de su casa.
Aún así, la Pombo algo lee y con el revuelo provocado, ha enseñado los libros que tiene apilados en su mesita de noche, ya sea porque se los ha leído enteros o porque "al menos los ha empezado". Porque luego matizó que sí que le gusta leer "ciertas cosas que le parecen interesantes". Una lista en la que abundan los títulos de autoayuda y superación del tipo 'Despliega tu actitud positiva inteligente' o 'Tu mentalidad de buenasuerte'. Ella misma define el tipo de libro que le gusta leer como aquellos con los que aprende cosas que puede después implementar en su vida.
@mariapombo Respuesta a @sofiesteban
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No es la primera vez que escucho a alguien decir algo así. En la era de la economía del tiempo, hay personas que consideran la ficción una pérdida de tiempo. No digo que este sea el caso de María Pombo, aunque en sus palabras hay un deje de ello. Tampoco es de extrañar ya que es algo que forma parte del zeitgeis de un momento en el que la no ficción vende cada vez más. Según el último informe de la consultora GfK, este género ya supone un 29% de las ventas de libros. Es decir, que ha superado a la ficción, que siempre había reinado en el negocio.
La novela es complejidad
Sin embargo, es una tremenda catetada pensar que solo se aprende leyendo libros en los que únicamente hay hechos y datos sacados de la más estricta realidad. De hecho, los estudios apuntan a que sería precisamente la ficción el tipo de lectura que mejor ayuda a entender el mundo, ser más empático e incluso a tomar mejores decisiones.
Para empezar, porque como dice el novelista Keith Oatley: “No es bueno tener una sola visión sobre las cosas. En el momento en que dos personas empiezan a hablar, surge la complejidad". En este sentido, Milan Kundera decía que el espíritu de la novela es el “espíritu de la complejidad”, porque la literatura permite tomar altura y ver las cosas desde una perspectiva más amplia, más allá del nicho de especialización que pueda tener un ensayista.
Lectores más empáticos y con mejores capacidades cognitivas
Un estudio publicado en el 'Journal of Experimental Psychology' desveló que las personas que leían más ficción tenían bien desarrollada la empatía y eran capaces de comprender mejor la forma de pensar de los demás y de ponerse en sus zapatos. Además, el estudio concluyó que leer tenía más impacto que ver ficción en una pantalla que cuando se comparaba con la lectura de no ficción.
Mientras que, en otra investigación, se encontró una correlación positiva todavía más significativa entre la lectura de ficción y las habilidades cognitivas, sobre todo, aquellas relacionadas con habilidades verbales, el razonamiento, el pensamiento abstracto y la resolución de problemas. La principal conclusión fue que las personas que leen mucha ficción tienen mejores habilidades cognitivas que las personas que leen poca o ninguna ficción.
Además, la asociación era mucho más fuerte entre la lectura de ficción y las habilidades cognitivas que entre la lectura de no ficción y esas mismas habilidades.
Algunas novelas que me han servido más que un libro de texto
Aunque, si nos queremos poner un poco menos científicos y más concretos, puedo dar algunos ejemplos personales de lo que algunas novelas me han enseñado sobre el mundo, las personas y la vida. Lo mismo, la Pombo, que pedía recomendaciones, se anima a darle una oportunidad a alguna.
'Matadero cinco', de Kurt Vonnegut
La guerra es absurda y devastadora, a pesar de su glorificación en la cultura y en la sociedad. Vonnegut, que sobrevivió al bombardeo de Dresde, muestra el sinsentido de la violencia y el trauma que deja de por vida incluso en los que sobreviven. El protagonista de 'Matadero cinco' vive su vida saltando constante e involuntariamente en el tiempo, fuera del orden lineal con el que experimentamos la vida en la realidad, lo que hace que el lector experimente en primera persona la sensación de que la memoria y el trauma no siguen un relato cronológico.
'El país de las últimas cosas', de Paul Auster
Más allá de lo distópico, 'El país de las últimas cosas' habla de cualquier sociedad en crisis (ya sea económica, política o de cualquier otro tipo) y de cómo afectan a la gente común. Auster dibuja un mundo en ruinas donde, aunque nunca se llega a explicar por qué, nada es estable y en el que todo lo que damos por sentado en la civilización (comida, casa, seguridad) han desaparecido de un día para otro, tal y como puede suceder en cualquier momento.
En medio de ese caos, la protagonista se aferra a la memoria, al lenguaje y a los vínculos para no acabar perdiéndose también a sí misma. Porque el libro refleja lo que ocurre cuando las personas se reducen a meros cuerpos que sobreviven, prácticamente sin derechos ni dignidad. No obstante, la novela también muestra que incluso en un escenario apocalíptico todavía siguen existiendo la solidaridad, el amor y el impulso de seguir adelante.
'Nada', de Carmen Laforet (1945)
'Nada' fue uno de los primeros libros que me hicieron entender que la familia no siempre es sinónimo de refugio sino que el hogar puede ser un espacio de opresión y violencia que condiciona la vida. Crecer en un entorno hostil obliga a la protagonista a madurar a golpes y a descubrir la fortaleza propia. A través de sus ojos vemos lo asfixiante que puede ser crecer en un ambiente familiar marcado por la pobreza, la represión y las tensiones constantes.
Al mismo tiempo, la novela muestra que siempre existe un resquicio para la esperanza: los paseos por la ciudad, las amistades y los pequeños momentos de libertad le permiten intuir que hay otra vida posible, más allá de las paredes que la oprimen.
La campana de cristal, de Sylvia Plath (1963)
Desde la propia metáfora del título, 'La campana de cristal' enseña muy visualmente a través de la palabras cómo la depresión puede sentirse como estar literalmente atrapada bajo un vidrio invisible: aislada, viendo la realidad al otro lado distorsionada y quedándote sin aire. El libro también enseña que la enfermedad mental no se reduce a "estar triste", como muchos piensan, sino que es un laberinto del que es complicado salir y que afecta a la identidad, a las relaciones y a la percepción del futuro. En última instancia, enseña que crecer no es solo superar pruebas externas, sino principalmente aprender a lidiar con las propias sombras.
'Primer amor', Iván Turguénev (1860)
A través del recuerdo de Vladímir, Turguénev muestra esa mezcla de euforia y vulnerabilidad que se siente cuando todo parece nuevo y absoluto en el amor. La novela enseña que amar por primera vez es también enfrentarse a la desilusión porque inevitablemente se produce un choque brutal entre la idealización y la realidad. El joven protagonista no solo se encuentra con los celos y la inseguridad, sino con la amarga constatación de que el amor puede ser desigual y hasta cruel. En última instancia, 'Primer amor' enseña que la juventud es un aprendizaje agridulce: lo que parece eterno resulta pasajero, mientras que lo que duele acaba dejando huellas que nos moldean.
Foto de portada | Alexandra Fuller
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