Es principios del siglo XX. Estamos en ese París que ahora imaginamos habitado por bohemios malditos y lleno de cafés donde se reúnen artistas e intelectuales. Allí, en un rincón, una mujer escribe a toda velocidad una de las sagas más exitosas de toda la literatura francesa. Se llama Colette y tiene poco más de veinte años, además de un gran problema: no puede firmar lo que escribe.
En las librerías, el nombre que aparece en la portada de sus libros es el de su marido, Henry Gauthier-Villars, más conocido por su apodo, Willy. En la Francia de la belle époque, él encarna un personaje casi caricaturesco. Es crítico musical, escritor de tres al cuarto, dandi profesional y un mujeriego. Aunque también es famoso por algo menos romantizable: en realidad, no escribe casi nada de lo que publica.
Willy dirige una auténtica fábrica literaria. Contrata (o explota) a jóvenes escritores para que produzcan textos que luego firma él. Colette, catorce años más joven que él, no es una excepción sino su mejor producto.
Claudine, el icono parisimo de la belle époque
Entre 1900 y 1903 se publicaron las cuatro novelas que componen la saga 'Claudine', protagonizada por una adolescente insolente, inteligente y sexualmente ambigua que escandalizó y fascinó a la sociedad francesa a partes iguales. 'Claudine en la escuela' fue la primera y un bombazo inmediato. Se vendía como rosquillas, se comentaba en los salones, se adaptaba al teatro y generaba merchandising incluso antes de que esa palabra existiera.
Mientras su personaje literario conquistaba París, su autora escribía encerrada en casa, a menudo presionada por su marido para producir más y más textos. Willy se encargaba de negociar con las editoriales, cobrar los adelantos, moverse por los círculos culturales y posar como el genio prolífico. Aunque el talento era de ella, durante años, el éxito de Colette fue rentable solo en la medida en que podía apropiárselo un hombre con acceso al mercado editorial.
El precio de firmar (o no firmar)
A principios del siglo XX, una mujer joven, sin fortuna propia ni conexiones, tenía muy pocas opciones para publicar y vivir de la escritura. La autoría femenina era tolerada siempre que pasara por filtros masculinos. Colette tuvo que desaparecer de la portada para poder existir como escritora profesional.
No obstante, cuando el matrimonio se rompió en 1906, Colette intentó recuperar el control de su obra. No lo consiguió. Los derechos ya no eran suyos. El personaje que había creado, y que bebía de forma muy obvia de su propia experiencia vital, quedó legalmente en manos de su exmarido.
Léopold-Émile Reutlinger y Giovanni Boldini
Por lo tanto, no solo perdió dinero. Perdió una parte esencial de su identidad literaria. Tuvo que empezar de cero, firmando con su nombre, mientras cargaba con la paradoja de haber sido un fenómeno cultural anónimo.
Por suerte, esta historia tiene final feliz porque Colette acabó convirtiéndose en una de las grandes escritoras del siglo XX. Hoy es recordada principalmente por 'Chéri', una obra que se ha ganado un hueco indiscutible dentro del canon francés. Llegó a ser miembro de la Real Academia de la Lengua y Literatura Francesa de Bélgica y fue la primera mujer en recibir funerales de Estado en Francia. Por su lado, aunque Willy amasó mucho dinero con 'Claudine', lo malgastó en mujeres y juegos de azar hasta quedar al borde de la bancarrota.
Tu señal para leer a Colette
Además de en Francia, la obra de Colette es ampliamente conocida a día de hoy en el mundo anglosajón, pero su presencia es desigual en otros mercados. No es, desde luego, una autora masivamente leída por el público español medio ni una habitual de los planes de estudio, y eso se nota en algo muy concreto: encontrar sus libros en nuestro idioma no siempre es fácil.
Hay algunas traducciones disponibles, sí, pero su obra no circula con la misma normalidad que la de otros clásicos franceses escritos por hombres. En nuestro país, Colette sigue siendo más citada que leída y más reverenciada que accesible.
Parte de su redescubrimiento internacional llegó por la vía del cine. En 2018 se estrenó 'Colette', un biopic protagonizado por Keira Knightley y centrado precisamente en el periodo de escritura de 'Claudine' y la relación con Willy. La película ayudó a popularizar su historia personal aunque, como suele pasar, el mito biográfico eclipsó en parte la lectura de sus libros. Colette interesa más como personaje, como icono, como mujer adelantada a su tiempo y menos como autora que todavía espera ser leída con la dedicación que merece.
Por lo tanto, abrir hoy un libro de Colette no es solo rendir homenaje a una autora brillante, es también no dejar que caiga en el olvido cómo buena parte de la historia cultural moderna la construyeron mujeres a la sombra a las que todavía les debemos reconocimiento.
Foto de portada | Henri Manuel y 'Colette' (Wash Westmoreland, 2018)
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