Así fue como 'Los Moomins' me salvaron cuando era una niña y me convirtieron en escritora de cuentos siendo adulta

El universo de los Moomins no ha envejecido; al contrario, ha madurado con nosotros hasta volverse imprescindible

Moomin
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Patricia García Varela

Editor senior
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Patricia García Varela

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Cuando no estoy escribiendo (guiones cómic, literatura infantil y adulta) me encontrarás perdida en la montaña. También paso mucho tiempo buscando los mejores chollos, especialmente en moda y decoración, para que siempre vayas a la última gastando lo mínimo. Me encontrarás en Compradicción, Trendencias, Decoesfera, Directo al Paladar o Vitónica.

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Los Moomins son mucho más que una taza de diseño nórdico preciosa que puedas tener en tu estantería o un meme de internet. Detrás de estos icónicos personajes existe un universo de ternura, salud mental y aceptación que a algunas nos cambió la vida para siempre. Su autora, Tove Jansson, logró crear algunas de las páginas más hermosas de la literatura y no me avergüenza reconocer que, cada mes de diciembre, regreso a ellas para volver a sentirme arropada.

En mi caso, el amor por estas criaturas escandinavas no solo definió mi infancia, sino que me animó a escribir historias para niños y se convirtió en mi mejor antídoto contra la melancolía navideña. Esta es la historia de cómo unos personajes de ficción pueden salvar a una niña y guiar a una adulta.

Por qué los Moomins son el fenómeno 'pop' (y psicológico) que todos necesitamos descubrir

Mujer en el sofá con zapatillas Moomin Leer en el sofá con unas zapatillas Moomin siempre es mucho más confortable.

Cuando los Moomin cayeron en mis manos no existía la serie anime de los años 90 que tan famosos los hizo después en España, ni siquiera se había inventado todavía el concepto "libro refugio". Y sin embargo al leer la colección de cuentos del libro 'La niña invisible' publicado entonces por Alfaguara, supe que había llegado a un espacio de paz, consuelo y protección emocional. Todo ello sin caer en la sensiblería ni en recursos de ñoñería fácil.

El universo del Valle Moomin se sostiene sobre una hospitalidad incondicional, donde su casa, siempre abierta y sin cerrojos, acoge a cualquier criatura extraña, asustada o incomprendida con un plato de sopa caliente y una cama, sin hacer preguntas. Este ecosistema funciona como una naturaleza protectora que, a pesar de albergar peligros exteriores como tormentas o amenazas místicas (la Morra, los Hattifatteners o el Mago, por poner algunos ejemplos), siempre regresa a una calma reparadora. Es un entorno seguro que abraza los rituales cotidianos y los pequeños placeres, desde tomar un café o recoger conchas en la orilla hasta encender una hoguera o simplemente dejarse acunar por el sonido de la lluvia.

Tove Jansson y los Moomins: literatura infantil que sana a adultos

Tove Jansson La artista y escritora Tove Jansson en 1956. © Reino Loppinen

Lo que verdaderamente consolida su condición de refugio es una honestidad emocional insólita en la literatura, basada en la plena aceptación de la melancolía. Lejos de la obligación de la alegría constante, en estas páginas se permite estar triste, reivindicar el derecho a la soledad al estilo de Snufkin (el mejor amigo de Moomintroll) o ser, llanamente, un bicho raro. Esta atmósfera de confort prescinde de discursos morales y nos abraza en nuestras imperfecciones, recordándonos que el verdadero hogar no es un lugar físico, sino aquel donde no hace falta fingir para ser aceptado.

Tove Jansson nos deja en sus historias enseñanzas tan importantes como "Nunca puedes ser realmente libre si admiras demasiado a alguien", y que resuenan hoy con una fuerza inesperada en nuestra vida adulta. No debemos olvidar que la autora comenzó a escribir la primera historia, 'Los Moomins y la gran inundación' en 1939, justo cuando la Unión Soviética invadió Finlandia (la Guerra de Invierno). No escribió para evadirse de la realidad con una fantasía azucarada; lo hizo para procesar el trauma colectivo. El paralelismo con nuestra sociedad actual (marcada por la ecoansiedad, la inestabilidad geopolítica y las crisis de refugiados) es asombrosamente exacto.

Los Moomins y la Navidad: un refugio para quienes no disfrutan las fiestas

libros de los Moomin Mi colección de libros de los Moomin, a los que siempre vuelvo en momentos de bajón.

La Navidad suele venderse como una obligación de luces brillantes, reuniones ruidosas y felicidad empaquetada. Pero para quienes la experimentamos de un modo muy diferente por las razones que sean, esa puesta en escena puede resultar abrumadora. Fue precisamente en una de esas Navidades solitarias cuando entendí el verdadero propósito de mi vida adulta. Recordé cómo las páginas de Tove Jansson, en concreto su cuento de El abeto, me había salvado de niña y decidí que yo quería construir esos mismos refugios para otros.

Por eso escribo cuentos para niños. Cuentos en que los monstruos no lo son tanto, y en que las apariencias engañan. No lo hago para endulzar el mundo ni para dar lecciones morales, sino para replicar esa casa azul de los Moomins: un espacio de papel donde cualquier niño —o cualquier adulto que aún se sienta un bicho raro— pueda entrar sin llamar, refugiarse de la tormenta exterior y sentirse reconfortado. Escribir literatura infantil me ayudó a sanar mis propias Navidades, transformando la soledad en hospitalidad. Al final, Jansson me enseñó que la mejor forma de no sentirse sola en mitad del invierno es encender una pequeña hoguera en forma de historia y esperar a que los demás se acerquen a compartir su calor.

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Fotos | @patriciag.varela |Reino Loppinen

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