Cereese Qusba, la periodista de 22 años que siguió investigando la denuncia de violación en grupo de Cornell cuando a nadie más le importaba

Su investigación y la decisión del periódico universitario de publicar el nombre de los agresores portada viralizaron el caso a nivel mundial

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María Yuste

Editor Senior
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El año que Cereese Qusba se fue de intercambio a Sídney, lo hizo con una historia pendiente de contar. La periodista del periódico universitario 'The Cornell Daily Sun', de 22 años, trabajaba en el caso de una estudiante que había denunciado una agresión sexual en grupo y siguió haciéndolo a miles de kilómetros del campus estadounidense. De hecho, lo hizo durante un total de 23 meses, hasta que el pasado 18 de septiembre se publicó finalmente su reportaje. En él aparecían los nombres de los siete hombres señalados en una demanda que ha reabierto el espeluznante caso del que ahora hablan medios de todo el mundo. 

Para entender la importancia de su compromiso hay que remontarse a octubre de 2024, cuando una estudiante de 20 años acudió a la casa de la fraternidad Chi Phi (en la universidad de Cornell, Nueva York) para encontrarse con un amigo. La joven denuncia que allí, su amigo y otro alumno, la presionaron para consumir ketamina y otras sustancias. Después, siete miembros de la fraternidad la agredieron sexualmente mientras permanecía incapacitada. Durante ese tiempo, los agresores mandaron mensajes al grupo de Snapchat de la organización invitando a otros a unirse, con reclamos como que había "coño gratis en la planta de arriba". 

A11e9d64 E5ee 4291 87c0 0f7ffa932bf2 Sized 1000x1000 Foto incluida en la demanda

La estudiante cuenta que intentó esconderse bajo las sábanas y que su teléfono se había quedado al otro lado de la habitación, sintiendo que no podía escapar. Las agresiones terminaron alrededor de las 5:45 de la mañana. En noviembre de 2024, la joven denunció los hechos ante la policía universitaria y Cornell inició una investigación interna. Al principio, hubo indignación en el campus y hubo estudiantes que lanzaron huevos contra la casa de Chi Phi.

La fraternidad fue suspendida temporalmente y también se impusieron suspensiones temporales a los acusados, pero no se presentaran cargos penales. Con el tiempo, la comunidad pasó a otros asuntos y el interés en lo ocurrido decayó, menos para Qusba. En septiembre de este año, la víctima ha recurrido a la vía civil para reabrir el caso. Aunque para Qusba nunca estuvo cerrado.

Un editorial para que la vergüenza cambie de bando

La propia Qusba estudia en Cornell y siguió pendiente del caso, contactando con la denunciante y su abogado y entrevistando a responsables de la universidad sobre la respuesta disciplinaria. Para ella, investigar implicaba examinar su entorno más cercano. Este no es un detalle menor pues la propia víctima contó en el artículo cómo el dolor de la agresión se había agravado con la respuesta de la comunidad estudiantil:

"Lo que viví ya era devastador, pero ese dolor se agravó al ser criticada y marginada justo cuando más necesitaba compasión, apoyo y cariño", afirma.  

Tres días después de la publicación del primer reportaje, 'The Cornell Daily Sun' decidió posicionarse de forma más contundente con el editorial "Cornell Won't, We Will", (Cornell no lo hará; nosotras sí) destacando en portada los nombres de los siete demandados: Matthew Ingalls, Jonathan Newell, Winston Lee, Gillio Lopes, Diego Sarabia, Scott Norris y Scott Kretzschmar. Una decisión editorial muy consciente que buscaba dejar bien claro dónde debía ponerse la atención dentro del caso.

El texto, además, reclamaba explicaciones a la universidad con respecto a los criterios para levantar suspensiones a alumnos y sobre la información proporcionada a la denunciante. También confrontaba a Cornell con su promesa fallida de ofrecer un entorno seguro para estudiar. En lugar de cuestionar a la víctima, había llegado el momento de que situara en primer plano a los hombres señalados y a la institución que había manejado de forma laxa la denuncia. 

Por ahora, la Fiscalía del condado de Tompkins ha reabierto la investigación penal, y las autoridades de Nueva York han anunciado revisiones de la actuación de Cornell. Todo gracias, en parte, a Qusba y a sus compañeras del periódico, que han llevado al debate público una denuncia que necesita respuestas y justicia. 

Foto de portada | LBM1948 y  Varsha Bhargava / The Cornell Daily Sun

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