Arthur Schopenhauer, filósofo: “Envidiar es tonto porque nadie es realmente digno de envidia”

Si la felicidad solo es un momento en que el sufrimiento se apaga, ¿cómo podemos envidiar la felicidad ajena cuando sólo es una ilusión?

La Envidia Segun Schopenhauer
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Anabel Palomares

Editor

Desde hace un tiempo he descubierto que soy una especie de voyeur de la vida de otros. No me excito con ello, solo siento una envidia que me come por dentro porque su vida y la mía no se parecen en absoluto. Veo mujeres con preciosos salones detrás de ellas hablando a cámara con seguridad. Yo ni tengo una casa preciosa ni soy capaz de mirar a cámara con seguridad. Veo parejas que parecen vivir en una luna de miel constante en la que no falta la complicidad, las risas y el amor. Yo ni siquiera tengo pareja. Y así, con todo. Quizá por ser la que mira, la frase de Arthur Schopenhauer parece ir directa a mi corazón: “Envidiar es tonto porque nadie es realmente digno de envidia”.

La frase aparece en ‘Aforismos sobre la sabiduría de la vida', publicados en 1851 dentro de su obra ‘Parerga y Paralipómena’. Han pasado 180 años y la verdad, no podría ser más vigente. Más del 70% de los adultos en España supera el tiempo recomendado de uso de redes sociales a diario según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), y tal y como explica el Dr. Jesús Porta-Etessam, Presidente de SEN, el abuso de redes sociales “incrementa significativamente el riesgo de problemas mentales como la ansiedad, la depresión y la soledad”. Parte de esos problemas vienen de cuánto nos comparamos con otros.

Nos contaba la psicóloga clínica Marina Mammoliti que en las consultas de psicología “es casi una constante escuchar que X persona hizo X cosa y por eso yo me siento mal, desentendiendo que cada camino es único e inigualable". Esa dinámica se ha disparado con las redes sociales. Casi dos siglos atrás, Schopenhauer ya analizaba la envidia en base a su propia idea de la naturaleza negativa de la felicidad. 

La felicidad solo es un momento en el que no hay sufrimiento

Para comprender por qué considera la envidia como un error de juicio, es necesario entender su visión de la existencia humana. Schopenhauer asegura que la vida es dolor, como en la película de ‘La princesa prometida’, en la que Westley aseguraba a Buttercup que “la vida es dolor, alteza; quien diga lo contrario está vendiendo algo”. Algo similar aseguraba el filósofo cuando decía que “toda satisfacción, o lo que comúnmente se llama felicidad, es en realidad y esencialmente siempre negativa y nunca positiva”. 

Según la filosofía schopenhaueriana, la vida está movida por un anhelo insaciable que genera dolor y aburrimiento, y la felicidad es meramente negativa porque no constituye un placer positivo duradero, sino el cese momentáneo de un deseo previo o del dolor. Si asumimos esto como un axioma, y pensamos que la existencia de todo ser humano está inevitablemente marcada por la insatisfacción y la vulnerabilidad, nadie posee una dicha absoluta que merezca ser envidiada. Es decir, no podemos envidiar a otros porque dado que el sufrimiento y la insatisfacción forman parte intrínseca de la condición humana, esa supuesta felicidad que vemos en los demás es solo una fachada o una ilusión superficial.

Lo que eres frente a lo que representas

No es que tengamos que pensar que todas somos unas desgraciadas a pesar de que se muestre en redes, sino más bien entender que lo que vemos en las redes sociales no es más que una ilusión, lo que otra persona quiere que veamos. Si lo piensas bien, lo normal es que publiquemos aquellas cosas que nos hacen felices y evitemos contarle al mundo en un post de Instagram que estamos en la mierda porque acabamos de romper con nuestra pareja, nos hemos quedado en el paro o nos cuesta pagar el alquiler. 

Romantizamos nuestra vida y publicamos solo aquello que es aesthetic. Ocultamos la pena y según Schopenhauer, cuanto mayor es el vacío o el descontento interior, mayor suele ser ese empeño en mostrar brillo para proyectar una imagen de éxito ante otros. Piensa en esa amiga que no para de subir historias a Instagram diciendo que la vida es maravillosa, pero que a las 10 de la noche te llama llorando porque echa de menos a su ex. En redes sociales enseñamos aquello que queremos que otros vean, y lo hacemos por pura vanidad. 

“La envidia es algo natural en el ser humano; y, sin embargo, es a la vez un vicio y una fuente de infelicidad. Debemos tratarla como al enemigo de nuestra felicidad y sofocarla como a un pensamiento maligno”, escribía Schopenhauer, recordando que eso mismo recomendaba Séneca cuando decía que “jamás será feliz aquel a quien torture ver a otro más feliz” y que “si te parece que hay mucha gente en mejor situación que tú, piensa en cuántos hay en peor situación”. Lo que el refranero español traduce como mal de muchos consuelo de tontos, pero según el filósofo alemán, lo más humano.

“Es un hecho que, si nos sobreviene una verdadera calamidad, el consuelo más eficaz, aunque brote de la misma fuente que la envidia, es precisamente el pensamiento de desgracias mayores que las nuestras; y el siguiente mejor consuelo es la compañía de quienes corren la misma suerte que nosotros, los compañeros de nuestras penas”.

El alemán aseguraba que “se diga lo que se diga, el momento más feliz del hombre feliz es aquel en que se duerme, y el más infeliz del infeliz, aquel en que se despierta”. Y para él, “una prueba indirecta, pero cierta, de que los hombres se sienten infelices nos la proporciona la terrible envidia que habita en todos nosotros [...]. Como se sienten infelices, los hombres no pueden soportar la visión de alguien a quien imaginan feliz”. 

Pero recuerda que, según Schopenhauer, nadie es en realidad tan feliz como te hacen creer sus redes sociales. Solo son destellos de felicidad en una vida como la tuya.

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Fotos | Wikimedia Commons, Maksim Istomin en Unsplash, Foto de Marco Bianchetti en Unsplash

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