Por mucho tiempo hemos pensado que el burnout ha sido resultado de trabajar demasiado: jornadas interminables, presión constante y falta de descanso aparecen siempre como las causas evidentes del agotamiento laboral. Sin embargo, cada vez más expertos señalan que el problema es bastante más complejo. En muchos casos, el verdadero origen del desgaste no es el exceso de trabajo, sino la persecución de una idea de éxito que ya no tiene sentido para la persona que la está viviendo.
El fenómeno es especialmente visible entre profesionales de alto rendimiento, estas personas, acostumbradas a cumplir objetivos, escalar posiciones y asumir cada vez más responsabilidad tienen la pinta que todo les funciona: sus carreras avanzan, reciben reconocimiento y acumulan logros. Pero internamente aparece una sensación extraña: el éxito que persiguen deja de resultar satisfactorio.
En psicología laboral este fenómeno suele relacionarse con el burnout o síndrome de desgaste profesional. Sin embargo, algunos especialistas señalan que detrás de muchos casos de agotamiento hay algo más profundo, y el problema aparece cuando la definición de éxito que una persona persigue fue diseñada para una etapa anterior de su vida.
Esto quizá responde a expectativas familiares, a presiones sociales o a la cultura corporativa en la que comenzó su carrera, así, con el tiempo las prioridades cambian, pero la brújula que marca el camino profesional permanece congelada, de ahí que se genere una tensión silenciosa: el profesional sigue esforzándose por alcanzar metas que ya no le entusiasman y continúa trabajando para obtener reconocimiento que ya no necesita o ascensos que en realidad no le motivan tanto como antes.
Desde fuera parece ambición, pero por dentro empieza a sentirse como una especie de carrera sin sentido.
La motivación siempre es importante
Diversos estudios sobre bienestar laboral han demostrado que la motivación intrínseca es uno de los factores más importantes para evitar el desgaste profesional. Cuando el trabajo conecta con los valores personales, el esfuerzo se percibe como algo energizante, y cuando no existe esa conexión, incluso los logros pueden resultar vacíos.
Por eso, algunos expertos en desarrollo profesional proponen una idea sencilla pero incómoda: muchas personas no están quemadas por trabajar demasiado, sino por trabajar para una versión antigua de sí mismas. Como ejemplo: la carrera profesional que eligieron a los veinte años quizá ya no encaja con la persona que son a los cuarenta.
El primer paso para romper ese círculo consiste en revisar qué significa realmente el éxito. No se trata de abandonar la ambición ni de tirar por la borda todo lo construido, sino de actualizar la definición para que refleje quién es uno ahora mismo y no quién era al empezar su carrera ni lo que otros esperan que valore.
Foto de Francisco De Legarreta C. en Unsplash
Al plantearse esa revisión aparecen preguntas incómodas que terminan revelando algo importante: muchas personas descubren que el éxito ya no consiste únicamente en ascender o ganar más dinero, sino que empieza a tener más peso el tipo de impacto que dejan en otros, el ambiente que crean en sus equipos o la sensación de que su trabajo tiene un propósito más amplio.
Para algunos profesionales esto significa encontrar un sentido diferente dentro de su mismo puesto, incluso algunos directivos que descubren que lo que realmente les motiva no es el siguiente ascenso, sino construir equipos sólidos y ayudar a otros a crecer reenfocando su energía hacia ese objetivo, recuperando una motivación que creían perdida.
En otros casos, redefinir el éxito lleva a decisiones profesionales inesperadas: algunos ejecutivos abandonan carreras vertiginosas en startups para asumir roles donde pueden liderar con más autonomía o coherencia con sus valores, una decisión que, para muchos, puede parecer un paso atrás, pero para ellos supone recuperar el control de su trayectoria.
La clave está en que la ambición no desaparece cuando se revisa la idea de éxito. Simplemente cambia de forma, se vuelve más concreta, más alineada con los valores personales y, sobre todo, mucho más sostenible en el tiempo.
En ese contexto, el agotamiento laboral se interpreta de otra manera porque no siempre significa que una persona esté trabajando demasiado. A veces significa que ha crecido más rápido que la idea de éxito que la estaba guiando. Y cuando esa brújula se actualiza, muchas carreras profesionales encuentran una energía completamente nueva.
Foto de Vitaly Gariev en Unsplash
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