La masculinidad moderna también contamina: la manosfera de internet y sus influencers están dañando el planeta

Discursos machistas y misóginos inundan internet contra el cambio climático

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Joel Calata

Editor

La masculinidad moderna ya no es solo un desafío en las relaciones de pareja o un factor que influye en el impacto de la salud mental entre los hombres: también tiene implicaciones directas para la lucha contra el cambio climático.

Recientes investigaciones demuestran que ciertos modelos tradicionales de masculinidad, vinculados a estilos de vida consumistas y anti‑ambientales, están obstaculizando la acción climática, por lo que cambiar esas narrativas abre no solo una vía para la justicia de género, sino también una oportunidad para proteger el planeta.


Un estudio del Newcastle University y otros colaboradores analiza la noción de "masculinidades ecológicas", señalando cómo la cultura de la "manosfera" (espacios en línea donde se exaltan actitudes misóginas y consumistas) promueve un rechazo visible a la preocupación ambiental.

Ejemplos como figuras públicas jactándose de su consumo extremo de coches o jets privados ilustran esta conexión entre las identidades tradicionales de hombres que, indirectamente, comparten con otros una visión anti-ecológica.

En Inglaterra se ha llevado a cabo el proyecto Birds, Bees, Bikes and Trees, que busca marcar un cambio en la narrativa y el vínculo de los hombres con el planeta: a través de actividades como plantar árboles, cuidar colmenas y reparar bicicletas, jóvenes de entornos desfavorecidos han encontrado un nuevo propósito, una fuente de empleo y, sobre todo, una nueva forma de ver la masculinidad en cuidado del medio ambiente.

Estos hombres, que no cumplen con estereotipos aspiracionales de consumo porque no poseen coche, tienen pocas vacaciones en el extranjero y consumen localmente, están demostrando que el cuidado ambiental no solo es compatible con la masculinidad, sino que puede redefinirla

La toxicidad de internet llega a la atmósfera

Un análisis realizado por BusinessGreen destaca que personajes prominentes de la manosfera mezclan misoginia con comentarios anti‑ecológicos, alimentando una visión donde el cuidado del planeta se considera un estilo de vida débil o femenino.

Influencers como Andrew Tate (procesado por abuso sexual) y otros más han sido protagonistas en redes sociales de este movimiento, identificados como promotores de ideas que vinculan la política ecológica con amenazas al orgullo masculino, sin embargo, detrás de esto, existe una estrategia de ciertos sectores (como la industria de combustibles fósiles) que aprovechan estas narrativas, retratando las políticas verdes como elitistas y contrarias a la dignidad del trabajador y la identidad masculina tradicional.

Este rechazo cultural al cuidado ecológico se refuerza en plataformas digitales: mensajes que representan la preocupación medioambiental como una debilidad emocional o femenina se viralizan, mientras que la dureza emocional o el rechazo se celebran como fortalezas, un discurso que genera un efecto disuasorio entre hombres jóvenes, especialmente de la generación Z, dificultando su incorporación al activismo climático.

La masculinidad moderna se revela como un problema ambiental porque muchas de sus expresiones se arraigan en consumismo, dominación y rechazo al cuidado, por lo que impulsar masculinidades más empáticas y orientadas al cuidado del entorno puede ser una pieza clave para enfrentar la crisis ecológica con justicia y responsabilidad compartida. 

Foto de Badreddine Farhi en Unsplash

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