Hay momentos en los que una fragancia consigue dividir al personal, despertar comentarios pasionales y, sobre todo, hacer que hasta los más escépticos levanten la ceja. No sucede tan a menudo como parece; el mercado está saturado y las novedades pasan volando. Pero de vez en cuando aparece un perfume que obliga a parar, a oler con calma y a admitir que quizá estamos ante algo que no encaja en lo de siempre.
Eso es exactamente lo que ha pasado con Le Sel d’Issey, la creación de Quentin Bisch, una de las narices más inspiradas y atrevidas de la perfumería actual. El perfumista, conocido por su habilidad para mover los códigos clásicos de sitio sin romperlos del todo, ha construido una fragancia acuática amaderada que ha sorprendido incluso a quienes pensaban que ya lo habían olido todo.
Más de un aficionado, tanto en redes como en círculos especializados, ha soltado lo mismo al probarla: "esto es una obra de arte". Y no como frase hecha, sino con esa mezcla de sorpresa y entusiasmo que aparece cuando algo te desmonta el esquema mental.
@chexuall Le Sel d'Issey (2024), tremenda joyita de Quentin Bisch que te llena de algas y hace que te piquen los ojos y se te seque el salitre en la piel. Lo que yo quería.
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Bisch ha jugado con lo marino sin caer en los clichés de siempre. En lugar del típico aroma limpito de resort y piel bronceada, ha apostado por un tipo de salinidad más cruda, casi mineral, que recuerda a la brisa que golpea fuerte en un acantilado, no al agua tranquila de la piscina del hotel. Esa sensación salada se mezcla después con un cuerpo amaderado que entra con calma, sin imponerse, como si la madera hubiese absorbido el propio salitre del mar. El resultado es una fragancia que avanza y retrocede como una marea: a ratos fresca, a ratos seca, siempre con un punto desafiante.
Quien se acerque esperando un aroma fácil se va a llevar una sorpresa. Le Sel d’Issey no busca complacer sin más; quiere provocar, crear momentos, quedarse en la piel como un recuerdo muy concreto. Y ahí está parte de su encanto.
Es un perfume que se mueve entre lo elegante y lo salvaje, como si Bisch hubiese querido capturar esa sensación de estar frente al mar y sentir que algo te devuelve la mirada. Esa mezcla de calma y poderío es la que lo convierte en uno de los lanzamientos más comentados del año.
Issey Miyake, una casa acostumbrada a romper moldes desde los años noventa, vuelve con este lanzamiento a reivindicar ese espíritu rebelde y experimental que siempre tuvo la marca. Y lo hace de la mano de un perfumista que está en su mejor momento, capaz de combinar técnica y emoción en un mismo frasco.
Puede que no sea un perfume para todo el mundo, pero desde luego sí es uno de esos que vale la pena probar con mente abierta. Porque, como ya dicen muchos, y no sin razón, Le Sel D'Issey no es sólo un perfume: es un gesto artístico que puedes encontrar por 48,95 euros.
Fotos de Issey Miyake Parfums |
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