'Backrooms' me ha demostrado que el verdadero terror no está en un laberinto, sino en los hombres que se quedan allí buscando respuestas

Mucho más que terror atmosférico: un retrato preciso de cómo ciertos hombres encuentran en los espacios más oscuros una razón para no volver

Backrooms Me Ha Demostrado Que El Verdadero Terror No Esta En Un Laberinto Sino En Los Hombres Que Se Quedan Alli Buscando Respuestas
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Joel Calata

Editor

Recientemente hemos visto que muchos éxitos nacidos de internet han dado el salto a la gran pantalla: desde juegos de video hasta series nacidas en YouTube. Sin embargo, el fenómeno de los 'Backrooms' llegó para establecer un nuevo nivel de fascinación con la nueva película de A24, dirigida por el joven Kane Parsons que nos presenta la vida de un vendedor de muebles divorciado y amargado que descubre un portal hacia una dimensión extradimensional de pasillos interminables.

Sin embargo, lo que hace a la película especialmente inquietante no son las criaturas que habitan ese tenebroso espacio liminal, sino la decisión de Clark de quedarse allí libremente, porque en los Backrooms, un hombre fracasado encuentra lo que el mundo real le negó: propósito, pertenencia y la ilusión de control.

Alerta de spoilers

El propio Clark lo enuncia con una claridad perturbadora: "Me gusta aquí. Por primera vez en mucho tiempo siento que estoy exactamente donde debo estar.", una frase que no es simplemente la revelación de un personaje que ha enloquecido, sino que se puede percibir como la confesión de alguien que ha encontrado en un espacio sin reglas ni consecuencias: una coartada perfecta para sus fracasos. 

Como vemos desde el inicio de la película, Clark va a terapia intentando comprender qué está mal en él, pues un conflicto en su matrimonio lo hizo darse cuenta de que aleja a cualquier persona que intenta establecer una relación cercana, convirtiendo los Backrooms en un refugio voluntario: un lugar donde nadie le exige que cambie.

El eco digital de un hombre atrapado

Es aquí donde la película se puede leer como una alegoría precisa de un fenómeno contemporáneo que ocurre no en dimensiones paralelas sino en foros y cuentas de TikTok. Desde la sociología, el auge de comunidades digitales como la manosfera es síntoma de una crisis en la masculinidad tradicional: en un mundo donde los roles de género evolucionan, muchos hombres experimentan una sensación de pérdida de estatus, y esos espacios llenan ese vacío con narrativas de pertenencia y supremacía moral.

Clark, con su divorcio, su negocio en quiebra y su arquitectura nunca realizada, es exactamente el perfil que estos ecosistemas digitales saben detectar y reclutar: si bien la manosfera agrupa espacios que mezclan consejos sobre dinero, relaciones y estilo de vida para promover ideas tradicionales sobre masculinidad, del mismo modo los Backrooms le ofrecen a Clark un sistema de reglas propio donde él puede ser, por fin, el hombre valiente que nunca fue.

Backrooms Me Ha Demostrado Que El Verdadero Terror No Esta En Un Laberinto Sino En Los Hombres Que Se Quedan Alli Buscando Respuestas

Incluso el monstruo que eventualmente mata a Clark puede ser una representación de los peores aspectos de su personalidad: su estancamiento emocional, su negación de la realidad y su incapacidad para asumir responsabilidades

Y es aquí donde la película es lo suficientemente honesta para mostrar que la destrucción que Clark ha estado acumulando no puede redirigirse infinitamente hacia afuera. La escena final desmonta la fantasía de la autoaceptación tóxica: las cosas no se arreglan aceptándose a uno mismo como justificación: abrazando su parte destructiva pensando que eso es libertad, lo que hace es aceptar que es un monstruo sin reparos, y la única salida lógica para alguien que solo acepta destrucción es un final destructivo.

Lo que 'Backrooms' logra con una eficiencia poco común es convertir la estética de lo liminal que internet celebró como meme de la ansiedad colectiva, en una metáfora de los callejones ideológicos en los que algunos hombres deciden instalarse y cuyo verdadero horror no está en las criaturas que acechan en los pasillos, sino en la oportunidad de salir e ignorarla.

Fotos de A24

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