Investigamos la efectividad del movimiento 'Lunes sin carne', la alternativa flexitariana al veganismo que se ha puesto de moda

Investigamos la efectividad del movimiento 'Lunes sin carne', la alternativa flexitariana al veganismo que se ha puesto de moda
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Hay algo en lo que nutricionistas y científicos ambientales coinciden y es en que nuestra dieta contiene más alimentos de origen animal de los recomendados. Aunque sus argumentos son distintos, todos tienen importantes consecuencias en el futuro del Planeta y en nuestra calidad de vida. Es por ello que en las últimas décadas han proliferado iniciativas como Lunes sin carne (o Meat Free Mondays), un movimiento internacional que busca promover la reducción del consumo de alimentos de origen animal retándonos a no consumirlos durante un día entero a la semana. Te contamos en qué consiste en detalle y qué opinan los expertos al respecto.

En el pueblo de los Países bajos en el que vive la dietista nutricionista Raquel Bernácer no existe el concepto de comercio de proximidad así que, cuando se mudó allí en 2014, empezó a comprar menos carne y a consumir más vegetales para evitar la mala calidad del género y los embalajes de plástico del supermercado. Así fue como llegó al movimiento y descubrió "la riqueza gastronómica de las recetas basadas en vegetales", nos cuenta al teléfono.

Ahora es flexitariana, que significa que un 80% de lo que come es vegetal y el 20% restante se compone de huevos, lácteos y algún plato puntual de carne o pescado. Lo hace siendo consciente de lo que implica e intentando que sean alimentos de producción local y procedentes de animales que vivan lo más en libertad posible. Aunque sin olvidarse de disfrutar el momento.

En España se consume de media 400 gramos de carne de más a la semana

Con el mismo nombre que la campaña ha titulado su libro Lunes sin carne (Vergara, 2021) con consejos y recetas para iniciarse en el vegetarianismo o en el reduccionismo, "según hasta dónde esté cada uno dispuesto a llegar", tal y como afirma. Opina que, "desde el punto de vista nutricional. la carne es muy interesante" así que no está en contra de ella sino "del consumo abusivo que realizamos en la cultura occidental".

Ese exceso, en el caso de un ciudadano español, se ha cuantificado en 400 gramos de media a la semana, nos dice la experta. "Hay personas que la consumen en la comida y en la cena cada día y eso desplaza el consumo de otros alimentos". Lo de prescindir de los animales una vez a la semana, ella lo ve como una puerta de entrada hacia una alimentación más saludable y sostenible. Una manera de ir descubriendo nuevas recetas y nuevas formas de comer alimentos de origen vegetal. "No sabemos cómo cocinarlos así que pensamos que es aburrido y no se nos ocurre nada más allá de lo básico". Si decidimos hacerlo el lunes o el martes es lo de menos, asegura.

Gareth Hubbard Qpcsuerqbac Unsplash

Cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad

La OMS reconoce que "comer carne tiene beneficios para la salud". Sin embargo, también apunta que "muchas de las recomendaciones nacionales de salud aconsejan a las personas limitar el consumo de carne procesada y carne roja, que está vinculado a un mayor riesgo de muerte por enfermedades del corazón, diabetes y otras patologías". Más motivos serían reducir el consumo de grasa y sodio, que son factores de riesgo para las enfermedades cardiovasculares y la obesidad.

Por otro lado, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer es una organización que evalúa la evidencia disponible sobre las causas de esta enfermedad y que también ha apoyado la recomendación de 2002 de la OMS de moderar el consumo de carne roja y procesada para reducir el riesgo de cáncer colorrectal. Aunque apunta que los riesgos de cáncer asociados con la ingesta de aves de corral y pescado no han sido evaluados.

La OMS recomienda limitar el consumo de carne procesada y carne roja

Para la nutricionista, esta concepción de que una comida ha de incluir carne para ser completa es un tema cultural histórico: "Hace unos siglos, era un alimento destinado a las clases más altas y las clases más pobres se alimentaban a base de vegetales. Estas familias solían tener un animal que criaban, sacrificaban y preservaban la carne para alimentarse durante el invierno".

Con el sistema de producción masiva actual, tenemos al alcance de todos un producto que se consideraba de lujo. "Esto todavía está en la memoria colectiva", argumenta la dietista. También tendemos a relacionar casi exclusivamente las proteínas con la carne pero no es el único alimento que nos las aporta. La experta recuerda que, por ejemplo, tenemos las legumbres que "las consumimos en muy poquita cantidad y tienen mucho menor impacto medioambiental. Se trata de consumir un poco menos de uno y un poco más de lo otro".

También es importante recordar que el hecho de que una comida sea vegetariana no es sinónimo de que sea saludable. Para Bernácer es muy importante que entendamos el concepto de salud del movimiento. Y es que, "con el boom de los últimos años, la industria ha visto que cada vez hay más personas interesadas en este tipo de alimentación y es por eso que han aflorado los alimentos ultraprocesados veganos como helados, postres, pizza...".

Origen y expansión de los lunes vegetarianos

Tal vez, esto no te lo esperes pero el movimiento tiene un origen bélico. Durante la Primera Guerra Mundial, en Estados Unidos, más de 13 millones de familias redujeron el consumo de algunos alimentos básicos para que se destinaran a las tropas que estaban en el frente. A esto se le llamó Lunes sin carne y Miércoles sin trigo.

Roosvelt recuperó la campaña durante la Segunda Guerra Mundial pero el concepto volvió después a quedar olvidado hasta 2003, cuando un antiguo publicista lo recuperó y lo reintrodujo con ayuda de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins para concienciar sobre las enfermedades prevenibles asociadas a un consumo excesivo de carne y del impacto de la ganadería industrial en el medio ambiente.

Desde entonces, el movimiento ha ido creciendo y expandiéndose por países y redes sociales hasta llegar a empresas, escuelas, hospitales, restaurantes y otras instituciones. En Bélgica, por ejemplo, ciudades como Brujas o Gante se han sumado implantando menús sin carne en los centros escolares y lo mismo ocurre ya en todas las escuelas públicas de Nueva York.

Lunes sin carne: Consejos y recetas para cuidar de tu alimentación y del planeta (Libro práctico)

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En España, el segundo país de Europa con mayor consumo de carne, según datos de Greenpeace, no existe todavía ningún municipio que se haya adherido a la campaña. El año pasado, mediante una moción al Ayuntamiento de la localidad, Unidas por Collado Villaba propuso que se declararan los lunes como día sin carne en el municipio. De este modo las cafeterías y restaurantes del consistorio, así como las que están en espacios públicos municipales, no habrían podido servirla el primer día de la semana para concienciar sobre las consecuencias.

No obstante, la moción fue rechazada con los votos en contra del PP, Vox y Ciudadanos y la abstención de Más Madrid. Mientras que el Partido Popular en la Comunidad de Madrid denunció que la propuesta atentaba contra la libertad de las personas y que las enfermedades coronarias estaban "relacionadas a las grasas trans, que están en los bollos, las patatas fritas… no en la carne del Guadarrama" (algo que no se ajusta del todo a la realidad, como hemos explicado antes). Por su parte, Vox lo calificó de "despropósito e insulto a la ciudadanía" y el debate, por supuesto, saltó a las redes.

Gases de efecto invernadero y deforestación

Jonathan Safran Foer, respaldado por datos, estudios y la opinión de científicos expertos en la materia defendió en su libro Podemos salvar el mundo antes de cenar (Seix Barral, 2019) que "cambiar nuestros hábitos alimenticios no será suficiente, por sí solo, para salvar el planeta, pero no podremos salvar el planeta sin cambiar nuestros hábitos alimenticios".

Según el estudio The global impacts of food production de 2018, el 25% de la producción de gases de efecto invernadero proviene de la industria alimentaria. Eso es una cuarta parte de las generadas por todos los sectores. De este cuarto de las emisiones, un 58% corresponde a la generación de productos animales, y a su vez, un 50% de las mismas corresponde con la producción de carne de ternera y cordero. Además, el 80% de la deforestación mundial es resultado de la expansión agrícola, y la mayor parte se destina a alimentar animales en lugar de personas.

Los lunes sin carne reducirían en un 12% la huella de carbono por persona

Por otro lado, se ha calculado que el efecto de pasar un solo día a la semana sin comer carne contaminaría menos que un día a la semana yendo en bicicleta al trabajo y es que reduciría en un 12% la huella de carbono por persona. En el año 2010, la FAO definió el concepto de "dieta sostenible" como "aquellas dietas con un bajo impacto medioambiental que contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional, así como a una vida saludable para las generaciones presentes y futuras".

Es decir, de poco serviría seguir a ciegas una iniciativa como los lunes sin carne sin informarnos ni plantearnos activamente de dónde viene lo que comemos. Y es que la huella de carbono de un filete de ternera local podría ser menor que el de un aguacate importado de Ecuador, una naranja traída desde China o unas fresas cultivadas fuera de temporada. Para el cálculo global de la huella de carbono hay que tener en cuenta el conjunto de emisiones generadas desde el momento en que el alimento es producido, hasta que llega a nuestros platos, a veces habiendo viajado más lejos que nosotros en nuestra vida.

Anna Pelzer Igfigp5onv0 Unsplash

Podría decirse que Safran Foer forma parte de este movimiento a su propia manera. Es vegetariano desde hace más de diez años y se reserva exclusivamente para la última comida del día el consumo de huevos y lácteos. Cuando lo entrevistamos en Barcelona con motivo de la publicación de su ensayo, nos contó que hasta conseguirlo lo intentó muchas veces y que lo único que realmente le hizo cambiar fue tener un plan. En él, además de pautas referentes a la alimentación, incluye otros aspectos como no coger más de tres taxis a la semana o no viajar en avión en sus vacaciones.

Industrias como la del transporte o la de la energía también contaminan mucho pero, como apunta Bernácer, "tenemos alternativas para que contaminen menos: energías renovables, viajar en tren en vez de en avion, etc. Sin embargo, tenemos que seguir produciendo alimentos porque la población tiene que seguir comiendo. Podemos escoger comer una hamburguesa de ternera, para cuya producción se han necesitado los mismos litros de agua potable que tu puedes beber en cuatro años, o puedes comerte otra hecha con garbanzos, para la que se ha necesitado mucha menos agua".

Tenemos alternativas para que otras industrias contaminen menos pero vamos a tener que seguir produciendo alimentos

Y es que considera que, en el tema del medio ambiente, todos tenemos nuestro papel. Así, mientras que la ciencia y la tecnología tiene que ir avanzando para mejorar los procesos tecnológicos y de producción para hacer más eficiente la industria alimentaria, "nosotros como consumidores también podemos hacer para que el impacto de esa industria sea menor. Si se produce tanta carne es porque se consume en esas cantidades".

Para los que ya no quieran comprar carne el lunes de la semana que viene, la expertas nos dice que "el primer paso es tan sencillo como comprar un bote de legumbres cocidas. Solamente lo abres, las enjuagas y te preparas un sofrito con un poco de verdura y especias". Hazlo poco a poco, "sin estresarte porque estos procesos requieren un tiempo".

Fotos | Unsplash

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